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Opinión

Cultura de la paz para el buen vivir

Puede empezar con un té

Cuando escuchamos frases como “alcanzar la paz”, “vivir en paz”, “darnos la paz”, acostumbramos a pensar en la paz como una meta, como un objeto o desenlace que, tras mucho esfuerzo

Andrés Serrano
Psic. clínico

lunes, 05 diciembre 2022 | 06:00

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Cuando escuchamos frases como “alcanzar la paz”, “vivir en paz”, “darnos la paz”, acostumbramos a pensar en la paz como una meta, como un objeto o desenlace que, tras mucho esfuerzo, finalmente se consigue para liberarnos de una vez y por todas de todo aquello que perturba nuestra existencia. Quizá sea por esto por lo que, en ocasiones, regresemos a ver al camino recorrido, recordando todos los esfuerzos realizados como personas, como sociedades, como especie y, al contrastarlos con las noticias publicadas en los medios de comunicación, con el estado de nuestras ciudades, con las situaciones que aquejan a nuestro planeta, perdamos inmediatamente la fe en este estado que no llega, en este objeto que aún no logramos materializar y que, aparentemente, cada día hace más falta: la paz. 

El día de ayer escuchaba un capítulo muy interesante en Radio Semilla, el podcast de la Red de Guardianes de Semillas (labor sumamente importante que quedará pendiente de discusión) llamado Construyendo Comunidades de Paz. En este capítulo, el invitado Br. Phap Huu habla sobre la paz, el legado, su profesor y recientemente fallecido maestro Zen Thich Nhat Hanh (enero, 2022) y la construcción y desarrollo de comunidades de paz. Las enseñanzas que compartió Thich Nhat Hanh a lo largo de su vida son inspiradoras contribuciones en las reflexiones sobre la paz tanto para Oriente como para Occidente. Entre muchísimas de sus aportaciones (la creación de la comunidad de Plum Village, la creación del Budismo comprometido, sus libros, sus conferencias y enseñanzas, su nominación al premio Nobel de la Paz a petición de Martin Luther King, etc.) podemos mencionar que Thich Nhat Hanh fue el pionero de la venida de lo que ahora se conoce como “Mindfulness” a Occidente. Este estado, favorecido por la respiración y la meditación, se conoce como plena conciencia y permite a las personas “vaciarse” de muchas cosas que están zumbando dentro y fuera de nuestras cabezas y que nos arrancan del aquí y el ahora. El maestro fue más allá y planteó la caminata con plena conciencia, que es el moverse instaurados en el presente, atentas y atentos de nuestra energía, corporalidad y del “interser”, al cual resumiremos como lo relacional en términos temporal y espacial, que nos vincula con toda la creación. Para Thich Nhat Hanh, y es una de las frases que resonó en mí durante el episodio, “si quieres paz, tienes que ser paz. La paz no es una esperanza, la paz es una acción”. 

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Este pensamiento va decantándose en mí. En el episodio decían que incluso tomar el té puede ser un acto de paz y creo que es cierto. Si logramos permitirnos contemplar esa taza, a nosotros y nosotras mismos mientras la tomamos y podemos llenarnos de alegría y contagiarla, habremos habitado la paz y al mismo tiempo, la habremos permitido habitarnos. Es cierto que alrededor las cosas pueden estar cayéndose a pedazos y también es cierto que, aparentemente, una taza de té parece no ser trascendental, pero me rehúso a creer que la existencia de la violencia pueda obligarme a renunciar al intento de sostener la paz en cada sorbo, día a día. La paz no es una esperanza, es una acción.

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Cultura para la Paz es un proyecto de El Diario de Juárez en alianza con el Tecnológico Nacional de México, campus Juárez, el Comité de Pacificación y Bienestar Social (Copabis) y el Centro Familiar para la integración y Crecimiento A. C. (CFIC).

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