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Ayudan puertorriqueños a las islas Vírgenes

The New York Times | Miércoles 13 Septiembre 2017 | 00:01:00 hrs

The New York Times | Reúnen agua y víveres para los damnificados

The New York Times | Reúnen agua y víveres para los damnificados

Fajardo, Puerto Rico — Entre los países que fueron menos afectados por el huracán Irma está Puerto Rico que se ha convertido en un improvisado centro de emergencias para sus vecinos del Caribe que sí fueron devastados por la furia de la tormenta.

Los puertorriqueños, aliviados de haberse salvado de una gran destrucción, donaron agua, ropa, botiquines de primeros auxilios y otros artículos, y decenas de propietarios de botes recreativos navegaron a las islas cercanas para entregar los suministros y evacuar a los isleños que perdieron sus hogares.

El Tobías, un barco de 16 metros usado para la practica del buceo, partió el domingo por la mañana de la marina y se dirigió hacia Santo Tomás, en las islas Vírgenes de Estados Unidos. Fue la cuarta embarcación que realizó el viaje ese día. Más tarde, regresó a su máxima capacidad con 46 residentes que huyeron de la devastación total de la isla.

“Aquí fuimos muy bendecidos y tenemos que hacer todo lo que podamos para ayudar”, dijo Cristina Morales, la propietaria del barco.

Algunas misiones gubernamentales también han ayudado en la evacuación de las islas hacia Puerto Rico. Alrededor de 1200 personas, la mayoría de ellos ciudadanos estadounidenses, fueron trasladados de San Martín y San Tomás en seis aviones C130 y más de 50 pacientes fueron evacuados vía aérea a hospitales puertorriqueños, indicaron algunos funcionarios.

En contraste, el puente marítimo civil está conformado por una improvisada red de voluntarios. Y surgió a raíz de la empatía y las relaciones entre los dueños de botes recreativos en Puerto Rico y las islas del este.

Los puertorriqueños frecuentemente navegan hasta las islas Vírgenes de Estados Unidos, conocidas como “las islas”, para disfrutar de sus playas con aguas cristalinas o para realizar competencias de pesca. Un evento que dura una semana se realiza cada julio en las islas Vírgenes Británicas y atrae a un contingente de barcos tan grande que los habitantes hacen bromas y dicen que son los anfitriones de la Armada de Puerto Rico.

“Hemos disfrutado la belleza y la diversión de esas islas”, dijo Martita Rivera, quien ha vacacionado en las islas durante 25 años. “Era necesario decir: ‘Aquí estamos para ustedes’”.

Rivera y su esposo, Roger Casellas, administran uno de los centros de acopio improvisados desde su agencia de venta de botes en Hato Rey. Han recibido todo tipo de suministros desde pañales y camisetas hasta clavos y martillos.

Rivera cuenta que, en respuesta a un llamado que hicieron a través de las redes sociales, cientos de voluntarios han ayudado a llenar cuatro contenedores de artículos que serán entregados a las islas durante la semana.

La tormenta, que impactó primero a las islas, rápidamente ocasionó la interrupción de los servicios de energía eléctrica y telefonía, lo que dejó a los residentes desconectados del mundo exterior. Conforme los isleños desplazados comenzaron a llegar a Puerto Rico tras el paso de la tormenta, también arribaron sus historias de la devastación de la que habían escapado.

“Pienso que la gente no sabía lo terrible que sería hasta que ya fue demasiado tarde”, dijo Julie Reynolds, quien el viernes fue rescatada de Tórtola, la más grande de las islas Vírgenes Británicas.

“Lucía como si se hubiera desatado un incendio forestal”, dijo Reynolds, de 38 años, sobre la situación en Tórtola. “No había hojas en los árboles. Antes era uno de los lugares más hermosos del mundo”.

Su esposo, Yann Leboyer, propietario de una compañía de renta de botes, trató de proteger sus 74 embarcaciones con anclas y boyas, pero no fue suficiente. Leboyer dijo que sus botes de motor estaban medio hundidos y que sus veleros se amontonaron sobre los catamaranes volteados. Solo dos embarcaciones resultaron con pocos daños.

“Nueve años de trabajo se esfumaron en diez horas”, dijo Leboyer, mientras contenía sus lágrimas. “Estoy conmocionado. No he procesado todo por completo”.

Tórtola se volvió inhabitable después de la tormenta, dijo, sin energía eléctrica o comunicaciones. Después de que residentes desesperados saquearon las tiendas de víveres, dijo Leboyer, los militares comenzaron a patrullar en vehículos blindados e impusieron un toque de queda.

Luis Duprey, socio de negocios de Leboyer en Puerto Rico, navegó al rescate de su amigo el viernes en un bote de motor de 10 metros prestado llamado All In. Duprey, de 40 años, afirma que lloró cuando vio lo que había quedado de la isla: “Parece que se detonó una bomba”.

Además de la familia de Leboyer, Duprey transportó a otros nueve habitantes de Tórtola que estaban varados y los llevó a salvo en Puerto Rico. Algunos que no son ciudadanos estadounidenses, incluido Leboyer, quien es francés, han recibido autorización para permanecer durante 30 días en el territorio estadounidense por el Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos debido a razones humanitarias.


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