El Paso

Narra primera dama legado de ‘La Lydia’

A través de las historias de líderes y ex alumnos, Adair Margo da cuenta del impacto positivo que ha tenido el instituto en la ciudad, la región... y el mundo

Jaime Torres / El Diario de El Paso / A través de las historias de líderes y ex alumnos, Adair Margo da cuenta del impacto positivo que ha tenido el instituto en la ciudad, la región y el mundo
Jaime Torres / El Diario de El Paso / Con más de 100 páginas y estructurado en 14 capítulos, el libro presenta a los personajes que han contribuido a la formación de miles de estudiantes
Jaime Torres / El Diario de El Paso / “La escuela es una joya que merece brillar por el impacto que ha tenido no sólo aquí sino en todo el mundo”, Adair Margo, primera dama de El Paso
Jaime Torres / El Diario de El Paso / Busto de la inspiradora del instituto, Lydia Patterson, en el interior del plantel
Jaime Torres / El Diario de El Paso / La primera dama dijo sentirse orgullosa por la publicación y demostrar una vez más su arraigo y amor por la frontera
Jaime Torres / El Diario de El Paso / La escritora al recorrer los pasillos de la escuela

Jaime Torres / El Diario de El Paso

domingo, 24 mayo 2020 | 06:00

“Voces de La Lydia”, un libro de la primera dama de El Paso, Adair Margo, escrito en primera persona, narra la historia y el legado de una de las instituciones educativas más conocidas de la ciudad, fundada aquí a principios del Siglo XX, bajo la doctrina de la Iglesia Metodista Cristiana.

Visiblemente contenta y orgullosa de su primer libro, la esposa del actual alcalde, Dee Margo, dijo sentirse emocionada de poder transmitir los acontecimientos históricos originados a lo largo de 100 años en las aulas y pasillos del plantel, inaugurado el 14 de septiembre de 1914.

Ella recordó que desde que era niña escuchaba el nombre del Instituto Lydia Patterson. Por entonces su madre trabajaba como voluntaria en el Segundo Barrio y la llevaba con ella, y en ocasiones iban a la escuela, ubicada en el 517 South Florence.

Sin embargo fue hasta 1998, cuando su amiga Laura Bush –entonces primera dama del estado de Texas– acudió como oradora principal a la ceremonia de aniversario número 85 de la fundación del instituto, que conoció la labor que desarrollaba la institución en la franja fronteriza.

Allí, dijo Margo, comprendió a plenitud el sacrificio que hacían esos jóvenes al cruzar la frontera todos los días para asistir a clases, pero sobre todo vio cómo su amiga hacía honor a la escuela que su iglesia apoyaba a través de las ofrendas misioneras que sus propios padres patrocinaban desde Midland, Texas.    

“Sus palabras me llevaron a interesarme y conocer más de su historia y profundizar en la aportación social que brindaba a la comunidad, en especial a los jóvenes inscritos, radicados en su mayoría en Ciudad Juárez, que estudiaban y aprendían al mismo tiempo el idioma inglés”, dijo la embajadora de la cultura, nacida y criada en esta ciudad.

El instituto, considerado como uno de los logros sobresalientes del Metodismo, era apoyado por una región de ocho estados: Texas, Nuevo México, Oklahoma, Kansas, Nebraska, Missouri, Arkansas y Louisiana.

“Cada vez que entraba veía a estudiantes bien vestidos con uniformes granate y azul marino que entraban y salían de las aulas, comían en la cafetería y hablaban de ‘La Lydia’ en español y en inglés”.

“Había sonrisas en sus rostros y caminaban con rapidez mientras los miraba”, dijo luego de recordar al director de actividades estudiantiles enseñarle a una niña tarahumara cómo limpiar el mostrador.

Manifestó que después de la visita de Laura Bush, quien seguido venía a ver a sus abuelos en Canutillo y cruzaba la frontera con frecuencia, se involucró de lleno con el plantel e invitaba a los estudiantes a eventos en su galería de arte, para ayudar con la recaudación de fondos.

Recordó nostálgica que cuando caminaba por el pasillo principal, admiraba los retratos de John Corbin, Lawrence Reynolds y Lydia Patterson.

