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Días de miedo, años de obstrucción

Paul Krugman / The New York Times | Sábado 15 Septiembre 2018 | 00:01:00 hrs

Lehman Bros fracasó hace diez años. La economía de Estados Unidos ya se encontraba en una recesión, pero la caída de Lehman y el caos posterior hicieron que se fuera al precipicio: durante el año siguiente se perdieron seis y medio millones de empleos. Fue una época aterradora.

A pesar de ello, no revivimos la Gran Recesión en todo su esplendor y algunos han argumentado que el sistema funcionó, en el sentido de que los legisladores hicieron lo necesario para evitar una catástrofe.

Sin embargo, esto solo es medio correcto. Evitamos el desastre mayúsculo pero experimentamos un enorme declive en el empleo, que tuvo un inmenso costo económico y humano y que bien pudo haber ayudado a preparar el terreno para nuestra actual crisis constitucional. ¿Por qué el declive duró tanto tiempo?

Hay varias respuestas, pero el factor más importante fue la política: el obstruccionismo cínico y de mala fe del Partido Republicano.

Un punto fundamental que me parece que todavía no se entiende del todo es que la crisis financiera, por escalofriante y nociva que haya sido —con la afectación de los mercados crediticios después del colapso de Lehman—, fue bastante breve. Las medidas de estrés financiero, que incluyeron cosas como los diferenciales de las tasas de interés en activos de riesgo, alcanzaron su máximo durante algunos meses, pero de inmediato regresaron a la normalidad. El aspecto puramente financiero de la crisis en esencia había terminado para el verano de 2009.

Sin embargo, la crisis económica más amplia duró mucho más. El desempleo aumentó casi un diez por ciento, luego disminuyó con una lentitud dolorosa y no regresó al cinco por ciento sino hasta siete años después de la caída de Lehman. ¿Por qué la rápida recuperación financiera no condujo a una rápida recuperación económica?

A un nivel básico, la respuesta es que la crisis financiera sólo fue un síntoma de un problema mayor: el colapso de la gigantesca burbuja inmobiliaria. El estallido de la burbuja ejerció una fuerte corriente descendente en la economía, tanto porque condujo a un desplome de la inversión residencial como porque fue un golpe inmenso al patrimonio familiar, lo cual redujo el gasto de los consumidores.

Entonces, lo que la crisis exigió fueron políticas para incentivar el gasto, a fin de compensar los efectos de la explosión de la burbuja. Sin embargo, la respuesta normal, que es reducir las tasas de interés, no estaba disponible porque las tasas ya eran de casi cero. En cambio, lo que necesitábamos era estímulo fiscal: desembolsos aumentados del Gobierno y recortes fiscales para las familias de bajo y mediano ingreso, que era probable que los gastaran.

Y de hecho obtuvimos un estímulo considerable. No obstante, no fue suficientemente grande y, lo que es más importante, se desvaneció demasiado rápido. Para 2013, con el desempleo todavía por arriba del siete por ciento, el gobierno en todos los niveles estaba proporcionando apenas más apoyo económico del que había ofrecido en 2007, cuando el auge de la vivienda todavía era fuerte.

¿Por qué se quedó corta la respuesta para una economía deprimida? Podemos debatir hasta la saciedad si el gobierno de Obama podría haber conseguido un estímulo más grande y sostenido a través del Congreso; lo que queda claro es que algunos funcionarios no vieron la necesidad de políticas más fuertes. Cuando Christina Romer, la principal economista del Gobierno, argumentó que se necesitaba más estímulo, Tim Geithner, el secretario del Tesoro, lo rechazó  y lo tachó de ser “azúcar”.

Más allá de eso, los esfuerzos para luchar contra el desempleo tenían que lidiar con un singular consenso periférico de que a pesar de los altos niveles de desempleo y las tasas de interés históricamente bajas, el auténtico problema era la deuda, no los empleos.

Sin embargo, la razón más importante por la que este enorme declive duró tanto fue la oposición tipo “tierra quemada” de los republicanos ante cualquier cosa que pudiera haber ayudado a compensar los efectos colaterales de la crisis inmobiliaria.

Cuando digo “tierra quemada”, no estoy exagerando. No olvidemos que en el verano de 2011 los republicanos en el Congreso amenazaron con provocar una crisis financiera al negarse a aumentar el límite de endeudamiento. Su meta era chantajear al presidente Barack Obama para que recortara el gasto en un momento en el que el desempleo todavía era del nueve por ciento y los costos de los préstamos reales en Estados Unidos casi rondaban cero.

Ahora, los republicanos afirman que su oposición a todo lo que pudiera limitar el desempleo masivo estaba motivada por un profundo compromiso con la responsabilidad fiscal. No obstante, se trató de hipocresía absoluta, algo que era evidente para cualquiera que analizara el contenido auténtico de las propuestas presupuestales del Partido Republicano, que hicieron que los pretextos y los engaños se quedaran cortos. Había que ser bastante crédulo para tomarse en serio la falsa oposición a los déficits del Partido Republicano; por desgracia, había bastantes críticos crédulos por ahí.

De cualquier modo, los acontecimientos de los últimos dos años han hecho que entendamos con claridad qué sucedió realmente. Los mismos políticos que declaraban piadosamente que Estados Unidos no podía darse el lujo de gastar dinero para apoyar el empleo en vista de un declive profundo y prolongado hicieron que se aprobara un recorte fiscal para las corporaciones y los ricos, el cual es inmenso y hace estallar el déficit aunque la economía actualmente se encuentre cerca del empleo pleno. No, no han abandonado su compromiso con la responsabilidad fiscal porque, para empezar, nunca les importaron los déficits.

Así que, si quieren entender por qué el gran declive que comenzó en 2008 duró tanto tiempo, arruinando tantas vidas en Estados Unidos, la respuesta es la política. En específico, la política fallida debido a republicanos cínicos y de mala fe que estaban dispuestos a sacrificar millones de empleos en lugar de dejar que algo bueno le pasara a la economía mientras un demócrata ocupaba la Casa Blanca.



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