Opinión

Cultura de la paz para el buen vivir

La fidelidad con uno mismo en la búsqueda de la contribución a la construcción de la cultura de la paz

Departamento de Reflexión Interdisciplinaria Universidad Iberoamericana, Ciudad de México

Mtro. Alberto José Segrera Tapia

lunes, 20 septiembre 2021 | 06:00

Querido lector, querida lectora,

Me da mucho gusto escribirte con la finalidad de compartirte algunas reflexiones y ofrecerte una invitación con respecto a nuestra fidelidad con nosotros mismos en la construcción de la cultura de la paz.

Esta reflexión–invitación tiene que ver con la identificación de qué tanto estoy siendo congruente con mi naturaleza humana, y, por lo tanto, requiere necesariamente saber previamente “qué es lo propiamente humano”. La respuesta que me dé a esta pregunta será mi referente ante el cual constataré dicha congruencia en mi ser y en mi actuar en el mundo. Sin embargo, para responder esta pregunta, no corresponde acudir a las respuestas que han dado los “grandes teóricos” a lo largo de la historia sobre “la naturaleza de lo humano” (por más valiosas que puedan ser estas respuestas), porque podría perderme en la evasión del ámbito conceptual, sino que –partiendo del supuesto y de la profunda convicción de que yo mismo soy “humano”–, donde corresponde preguntar y responder es en lo más profundo de mi ser, en el origen, en mi centro. 

Cabe señalar que llevar a cabo este proceso de cuestionamiento personal requiere partir de una actitud profundamente honesta, cariñosa y entusiasta. Una manera conveniente de “decantar” qué es lo propiamente humano consiste en partir de plantearse preguntas de manera secuencial, tales como ¿qué es lo que comparto con otros seres en el universo?, ¿qué tengo en común con todos los seres vivos y no con los no vivos?, ¿qué comparto con los animales y no con los demás seres vivos?, ¿qué tengo en común con los demás primates?, ¿qué sé hacer yo como humano que también “saben hacer” las computadoras…?, y, después del proceso anterior, plantearse preguntas tales como ¿qué tengo en común con todos los seres humanos?, ¿con los que han vivido antes que yo?, ¿con los que vivirán después?, ¿con todos los que viven hoy (incluyendo  quienes me caen bien y a quienes “me caen mal”) y qué no comparto ni con los demás seres que no son humanos, los otros seres vivos, los primates ni las computadoras?, ¿qué es aquello sin lo cual yo no sería humano? La respuesta a este tipo de preguntas, surgidas desde lo más profundo de mí mismo, me ayudará a precisar qué es lo propiamente humano, y, a partir de ello, entonces sí, a cotejar qué tanto estoy sabiendo “comportarme humanamente”, es decir, ser fiel a lo más profundo de mí mismo.

Si lo que te he ofrecido hasta este momento te resulta significativo te invito a que antes de seguir leyendo, apartes un espacio cómodo y tranquilo y a que conectes con tu ritmo natural interior (distanciándonos del ritmo acelerado que tanto daño nos hace personal y socialmente) y, desde ahí, con los ojos cerrados y de una manera relajada, procedas a preguntarte lo que te haga sentido de lo que previamente te ofrecí.

Una vez que te has preguntado y te has brindado tu propia respuesta, entonces, ahora sí, te comparto la que me surge a mí cuando me he preguntado lo mismo para que de ello retomes lo que te pueda ser de utilidad en la continua construcción de tu propia respuesta (no para que retomes la mía desplazando la tuya –eso de hecho sería ya una terrible traición a ti mismo–, ni para que rechaces la mía con el fin de conservar la tuya –eso implicaría ignorarme y por lo tanto renunciar a lo que yo pudiera humildemente brindarte–). Te invito a que tampoco busques entrar en una actitud competitiva conmigo para tratar de demostrarme que tu respuesta es mejor que la mía o que la tuya es “correcta” y la mía “incorrecta”. Recordemos que el crecimiento implica ser continuamente mejor que uno mismo, no “mejor que los demás”.

Por espacio en la edición, el artículo se publicará en varias partes.

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Cultura para la Paz es un proyecto de El Diario de Juárez en alianza con el Tecnológico Nacional de México, campus Juárez, el Comité de Pacificación y Bienestar Social (Copabis) y el Centro Familiar para la integración y Crecimiento A. C. (CFIC).

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