Aloja ex tienda a casi mil 500 menores migrantes

The New York Times
2018-06-15

Brownsville, Tx.— En los muelles de carga, los niños estaban sentados en un oscurecido auditorio mirando la película animada “Moana”.
Donde una vez hubo anaqueles de ropa y pasillos llenos de artículos electrodomésticos, ahora hay limpios dormitorios con las camas bien aseadas y pósters de Pokémon en las paredes. Los estacionamientos de la parte trasera son ahora improvisados campos de futbol soccer y canchas de volibol. El restaurante McDonald’s es ahora la cafetería. Todo esto hace que sea difícil visualizar lo que estas instalaciones solían ser –una antigua tienda Walmart Supercenter.
La tienda, convertida en el refugio más grande para menores migrantes en el país, ubicado en el extremo sur de Texas, alberga a casi mil 500 niños, de entre 10 y 17 años, que fueron capturados cruzando la frontera de manera ilegal.
Las instalaciones, que abarcan una extensión de 250 mil pies cuadrados (23 mil 225.76 metros cuadrados) es un modelo de la vida en la frontera en Estados Unidos de la era de Trump, parte de una creciente industria de centros de detención y alberges que han surgido a manera que las autoridades hacen lo posible por cumplir con la orden del presidente de ponerle un alto a la práctica de “capturar y liberar” a los inmigrantes que entran al país de manera ilegal. Ahora que los menores están siendo separados de sus padres, este centro ha tenido que obtener un permiso del Estado para expandir su capacidad.
Se han agregado catres a las áreas para dormir. El personal se ha incrementado. Pero incluso, eso no es suficiente. Las autoridades federales consideran establecer ciudades de tiendas de campaña en las bases del Ejército y de la Fuerza Aérea, y ya han transferido a cientos de inmigrantes detenidos a albergues temporales en las prisiones federales.
La Oficina federal de Reasentamiento de Refugiados está ahora supervisando un estimado de 100 albergues en 17 estados, dando servicio a una población que ha crecido desmesuradamente. Una de las más grandes concentraciones se encuentra aquí, cerca de la frontera en el Sur de Texas, en el Valle del Rio Grande, una de las regiones más pobres en la nación. Hay alrededor de 10 albergues en tres condados del Valle, la mayoría en las ciudades de Brownsville, Harlingen y San Benito en el Condado de Cameron.
Los albergues en y cerca de Brownsville se han convertido en un gran negocio, empleando a miles de habitantes y rehabilitando tiendas abandonadas, escuelas y otros edificios en un condado donde el ingreso promedio de las familias es de 34 mil 578 dólares y el porcentaje de aquellos que viven por debajo de la línea de pobreza federal es del 29.1 por ciento, mucho más alto que el índice de pobreza a nivel nacional de 12.7 por ciento.
Pero también han despertado dudas en torno a la supervisión y administración federales, y la invisibilidad bajo la cual muchos de estos albergues operan.
Numerosos de estos albergues en Texas, que cuidan de los menores migrantes que viajan solos, han sido citados por los reguladores estatales de centros para el cuidado de menores por docenas de infracciones en años recientes, de acuerdo con información de parte de dos agencias de supervisión, la Comisión de Salud y Servicios Humanos de Texas y el Departamento de Servicios para la Familia y Protección del Menor. La mayoría de las infracciones son menores, incluyendo archivos incompletos de los menores detenidos. Pero algunas apuntan a problemas aún más serios.
Al menos 13 citatorios de deficiencia han sido presentados en contra del albergue en la antigua tienda Walmart en Brownsville, el cual al parecer de la noche a la mañana se convirtió en un símbolo de la problemática del alojamiento luego que el legislador demócrata, el senador Jeff Merkley de Oregon, se presentara de improvisto para hacer un recorrido, pero fue escoltado fuera del lugar por la Policía. El intento de Merkley por entrar al albergue este mes, capturado en Facebook Live por un miembro del personal, hizo que el albergue atrajera la atención de la nación. El albergue es administrado por un grupo no lucrativo contratado por una agencia federal.
