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Afirma CIA que caso de 'hackeos' rusos se sostiene con evidencias

The New York Times | Lunes 12 Diciembre 2016 | 13:24 hrs

The New York Times |

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Washington— Las agencias estadounidenses de espionaje y Policía coinciden en la creencia de que, en las semanas previas a las elecciones presidenciales, el Gobierno ruso desplegó a piratas informáticos para sembrar el caos durante la campaña. Pero tenían puntos de vista contradictorios sobre los objetivos específicos del hecho.

La semana pasada, los funcionarios de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) presentaron a los legisladores con un nuevo juicio sorprendente que alteró el debate: Rusia, dijeron, intervino con el objetivo principal de ayudar a Donald J. Trump a convertirse en presidente.

La conclusión de la CIA no parece ser el resultado de una nueva inteligencia específica obtenida desde la elección, dijeron este domingo varios funcionarios estadounidenses, entre ellos algunos que habían leído la información de la agencia. Más bien, fue un análisis de lo que muchos creen que es una abrumadora evidencia circunstancial –la cual, piensan otros, no apoya juicios firmes– de que los rusos pusieron un peldaño en la escalera para Trump, y obtuvieron el resultado deseado.

No está claro por qué la CIA no hizo esta evaluación formal antes de la elección, aunque varios funcionarios dijeron que partes de ella habían sido puestas a disposición del presidente Obama en la sesión informativa diaria, semanas antes de la votación. Pero la conclusión de que Moscú dirigió una operación para ayudar a “instalar” al próximo presidente es uno de los análisis más consecuentes de las agencias de espionaje estadounidenses en años.

La respuesta de Trump ha sido descalificar los reportes citando otra famosa evaluación de inteligencia —la precipitada conclusión presentada en el 2002 de que el líder iraquí, Saddam Hussein, tenía armas de destrucción masiva– y haciendo quedar a los espías estadounidenses como torpes y prejuiciados.

“Creo que es ridículo. Creo que se trata de un pretexto más. No lo creo”, dijo el domingo Trump en entrevista con Fox News. Varios congresistas republicanos de alto nivel han manifestado lo mismo, si bien con expresiones menos grandilocuentes, argumentando no haber pruebas claras de que los rusos intentaran amañar las elecciones a favor de Trump.

Pero existe un fuerte coro de voces bipartidistas, entre ellas las del senador republicano por Arizona John McCain, que han acusado en público a los rusos de interferir en las elecciones.

El representante californiano Adam N. Schiff, el demócrata de mayor rango en el Comité de Inteligencia del Senado, señaló que tan sólo la evidencia pública dejó claro que Moscú había intervenido a efecto de ayudar al “candidato más evidentemente prorruso en la historia”.

“Si los rusos fueran a interferir, ¿por qué diablos lo harían en perjuicio del candidato que estaba a favor de Rusia?”, preguntó Schiff.

La disputa alcanza las realidades fundamentales sobre el análisis de la inteligencia. A menudo se emiten juicios en una neblina de incertidumbre, en ocasiones se basan en reunir fragmentos de un mosaico que no revela toda la imagen, y las inclinaciones humanas siempre pueden afectarlas.

“Por eso aborrezco la expresión ‘le hablamos al poder con la verdad”, dijo Mark M. Lowenthal, exanalista de la CIA. “No tenemos la verdad. Tenemos ideas muy buenas”.

Lowenthal indicó que determinar los móviles de los líderes extranjeros —en este caso, lo que motivó al presidente ruso Vladimir V. Putin a ordenar el hackeo— constituía una de las misiones más importantes para los analistas de la CIA. En el 2002 una de las fallas cruciales de las instancias estadounidenses de espionaje fue su incapacidad de comprender los objetivos y motivos de Saddan Hussein.

Al mismo tiempo, agregó Lowenthal, las agencias de inteligencia siempre han estado renuentes a que se considere que toman bandos en las disputas en torno a la política estadounidense.

Tanto funcionarios de inteligencia como policiacos coinciden en la existencia de numerosas evidencias circunstanciales que sugieren que el principal propósito del hackeo ruso era ayudar a Trump y perjudicar a la contrincante de éste, Hillary Clinton.

En julio, la infiltración en los servidores computacionales del Comité Nacional Demócrata generó e-mails vergonzosos y otros documentos internos del partido, cuya publicación provocó una indignación que dio pie a la renuncia de la directora del comité, Debbie Wasserman Schultz, y de sus colaboradores de primer nivel. Semanas antes de las elecciones, se divulgaron e-mails hackeados de la cuenta de John D. Podesta, el director de la campaña de Clinton y numerosas historias acerca de la dinámica interna de la campaña. Tras el hackeo también se dio a conocer el texto de los discursos que Clinton había dado en los bancos de Wall Street.

Funcionarios estadounidenses de inteligencia creen que Rusia penetró asimismo en las bases de datos con la información del Comité Nacional Republicano, pero sólo decidieron divulgar los documentos demócratas. El comité ha negado que lo hayan hackeado.

