Juárez
Plaza de Toros Alberto Balderas

Ruedo salpicado de historia

Este lugar estratégico en la Revolución Mexicana sobrevivió a un incendio y en su redondel vio morir a quien hoy rinde homenaje con su nombre

Omar Morales / El Diario de Juárez
Cortesía / La Plaza de Toros Ciudad Juárez se quemó en 1956 y en su lugar fue edificada la Balderas
Archivo / El Diario de Juárez / La capilla de los diestros
Archivo / El Diario de Juárez / Graderío para 7 mil 500 espectadores
Archivo / El Diario de Juárez / Trabajador cerca del burladero
Omar Morales / El Diario de Juárez / El inmueble se ubica en la esquina de las calles Francisco Villa y Abraham González

Luis Carlos Cano
El Diario de Juárez

martes, 09 febrero 2021 | 12:29

Aunque fue construida de madera, desde 1882 Ciudad Juárez ya contaba con una plaza de toros, la llamada Plaza de la Ciudad, lo que fue el inicio de las actividades taurinas en esta localidad; el redondel fue levantado en el lugar donde ahora se encuentra el Mercado Cuauhtémoc, a un costado de la Misión de Guadalupe.

Transcurrieron 21 años para que otra plaza fuera edificada, y fue en 1903 cuando los hermanos Mariano y José Samaniego construyeron la Plaza de Toros Pani, también de madera, la levantaron con mampostería en el sitio donde actualmente se encuentra la Alberto Balderas, por la avenida Francisco Villa y Abraham González.

Pero además de usarla para las tradicionales corridas de toros, el inmueble fue aprovechado durante la Revolución Mexicana para concentrar ahí la caballería y la artillería de las fuerzas federales; de acuerdo a la historia, cerca se libró un fiero combate con las fuerzas revolucionarias comandadas por Francisco Villa, Pascual Orozco y Giuseppe Garibaldi durante la Toma de Ciudad Juárez en mayo de 1911.

Esta plaza fue conocida posteriormente como Plaza Samaniego o Plaza de Toros de Ciudad Juárez, que funcionó hasta 1956, cuando un incendio la destruyó casi en su totalidad, y es en ese mismo sitio donde se construye la actual Plaza de Toros Alberto Balderas, nombre que se le da en honor al matador que falleció el 29 de diciembre de 1940 por una cornada, narra el historiador José Mario Sánchez Soledad, también presidente de Tauromaquia Mexicana capítulo Chihuahua.

La Plaza Samaniego fue consumida por el fuego en julio de 1956, dice José Luis Hernández Caudillo, promotor de la historia local y miembro del grupo El Juárez de Ayer; para entonces el dueño del lugar era Alfredo Holguín.

Detalles del siniestro fueron descritos por el periódico El Paso Times en su edición del lunes 9 de julio de ese año, en lo que señala: “Fuego matutino golpea a la plaza de toros de Juárez”.

El fuego, posiblemente el de un pirómano, dañó gravemente la Plaza de Toros de Juárez el domingo temprano, mientras que cientos de ciudadanos noctámbulos de Juárez y Estados Unidos vieron las llamas dispararse 15 metros al cielo nocturno, se señala en la información de entonces.

Agrega que los asientos para unos 2 mil aficionados, en gradas de madera en el lado sur, fueron destruidos y tres de las cuatro taquillas cayeron por el incendio, al igual que los almacenes y la enfermería de emergencia de los toreros.

Se da a conocer que el propietario del inmueble lanzó a un equipo de 75 hombres al ruedo casi antes de que dejara de arder, para limpiar para la corrida del domingo por la tarde, con la torera estadounidense Bette Ford. Un inspector de seguridad dijo que las partes de hormigón del redondel y las gradas de madera del lado norte estaban intactas y seguras.

El incendio fue descubierto alrededor de las 3:00 de la mañana y fue completamente controlado unos 45 minutos más tarde, los portavoces del Departamento de Bomberos de Juárez dijeron que 12 elementos habían luchado contra el incendio con mucha presión de agua, pero no se tuvo al momento la estimación de daños monetarios.

Holguín hizo planes para empezar a reconstruir el redondel dañado el lunes o el martes. “Comenzaremos tan pronto como tengamos el permiso”, explicó.

Sobre el incendio, se dijo entonces que ese día habían encontrado pruebas de que un trapo empapado con gasolina fue lanzado a las gradas de madera seca y había iniciado el fuego que se propagó rápidamente.

Debajo de las gradas, el fuego hundió los techos de chapa de hierro, carbonizó las vigas, dañó la enfermería de emergencia de los toreros en el lado oriente soleado y tres taquillas, se informó.

Sánchez Soledad explica que la Plaza Alberto Balderas, con un aforo de 7 mil 500 localidades, se inauguró el 5 de mayo de 1957 con una corrida en la que se presentaron toros de La Punta, lidiados por Alfredo Leal, Manuel Capetillo y Fernando de los Reyes “El Callao”.

Ciudad Juárez gozaba entonces de ambiente taurino y ese mismo año, meses después se inaugura la Plaza de Toros Monumental; había tardes de toros en ambas plazas, dice el representante de Tauromaquia Mexicana en la entidad.

Años más tarde, comenta, la empresa Espectáculos Taurinos de México adquiere la Plaza de Toros Alberto Balderas, de la que su actual propietario es Alberto Bailleres, y en 1971 llega a un acuerdo con Salvador López Hurtado para las temporadas en la Monumental hasta que la derrumbaron en el 2005.

El 8 de abril de 2007, Espectáculos Taurinos abre de nuevo la plaza Alberto Balderas lidiando encierro de San Miguel con Eulalio López “El Zotoculo”, que alterna con Rafael Ortega y Arturo Macías.

Cuando fue construida la actual plaza, los empresarios que la levantaban no quisieron dejar la oportunidad de rendir homenaje al desaparecido ídolo del aficionado mexicano y le dieron su nombre al inmueble, se narra en la biografía del matador.

La muerte de Balderas sucedió después de haber cumplido con una gran faena a su toro en suerte; Balderas se encontraba dentro del burladero cuando percibió que el toro se dirigía a embestir con malas intenciones al diestro mexicano Andrés Blando, cuando éste se disponía a pedir el cambio de tercio al juez de la plaza, muleta y toledana en mano.

Fue en ese breve instante cuando Alberto Balderas, como buen compañero y amigo del alternante, le llamó la atención al burel con el capote, es decir, “lo tocaba” en términos taurinos, y el de la ganadería de Piedras Negras de 516 kilos, color negro meano, ligero, en vez de caer en el engaño, hizo por el cuerpo de quien hacía el quite.

El toro enganchó a Balderas con el pitón derecho sobre la axila izquierda, lo zarandeó varias veces por el viento hasta que le infringió la cornada mortal al lesionarle órganos vitales del vientre, de tal manera que cuando el torero cayó a la arena prácticamente había muerto. 

El trágico hecho ocurrió el 29 de diciembre de 1940, cuando la fiesta brava a partir de entonces estuvo de luto, dicen los miembros de la tauromaquia. 

lcano@redaccion.diario.com.mx