Los albergues son parte del intento del Gobierno federal de dar alojamiento a la oleada de menores que han estado cruzando la frontera del suroeste los últimos siete años, los cuales muy a menudo viajan solos sin la compañía de alguno de sus padres. Muchos de éstos buscan el asilo político tras huir de la violencia perpetrada por las pandillas o por otros problemas que viven en Centroamérica.
El número de menores detenidos se ha incrementado en semanas recientes luego que la administración de Trump comenzara a procesar a los migrantes que cruzan la frontera de manera ilegal. Anteriormente, los padres de familia que viajaban con los menores eran liberados pronto con órdenes de comparecer posteriormente ante la Corte –una práctica que según miembros de la actual administración era un poderoso incentivo para que los migrantes optaran por llevar con ellos a sus hijos rumbo a Estados Unidos. El número de familias aprehendidas en la frontera ha alcanzado casi el 600 por ciento en comparación con la primavera del año pasado, según dijo la secretaria de Seguridad nacional, Kirstjen Nielsen, al Congreso en mayo.
Pero lo que les sucede a los menores en estos albergues de apoyo federal ha recibido muy poco escrutinio por parte del público.
Aquí en el sur de Texas, el misterio de lo que al senador de Oregon no se le permitió ver –esto es, las condiciones de vida para cientos de niños migrantes en un espacio que originalmente fue construido para albergar pantalones de mezclilla baratos y artículos para el hogar– fue aparentemente resuelto el miércoles. Oficiales federales y el grupo operador del albergue, Southwest Key Programs, condujeron a varios reporteros en un recorrido que duró aproximadamente 90 minutos, luego se tuvo una sesión de preguntas y respuestas.
El albergue, llamado Casa Padre, es un mundo en sí mismo, gran parte del cual es invisible al público. Las pocas ventanas están cubiertas con malla negra, y en el estacionamiento hay barricadas de madera pintadas en amarillo que dicen: “No entrar”.
Las masivas instalaciones están bien iluminadas. No muy lejos de la entrada, hay un enorme mural del presidente Donald Trump con una bandera estadounidense y la Casa Blanca, con una cita de Trump que dice: “A veces, tras perder una batalla uno encuentra un nuevo camino para ganar la guerra”.
Un equipo de 48 miembros del personal médico y tres doctores ofrecen los servicios necesarios. El trabajo de rayos X y de laboratorio se realiza ahí mismo. Los menores van a clases por seis horas al día de lunes a viernes, y tienen tiempo para jugar afuera por dos horas diarias.
El edificio ya no parece una tienda. El interior ha sido rediseñado, con paredes y pasillos construidos para crear dormitorios, salones de clases y otros espacios. El mural del presidente es uno de muchos, en otra pintura aparece el ex presidente John F. Kennedy con sus palabras: “No preguntes lo que tu país puede hacer por ti, sino qué puedes hacer tú por él”, en inglés y en español.
La mayoría de los niños son de Centroamérica. Muchos de ellos sonríen, saludan y estrechan las manos de los reporteros que recorren el lugar. Los reporteros, por medio de los ejecutivos de Southwest Key les preguntaron, en español: “¿Cómo se encuentran?”
La respuesta constante fue: “Bien, bien”. A los medios no se les permitió entrevistar a los menores.
Todos fueron clasificados por los oficiales federales como menores que viajaban solos –ya sea que cruzaron la frontera sin que los acompañara alguno de sus padres, o fueron separados de sus familias como parte de la nueva política de la administración de arrestar a los migrantes y de separarlos de sus hijos.
En el dormitorio 53, había cuatro camas en armazones y una cama en un catre. El catre daba muestra del aumento en el alojamiento –era una de cientos de nuevas camas que fueron recientemente agregadas para elevar la capacidad del albergue. En mayo, El albergue Casa Padre fue autorizado por el estado con una capacidad de mil 186 menores. El miércoles, tras una discrepancia aprobada por el estado, se le permitió a Southwest Key aumentar su población, siendo la nueva capacidad cerca de mil 500 menores migrantes.

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