domingo 23, noviembre, 2014 | hrs

Leyendas urbanas y sitios insólitos de EP


David Centeno
El Diario de El Paso | Sábado 04 Mayo 2013 | 23:52 hrs
El Paso puede parecer un sitio algo estático. Da la impresión de que todo estuviera en su santo lugar, de que nada altera el orden establecido, de que sólo las tormentas de arena pudieran romper un poco con la monotonía. Sin embargo, como sucede en todas partes, la ciudad también esconde sus secretos.

Algunos de ellos pueden ser históricos y otros, simplemente, están allí esperando ser descubiertos.

El Country Club del lado oeste de la ciudad tiene muchas casas lujosas y un buen número de árboles. Uno de ellos, dicen, tiene la forma de un ángel. Algunos vecinos se muestran orgullosos de esta rareza y suelen comentar que la misma figura pasa de planta en planta. Hay sus creyentes que opinan que la forma es milagrosa, una aparición. También existen quienes aseguran que ésta fue hecha por alguien del vecindario sin ninguna intervención divina.

Otro lugar que tiene su “encanto” está en la calle Piedras. Se trata de una casa que bien puede estar en una película de terror. Por fuera se observan plantas, algunas secas, que recubren la fachada casi siempre llena de arenilla. Pero estructuras en estado abandonado o semiabandonado es lo que sobra en El Paso. Lo que realmente llama la atención de esta vivienda es lo que la rodea: pequeñas, medianas y grandes estatuas de demonios o dragones.

Es normal que este sitio sea utilizado por jóvenes y estudiantes para jugar con el miedo. Es lo que sucede con Jannette Hernández, quien cursa Psicología en la universidad. “Al verla todos nos quedamos en silencio y horrorizados”, cuenta. “Siendo curiosa quise investigar si en realidad era la casa de una bruja, pero me dijeron que es de un viejo escultor que está demente. De veras, no sé si todo esto sea cierto, pero reconozco que éste es uno de los lugares más raros de El Paso”.

La lugareña Amanda Williams tiene otro sitio: la carretera Transmountain. “He escuchado historias de que el fantasma de un monje que va jalando a un burro sale por las noches”, comenta. “De hecho, hay varios cuentos de accidentes de tráfico que se producen porque el conductor desvió su trayectoria para no arrollar a estos caminantes”.

Williams asegura que nunca ha querido comprobar la veracidad de esta historia. Sin embargo, el paseño Adrián Luna sí quiso hacer su experimento en el Thunderbird Alley de la ciudad. En este lugar uno pone el carro en neutral y éste se va para atrás hasta subir por una lomita. No hay mayor explicación para este fenómeno. Algunos le atribuyen la causa a alguna fuerza electromagnética. Otros, los más asustadizos, juran que se trata de las reminiscencias de una vieja tragedia.

El cuento va así: hace unas cuantas décadas un autobús cargado de niños se quedó atrapado en las vías de un tren. Éste chocó contra el transporte escolar y todos los niños murieron. Ahora no hay rieles, pero los espíritus de los infantes penan en el lugar, moviendo los carros del lugar del suceso, quizás, como una manera de protegerlos de este tren que ya no existe en este mundo cruel.

“Mi hermano y yo fuimos una noche con el carro sucio”, dice Lima. “Hicimos la prueba en la lomita varias veces y el vehículo se fue hacia atrás. Después de eso salimos a poner gasolina. Cuando nos bajamos y la luz le pegó al carro lo que vimos nos dio escalofríos: había manitas de niños marcadas en lo sucio del auto. No sé por qué, pero ya no quiero regresar a ese sitio. Me da mucha lástima con esos niñitos”.

Historias como éstas también se escuchan en los alrededores del cementerio Concordia. Éste es uno de los sitios más extraños de la ciudad. Bajo tierra hay masones, judíos, chinos, pistoleros y hasta un ex presidente mexicano tachado de traidor: Victoriano Huerta. También hay ociosos, pero en la superficie, entre los mortales.

Muchos van al camposanto el Día de Muertos, burlan la vigilancia y se ponen a profanar tumbas, a practicar extraños ritos o a jugar a la ouija. “Según los encargados del cementerio hay aparecidos y pasan cosas raras”, comenta la joven Arleen Mendoza. “Una vez fuimos varias amigas y, en cuanto se empezó a irse la gente del lugar porque empezó a anochecer, nosotros nos alejamos adonde nadie nos viera. Luego sacamos la ouija y las linternas. En la oscuridad alumbramos el tablero, e intentamos jugar. Pero no sabíamos cómo y, después de reírnos un rato, nos fuimos a otro sitio dejando la ouija allí mismo”.

Hasta cierto punto todos estos cuentos pueden tacharse de inocentes, a ratos, ingenuos. Leyendas urbanas hay en todas partes. Del mismo modo, es usual que los jóvenes gasten el tiempo en busca de emociones gratuitas. Lo que sí no deja de ser aterrador es cuando estas historias sobrenaturales las personifican gente que está vivita y coleando.

Eso fue lo que le sucedió al joven periodista Kristian Hernández. Su relato parece no dejar lugar a dudas. El personaje es un tipo sano, serio y que disfruta de los mismos placeres mundanos que cualquier vecino de familia: salir con los amigos, hacer una pausa del trabajo e intentar pasar un buen rato.

Su cuento se ubica en el parque San Felipe, un área que queda casi llegando a Fabens. Es un sitio que queda en medio del desierto, en un verdadero aislamiento. Hérnandez y sus compañeros habían elegido el lugar como su rincón de encuentro y celebración de cada 20 de abril.

Uno de sus encuentros se vio interrumpido por otra reunión adyacente. En este caso se trataba de gente encapuchada, vestida de blanco y que llevaba un extraño ritual alrededor de una fogata. Una gran caravana de carros, cargada de gente y cerveza, acompañaba a la extraña comitiva.

Hernández asegura que tres de sus amigos intentaron acercarse sin ser vistos. Él y el resto del grupo aguardaron desde sus camionetas. Cuenta que el terror los invadió a todos, cuando el trío corrió de vuelta y con caras desencajadas mientras gritaba que los de la fogata eran los segregacionistas del KuKluxKlan.

El periodista luego tomó su tiempo e investigó en su casa el origen de esto. Cuál sería su sorpresa que el 20 de abril, además de ser celebrado como el día de la mariguana, también es recordado como el del nacimiento de Adolfo Hitler.

“Hasta que sucedió ese incidente ninguno de nosotros teníamos idea de que esa fecha era festejado por miembros del KKK y por neonazis en todo el mundo”. (David Centeno/El Diario de El Paso)

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