Por obsesión de atrapar a Pancho Villa, envió tropas EU a México

Juan de Dios Olivas
El Diario
2014-03-01

Ciudad Juárez— Avanzando lento y levantando polvaredas, aquellos “monstruos de metal” con ruedas penetraron territorio mexicano por el noroeste de Chihuahua, seguidos de camiones cargados con soldados, motocicletas con ametralladoras, y centenares de jinetes así como tropas de a pie.

Era el mes de marzo de 1916, y más de 5 mil soldados del Ejército de Estados Unidos de América invadían territorio de México con todos los recursos a su alcance, equipados con lo más moderno en armas y llamativos vehículos blindados, incluyendo un escuadrón aéreo.

El objetivo, capturar al general Francisco Villa y sus seguidores por quienes incluso ofrecían cuantiosas recompensas luego del ataque al poblado de Columbus, Nuevo México registrado la madrugada del 9 de marzo de ese mismo año.

Al mando del general John Joseph Pershing quien después de esta aventura, comandaría las Fuerzas Expedicionarias Estadounidenses para combatir al imperio alemán en la Primera Guerra Mundial, la invasión llamada Expedición Punitiva habría de durar un año.

En ese lapso, el sentimiento nacionalista se apoderaría de los chihuahuenses quienes protegieron al Centauro dando informes falsos, refugio o confrontando directamente al invasor como ocurrió en Parral donde el pueblo se amotinó y una multitud entre la que destaca Elisa Griensen y estudiantes de primaria, los expulsaron de su pueblo a balazos y pedradas.

Ese sentir también estaría presente en las tropas de Carranza cuyos soldados querían pelear en contra de los invasores antes que combatir a los villistas.

Con el paso del tiempo, los estadounidenses incrementaron sus fuerzas a 10 mil efectivos que integraban los regimientos 6º y 17º de infantería, el 13º de caballería y una batería primera de artillería, un escuadrón aéreo y dos compañías de transportes, incluyendo tanques así como dos compañías de ingenieros, una de ambulancias, un hospital de campaña, y un cuerpo de señales.

Las tropas invasoras cometerían asesinatos en contra de la población civil mexicana y realizarían numerosas aprehensiones de personas sospechosas de ser villistas que terminarían en la horca acusadas de participar en el ataque a Columbus.

Sin embargo, nunca lograrían atrapar al Centauro y el parte de guerra rendido a sus superiores por el general John Joseph Pershing se habría de convertir siempre en el mismo: “Tengo el honor de informar que Francisco Villa se encuentra en todas partes y en ninguna”.

 

COLUMBUS, EL MOTIVO

La madrugada del 9 de marzo de 1916, las tropas de Francisco Villa invadían Estados Unidos para atacar Columbus, Nuevo México y con ello, el Centauro concretaba un plan pensado durante días, en parte de venganza contra sus enemigos –entre ellos el judío Sam Ravel que defraudó al general con la venta de armas–, y en parte estrategia para provocar al gobierno estadounidense y afectar el rumbo que había tomado la lucha armada en México en la que el Centauro era, hasta ese momento, el perdedor.

Los revolucionarios mexicanos, en gran parte reclutados en Namiquipa, ingresaron por Palomas, ubicado en el noroeste de Chihuahua y se dirigieron a su objetivo ubicado a tres millas de ahí. También penetrarían por Ciudad Juárez.

Rompieron las cercas de alambre que dividían la frontera y se movieron en dos columnas dirigidas por Francisco Beltrán y Martín López; y Pablo López y Candelario Cervantes. Una se fue al campamento militar y la segunda rodeó para entrar al pueblo.

El asalto tomó por sorpresa a los soldados del 13º Regimiento de Caballería del Ejército de Estados Unidos así como a los habitantes del pueblo, pero reaccionaron y ocasionaron numerosas bajas a los atacantes mexicanos.

El grupo de Candelario Cervantes avanzó al pueblo y llegó al hotel Commercial, propiedad del judío Sam Ravel donde fueron recibidos a tiros por dos norteamericanos que bajaban de sus habitaciones, pero pronto la superioridad numérica se impuso y los villistas los asesinaron.

En medio del tiroteo, interrogaron a un par de niños y a unas mujeres que les informaron que Sam Ravel se había ido a El Paso, Texas a visitar al dentista, lo que le salvó la vida al comerciante odiado por Villa.

Casi al amanecer, a las 7:30 de la mañana, al toque de un clarín, los jinetes villistas comenzaron a retirarse para volver a territorio mexicano y juntarse en algún punto de la frontera.

En su persecución un grupo de alrededor de 30 soldados estadounidenses a galope en sus caballos intentó alcanzarlos pero fue repelido a balazos por un grupo de villistas que al darse cuenta que los seguían,  pararon y los esperaron al estilo mexicano, con las riendas del caballo en la mano izquierda y el rifle en la derecha.

En Columbus, que fue y sigue siendo el único caso de una fuerza militar extranjera que haya atacado territorio continental de Estados Unidos, los villistas confiscaron unos 100 caballos y mulas, quemaron el pueblo y mataron al menos a 17 soldados estadounidenses y a 10 residentes del poblado. Sin embargo, perdieron a 73 de sus compañeros en el encuentro y a cinco más que fueron capturados y fusilados después.

 

…BUSCANDO A VILLA QUERIÉNDOLO MATAR

Tras el ataque a Columbus, el Ejército estadounidense al mando del general John J. Pershing ingresó en territorio de Chihuahua el 15 de marzo de 1916, con el objetivo de dar alcance y castigo a las huestes del general Francisco Villa.