Más allá de los objetivos específicos de las filtraciones, funcionarios federales citan el amplia evidencia de que Putin y el gobierno ruso favorecieron a Trump por encima de Clinton.

Después de que en el 2011 en Moscú unos manifestantes coreaban “Putin es un ladrón” y “Rusia sin Putin”, Putin acusó públicamente a Clinton, en ese entonces secretaria de Estado, de instigar las protestas. “Ella sentó el tono a algunos actores de nuestro país y les dio la señal”, dijo Putin.

De manera más general, el gobierno ruso ha culpado a Clinton, lo mismo que a la CIA y a otros funcionarios estadounidenses, de alentar las revueltas atirrusas durante la Revolución Rosa del 2003 en Georgia y la Revolución Naranja de Ucrania en el 2004. Lo que los estadounidenses consideraron una promoción legítima de la democracia a Putin le pareció una intromisión injustificada en la esfera geográfica de los intereses rusos, como Estados Unidos alguna vez vio la incursión soviética en Cuba.

En cambio, Trump y Putin han manifestado de forma muy pública su mutua admiración. En diciembre del 2015, el presiente ruso calificó a Trump como “muy pintoresco” —usando una palabra rusa que Trump y varios medios informativos tradujeron erróneamente como “brillante”— así como “talentoso” y “definitivamente el líder en la contienda presidencial”. Trump se refirió a Putin como “un líder fuerte” y lo complació aun más al cuestionar si Estados Unidos debe defender a los integrantes de la OTAN que no gastan bastante en sus fuerzas militares.

Por lo general la televisión rusa, la cual el Gobierno controla estrechamente, ha presentado a Trump como un fuerte y amigable colaborador potencial al tiempo que con frecuencia critica duramente a Clinton.

Sin embargo, en el interior del gobierno de Estados Unidos existe escepticismo, sobre todo en el FBI, de que la evidencia pruebe que los rusos tenían el objetivo específico de conseguir la elección de Trump.

Un alto funcionario policiaco estadounidense dijo que el FBI creía que probablemente los rusos tenían una combinación de metas, entre ellas dañar a Clinton y minar a las instituciones demócratas federales. AL FBI aún no le queda claro si llevar al poder a Trump era uno de dichos objetivos, agregó.

El funcionario restó importancia a algún desacuerdo entre el FBI y la CIA, sugiriendo la probabilidad de que las conclusiones de la CIA fueran más matizadas de lo señalado por la prensa.

Funcionarios policiacos señalaron que si los agentes del FBI tuvieran evidencia para acusar de delitos específicos a los rusos, lo harían. El FBI y fiscales federales ya han tomado medidas enérgicas contra 'hackers' rusos, incluyendo dos hombres que están detenidos en Tailandia y la República Checa a quienes Estados Unidos está intentando extraditar.

Rusia ha tratado de bloquear dichos esfuerzos y ha acusado a Estados Unidos de hostigar a sus ciudadanos.

El FBI empezó a investigar durante el verano los aparentes intentos rusos de interferir en las elecciones. Agentes examinaron numerosos posibles nexos entre rusos y miembros del círculo cercano de Trump, incluyendo excolaboradores de Trump como Paul Manafort y Carter Page, así como un misterioso rastro de actividad computacional sin explicar entre la Organización Trump y una cuenta de e-mail en un banco ruso grande, el Alfa.

Durante el punto máximo de sus investigaciones previas a las elecciones, el FBI dio ciertos indicios de la posibilidad de que los rusos estuvieran tratando explícitamente de que Trump resultara electo, dijeron funcionarios, mientras que los investigadores recabaron evidencia por Internet y realizaron en el extranjero y en Estados Unidos interrogatorios destinados a poner a prueba la teoría.

Al FBI le preocupaba tanto la influencia y los posibles vínculos de Rusia con el equipo de campaña de Trump que durante verano y otoñó notificó parte de la evidencia a líderes congresistas —entre ellos al senador Harry Reid, el demócrata de Nevada y líder minoritario del Senado—. Reid, en particular, presionó al FBI para que averiguara más y señaló que la agencia estaba tocando información importante que podría implicar a Rusia.

Pero al parecer las sospechas de la instancia sobre medidas rusas directas para ayudar a Trump, o en torno a posibles nexos entre ambos grupos, se desvanecieron conforme llegaron a septiembre y a octubre las investigaciones. Las razones no son totalmente claras, mientras que funcionarios del FBI rehusaron hacer comentarios.

Ahora que ha surgido un disturbio partidista respecto al papel exacto que Rusia desempeñó influyendo en las elecciones, tanto entre republicanos como entre demócratas existe un creciente impulso para llevar a cabo una investigación congresista.

“No estoy tratando de volver a pelear las elecciones”, dijo el senador independiente por Maine Angus King, uno de los legisladores que están pidiendo la indagatoria. “Nada más estoy tratando de prevenir que esto vuelva a pasar”.

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