Primer centenario

Explicó que al acercarse el centenario del Instituto, la presidenta, Socorro de Anda, le preguntó quién podría escribir su historia, por lo que de inmediato aprovechó la oportunidad. “Yo quiero, yo quiero”, expresó emocionada y segura que con ello aprendería más de su historia.

“Mi deseo era crear un libro hermoso que combinara arte e historia y fuera digno de la escuela. Una gracia salvadora fueron los ‘Doce Viajeros por el Paso del Norte’ de Tom Lea, publicados en 1947, un atemporal de la historia ilustrada de El Paso que utilicé como prototipo”, afirmó.

Aunque no había incursionado en la escritura, se rodeó de personas con conocimiento en la materia y puso en práctica sus habilidades luego de tener una experiencia como articulista en un periódico local.    

Manifestó que con la ayuda de los directivos pudo seleccionar a 13 hombres y mujeres, que aunque con diferentes logros, dejaron una amplia huella en la escuela. “Cada uno puede considerarse un símbolo de un capítulo diferente en el desarrollo del instituto”, dijo.

Trabajo arduo

Después de localizar fotografías de cada persona (que no fue trabajo fácil –encontrar una de Millard Patterson, el héroe del libro, tomó más de un año–), le pidió al reconocido artista chicano Gaspar Enríquez que ilustrara sus retratos.

Cada personaje histórico comparte historias reales sobre los fundamentos del Metodismo y la vida de la escuela, expresando hechos que sabían o podrían haber sabido.

“En poco tiempo me di cuenta de la gran riqueza histórica a través de las voces inspiradoras de sus estudiantes, en su mayoría migrantes, reflejo del éxito y la contribución aportada por la escuela a la sociedad a lo largo de los años”, expresó.  

En su narrativa, afirmó que toda esa riqueza fue aportada por toda la gente que pasó por sus puertas, y quienes dejaron un poquito de ellos mismos, “era una familia por más de 100 años y con el tiempo eran como una sola persona”.

Con la publicación dijo sentirse orgullosa y demostrar una vez más su arraigo y amor por la frontera. “Porque soy de El Paso, mi mamá y mis abuelos eran de aquí, y el vivir aquí es un privilegio porque enriquece nuestras vidas. Cuando hay diferente lengua, diferente modo de vida y diferente historia, entendemos cómo trabaja el mundo”.

El libro, de más de 100 páginas y estructurado en 14 capítulos, presenta a los personajes que han contribuido a la formación de miles de estudiantes de las diferentes generaciones.

La amante de la cultura binacional hace, a través de las historias de líderes y estudiantes que la vivieron, una descripción del instituto durante el siglo pasado al tiempo que muestra a El Paso en su máxima expresión y el poder positivo de la fe en la transformación de las comunidades.

Señaló que este libro tiene algo más allá del valor puramente histórico porque muestra lo que la filantropía estadounidense y la caridad cristiana pueden lograr juntas.

Un gran legado

En “Voces de La Lydia”, los fundadores, administradores, profesores, estudiantes y ex alumnos cuentan sus comienzos como escuela ministerial para niños mexicanos, su provisión para refugiados de la Revolución Mexicana, su programa de inglés como segundo idioma y su éxito actual como escuela preparatoria a la universidad mixta.

En sus aulas, donde se fusionan dos culturas y se entrelazan las sociedades de ambos países, se han formado hombres y mujeres que ahora ocupan posiciones de alta responsabilidad en diferentes ciudades del mundo.

Lo que comenzó como una escuela para niños mexicanos, principalmente aquellos que estudiaban para el ministerio, se convirtió en una escuela mixta acreditada que atendía principalmente a estudiantes de Ciudad Juárez.

En sus páginas, el libro también recoge los testimonios de los hombres y mujeres que influyeron en la formación de los ahora líderes de fe bajo la filosofía metodista cristiana.

Uno de los capítulos fue destinado para honrar el legado de estudiantes exitosos y agradecidos por haber tenido la oportunidad de pasar por la institución, ellos mismos cuentan la grandeza de ese edificio diseñado por el célebre arquitecto Henry Trost y construido por H.T. Ponsford and sons, en el año 1913.  