Ese día ingresó por Palomas la primera de dos columnas que integraban la Expedición Punitiva. Estaba compuesta por más de 5 mil oficiales y soldados de caballería, infantería y artillería, así como un escuadrón aéreo de ocho aeroplanos.

Pershing instaló su cuartel general en la colonia Dublán, en Nuevo Casas Grandes y dos bases, una en San Buenaventura y otra en San Antonio de los Arenales (hoy municipio de Cuauhtémoc).

Para finales de ese mes, los estadounidenses se habían adentrado unos 550 kilómetros al interior de Chihuahua y dos semanas después, el 12 de abril, se encontraban en las afueras de Parral; pero el pueblo se amotinó y mujeres entre las que se encuentra Elisa Griensen, así como estudiantes de primaria los confrontan causándoles dos bajas y varios heridos.

Mientras tanto, Villa atacó Ciudad Guerrero y los pueblos de Miñana y San Isidro, pero resultó herido en una rodilla y se vio obligado a esconderse en la serranía por dos meses, en la Cueva del Coscomate donde se recuperó muy lentamente por la falta de atención médica.

Al salir de su escondite, su popularidad fue en aumento, en parte por el rechazo a la intervención estadounidense y en parte a la táctica de Robin Hood de repartir entre la población mercancías robadas de ranchos y haciendas de estadounidenses.

El Gobierno mexicano aunque en un principio permitió la invasión, al ver que la popularidad de Villa aumentaba, protestó. Venustiano Carranza, primer jefe del Ejército Constitucionalista y encargado del Poder Ejecutivo, pidió al presidente de Estados Unidos, Woodrow Wilson retirar sus tropas.

El 22 de mayo de ese año, México envíó un nuevo mensaje al Departamento de Estado norteamericano, con la exigencia del retiro inmediato de su Ejército. Al no recibir respuesta, Carranza decidió recurrir a la fuerza y giró órdenes para que las tropas acantonadas en Chihuahua detuvieran todo desplazamiento de los militares estadounidenses que los llevaran a internarse más en la entidad.

Sin embargo, los estadounidenses movilizaron dos escuadrones del Décimo Regimiento de Caballería.

Desde la Colonia Dublán, en el municipio de Casas Grandes, el capitán Charles T. Boyd comandó uno de esos escuadrones hasta la hacienda de Santo Domingo, donde se le sumaron las tropas al mando del capitán Lewis S. Morey. En total formaron una fuerza de unos 100 hombres.

El capitán Boyd se dirigió hacia el oriente rumbo a Villa Ahumada donde cerca, en el pueblo de Carrizal, se encontraba el general Félix U. Gómez con la orden de no dejarlos avanzar, lo que provocó finalmente un enfrentamiento que tensó las relaciones entre México y Estados Unidos.

En la batalla murieron el capitán Francisco Rodríguez, el teniente Daniel García, el teniente Evaristo Martínez, el subteniente Juan Lerdo, en total 26 soldados de México.

Los norteamericanos, por su parte, tuvieron 14 muertos, entre quienes se contó el capitán Boyd, quien ordenó el ataque a los mexicanos que intentaban hacer cumplir la orden del Gobierno federal de impedirles el paso al sur del país.

El Ejército Mexicano hizo prisioneros a 17 soldados, que entregó al Gobierno de Washington unos días después en el puente internacional de Ciudad Juárez junto con los pertrechos de guerra capturados durante la batalla.

Por este incidente el presidente Woodrow Wilson protestó, pero convino con Venustiano Carranza en convocar a una conferencia que se llevó a cabo en Atlantic City en septiembre de 1916, donde se solucionó de manera pacífica el conflicto y se permitió que las tropas estadounidenses permanecieran en México hasta febrero del siguiente año.

Durante la Expedición Punitiva, además de desplazar a la élite de sus tropas, veteranos que habían peleado en otras guerras como la de las Filipinas a quienes se les encomendó atrapar a Villa, los estadounidenses decidieron probar en campo algunos de sus nuevos y modernos equipos militares.

Camiones, automóviles, motocicletas, carros blindados, dirigibles y aviones fueron utilizados; pero sólo levantaban polvo que alertaba a soldados villistas y facilitaban el escape de éstos.

Las tropas contaron también con lo mejor del abastecimiento militar en cuestión de alimentos, marcas comerciales de compañías norteamericanas como la Morris & Company, dedicada a la venta de carne enlatada. 

Para los historiadores, la Expedición Punitiva, que tuvo a su disposición todos los recursos y la tecnología bélica más moderna de su tiempo, que incluso llevó a Estados Unidos a triunfar en la Primera Guerra Mundial, fue un verdadero fracaso.

Villa lejos de ser diezmado, había aumentado su número de seguidores, la población lo protegía y se había atrevido incluso a tomar nuevamente la ciudad de Chihuahua en septiembre de 1916 y expulsar a los carrancistas.

Aquellas tropas entrenadas que participaron en la invasión, mucho mejor armadas, nada pudieron hacer frente a un hombre que no había estudiado ninguna carrera, mucho menos la de las armas.Con todo a su disposición, duraron un año buscando a Villa y no lo encontraron.

En febrero de 1917, junto con toda su maquinaria bélica moderna, se fueron por donde llegaron.

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(Fuentes consultadas: Pancho Villa, de Friedrich Katz; Pancho Villa Una biografía narrativa, de Paco Ignacio Taibo II. Expedición punitiva: fin de intento fallido, de Roberto Espinosa de los Monteros, en www.inehrm.gob.mx; Francisco Villa: Ubicuo y Ausente, en www.inah.gob.mx)

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