Opinión

La frontera más fabulosa y bella del mundo

Ya hemos abordado con anterioridad en este espacio algunos aspectos sobre la vida de El Divo de Juárez y su relación con la ciudad que habitamos, sin embargo esta semana nos tocó celebrar su quinto aniversario luctuoso...

Iván González Ibarra | Historiador

domingo, 05 septiembre 2021 | 08:28

Ya hemos abordado con anterioridad en este espacio algunos aspectos sobre la vida de El Divo de Juárez y su relación con la ciudad que habitamos, sin embargo esta semana nos tocó celebrar su quinto aniversario luctuoso y por eso considero conveniente aprovechar este espacio para conmemorar nuevamente su legado y su herencia para nuestra comunidad.

Estoy seguro que al igual que yo, muchos de quienes escuchamos su música, nos sentimos orgullosos de nuestra frontera y del gran representante que tenemos ante el mundo. En las últimas décadas y de manera desafortunada, Juárez ha destacado en el orbe por la violencia padecida a causa de las disputas por el trasiego de drogas, otras más por los crímenes violentos vinculados al crimen organizado y otras tantas por la trágica desaparición y muerte de mujeres.

No es mi intención negar ninguna de esas cruentas realidades, pero sí considero importante destacar que Juan Gabriel es un digno representante de la otra cara de Juárez: una ciudad con gente noble, tolerante, resiliente, respetuosa, cálida y sobre todo trabajadora. Vivimos en una urbe que no ofrece muchas satisfacciones a la vista, por eso decimos que el tesoro de Juárez está en su gente. Hombres y mujeres que se levantan a laborar desde muy temprano y que se duermen hasta muy tarde, todo para sacar adelante a sus familias. Esta ciudad está formada por migrantes o por descendientes de migrantes que en este desierto encontramos la satisfacción a casi todas nuestras necesidades.

En alguna ocasión hace no muchos años, me tocó acudir junto con mi pequeño hijo a la ciudad de Chihuahua para una confirmación o reasignación de mi zona laboral. Le expliqué que era probable que por motivos laborales me reubicaran en alguna localidad de la Sierra Tarahumara o en alguna otra ciudad del Estado. Sus ojos de preocupación lo dijeron todo.

Para nuestra fortuna pude elegir quedarme en Ciudad Juárez, así que el camino de regreso a casa incluyó sonrisas, burritos de Villa Ahumada y canciones como “Arriba Juárez” y “Juárez es el número 1”. Sonaba en nuestro vehículo y a todo volumen la voz de Juan Gabriel cantando: “Ciudad Juárez, Chihuahua te amo / Te llevo en mi vida y eso tú lo sabes / Te extraño y grito tu nombre / Con todo mi orgullo siempre en mis cantares / Qué triste y qué solo me siento / Cuando estoy tan lejos de ti y tus lugares”. No hay duda, Juan Gabriel nos representa y nos explica de muchas maneras.

En otra ocasión, de visita en la capital del Estado, tuve la oportunidad de recorrer el museo “Casa Chihuahua”, ahí me encontré con una sala llamada “Archivo Sonoro del Estado de Chihuahua”. Cuando me puse los audífonos comenzaron a sonar un bajo y una guitarra eléctrica con una rítmica inconfundible, la voz de Juanga con un ánimo y una enjundia clamaba “Ciudad Juárez es número uno / Ciudad Juárez es the number one / Y la frontera más fabulosa y bella del mundo / Ciudad Juárez es número uno / Ciudad Juárez es the number one / Y la frontera donde se encuentra el amor profundo -/ ¡Arriba Juárez!”. De inmediato en mi mente empezaron a correr imágenes de El Chamizal, del parque de las Tortugas, del Centro Histórico, del Puente de la Juárez y hasta de La Pila de la Chaveña.

Por todo lo anterior, vienen las siguientes preguntas: ¿Qué representa Juan Gabriel en una ciudad como la nuestra? ¿Nos lo dice para halagarnos?, o ¿sí somos la frontera más fabulosa y bella del mundo? ¿Cómo le explicamos a nuestros hijos e hijas que aquí se formó uno de los artistas más representativos del México moderno?

“La verdad es que en ese tiempo no hallaban qué hacer conmigo, pero con el tiempo no hallaron que hacer sin mí”, sentenciaba en una entrevista televisiva nuestro cantautor favorito e hijo adoptivo: Alberto Aguilera Valadez, mejor conocido como Juan Gabriel.