“La escuela es una joya que merece brillar por el impacto que ha tenido no sólo aquí sino en todo el mundo”, dijo Adair Margo mientras observaba y sostenía el libro en sus manos.

Entre los testimonios están las historias de la ex primera dama Laura Bush, el filántropo Millard Patterson, el arquitecto Henry Trost, la directora Ada Ross Stevenson, la maestra Mary Watson y los reverendos John Wesley y John Corbin, entre otros.

Además se incluyó al artista mexicoamericano José Cisneros, quien llegó a Ciudad Juárez en 1925 después de sufrir los estragos de la Revolución Mexicana, y al artista cómico mexicano Tin Tan, ambos alumnos de “La Lydia”.

Margo dijo que para contextualizar las historias agregó personajes históricos utilizando biografías y diversas fuentes, las cuales forman parte del volumen e invita a consultarlas para tener una visión más amplia de cada uno de los relatos.  

Su historia

La escuela misionera metodista cariñosamente llamada “La Lydia” por sus alumnos, construida al término del Porfiriato y en plena Revolución Mexicana, inició como una escuela para formar a misioneros para predicar el evangelio de Cristo en México.

En esa fecha México convulsionó cuando los refugiados huyeron hacia el Norte. Los ricos se mudaron a hoteles o alquilaron grandes casas en la ladera de la Montaña Franklin. Sin embargo los pobres, que huían sólo con la ropa que llevaban puesta, se asentaron cerca del borde del río Grande.

“La Lydia fue construida en medio de los pobres”, afirmó Margo, tras enfatizar que los descendientes espirituales de John Wesley, el padre del metodismo, prefirieron servir a los pobres que predicar entre los ricos.

Añadió que los metodistas estaban en todas partes, transformando la desesperanza en vidas decididas.

En el Segundo Barrio, establecieron iglesias, clínicas y escuelas, mitigando el sufrimiento de la Revolución Mexicana y evitando su propagación.

Cuando se abrieron las puertas del Instituto Lydia Patterson, los visitantes ingresaron a través de un edificio de dos pisos con amplias habitaciones y pisos de madera encerada.

“Era como la YMCA mexicana en los Estados Unidos, con literatura, canchas de basquetbol, pero con el tiempo se adaptó a las necesidades de las familias que requerían aprender el idioma inglés”.

Aunque la misionera Lydia Patterson nunca se involucró, pues falleció de cáncer en 1909, su esposo Millard Patterson donó los 75 mil dólares para construir el edificio, nombró a la escuela en honor a su esposa y colocó una escultura de ella en el patio principal.

A principios de la década de 1960 el edificio original fue demolido para dar soporte a las nuevas necesidades académicas y las nuevas instalaciones estuvieron listas en 1964.

De acuerdo a directivos del plantel, la escuela cuenta con una matrícula de más de 250 alumnos, de los cuales el 95 por ciento graduará de la universidad, lo que representa una satisfacción para sus mentores.

Como reconocimiento a su labor, en 2018 el Instituto Lydia Patterson fue declarado sitio histórico por la Comisión General de Archivos e Historia de la Iglesia Metodista Unida.

“Cada vez que me encuentro con una estudiante de Lydia Patterson, y que a menudo visitaban mi galería, puedo sentir su promesa y gratitud por haber tenido una oportunidad”, dijo.

“El Instituto Lydia Patterson existe para el beneficio de la humanidad, mejorando la vida de las personas que luego mejoran la vida de los demás, cosechando recompensas exponenciales que han tocado todas las partes del mundo”, concluyó la escritora, quien se pronunció por la edificación de escuelas formadoras de hijos de Dios, como lo hace “La Lydia”.

jtorres@diariousa.com

FRASE

“Cada vez que entraba veía a estudiantes bien vestidos con uniformes granate y azul marino 

que entraban y salían de las aulas, y hablaban de ‘La Lydia’ en español y en inglés”

Adair Margo,

primera dama de El Paso

GRAN SATISFACCIÓN

250 alumnos

conforman la matrícula actual

95%

de los estudiantes gradúa de la universidad