El oriundo de Parácuaro, Michoacán fue —al igual que muchos de nuestros padres y abuelos— un migrante involuntario que desde muy temprana edad fue traído por su familia a esta frontera. Hoy en día Juan Gabriel representa para las y los juarenses un símbolo de alegría, tolerancia y resiliencia ante las peores adversidades.

“Felicidades a toda la gente que está orgullosa de ser como es…”, reza un enorme mural ilustrado por el reconocido artista Arturo Damasco. La imagen se encuentra en la icónica avenida Juárez, la misma vialidad que Juan Gabriel transitó cuando trabajaba en el extinto “Noa Noa”. En la obra se delinea la figura de un joven Alberto Aguilera, su mirada es confiada y se dirige hacia el cielo de Juárez. Ese cielo abierto que deja caer los rayos de un sol imponente, en este calor, en este sudor que nos cuestan las cosas, en este trabajo que implica habitar el desierto, ahí es donde se encuentra el amor profundo del que habla.

En el análisis historiográfico y biográfico es indispensable acudir al entorno y a las circunstancias que formaron el carácter y abonaron al bagaje cultural de Juan Gabriel, algo que Pierre Bourdieu llama “Capital cultural”. Desde luego que por el breve espacio provisto, es imposible plantear un trabajo de tal magnitud, sin embargo considero importante concentrarnos en el entorno que como juarenses compartimos con el aclamado compositor.

El capital cultural es el lugar y el ambiente en el que nos desenvolvemos: las  costumbres, las tradiciones, los aprendizajes, las formas de hablar, vestir, comer, hacer y pensar, todos esos son elementos que nos forjan como actores sociales dentro de un espacio común. Como originario de Juárez me gusta pensar que al igual que Juan Gabriel vivimos en un lugar que pondera de tolerancia por encima de todo. Esa empatía es producto de las grandes adversidades que hemos sorteado, como también es resultado de un entorno cultural amplio y diverso.

La región que habitamos se vio impactada por un boom demográfico a mediados del siglo XX. Entre 1940 y 1960 Juárez sufrió un crecimiento demográfico sin precedentes. La población se incrementó a ritmos de hasta un 300 por ciento anual, debido a una migración sin precedentes, provocada por el llamado “Programa Bracero”. El Convenio Binacional de Trabajadores Huéspedes, vigente durante esas décadas, atrajo a familias de Zacatecas, Michoacán, Durango y Coahuila para trabajar en los campos de algodón del suroeste norteamericano.

En el caso de la familia de Juan Gabriel, no fue la intención venir a Juárez para cruzar la frontera, su llegada se debió a las redes que su madre había tendido con su patrona, la señora María Romero Mora, quien les recibió al llegar a esta ciudad. Destaco el contexto del Programa Bracero por el encuentro de tradiciones y costumbres —producto de esa migración de diferentes estados de la República—que serían características del Juárez que le tocó vivir a Alberto Aguilera. De ahí surge esa mescolanza de costumbres y tradiciones que hoy heredamos las y los juarenses.

Con una infancia marcada por el abandono, el llamado “Divo de Juárez” debió ingresar como interno al Centro de Readaptación Social para Menores a la corta edad de 5 años, ahí conoció a “su primer gran amigo… un lindo viejito que se llamaba Juan”, por quien se puso su nombre artístico, pues fue él quien le “enseñó a trabajar”. En su música encontramos la misma realidad de muchas madres solteras y sus hijos, que deben aún hoy “arreglárselas” para trabajar y “resolver” el cuidado de los hijos.

Creo que las y los juarenses somos —al igual que Juan Gabriel— individuos acostumbrados al trabajo arduo y al abandono sistemático. Junto con El Divo de Juárez somos producto de las circunstancias adversas que implican habitar un clima desértico en condiciones de pobreza. Con tristeza he de señalar que aún hay casas sin agua, sin drenaje, sin gas y sin luz, y con calles de terracería como a él le tocó vivir. Habitamos la misma pobreza que él habitó y salimos adelante trabajando igual que él, por eso aquí habemos pura gente sincera y tolerante, pero sobre todo “orgullosa de ser como es”.

Ese es el legado y la herencia que dejó Juan Gabriel para esta comunidad: el sentirnos orgullosos de ser como somos. Le guste a quien le guste y le pese a quien le pese, en Juárez somos la gente de bien, quienes hacemos de esta ciudad la frontera más fabulosa y bella del mundo. ¡Arriba Juárez!

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