Opinión

Parece que no entendimos

A partir de hoy y hasta el 12 de diciembre, el estado de Chihuahua regresa al semáforo amarillo en el medidor epidemiológico

José Luis García
Analista

lunes, 29 noviembre 2021 | 06:00

A partir de hoy y hasta el 12 de diciembre, el estado de Chihuahua regresa al semáforo amarillo en el medidor epidemiológico. Parece que no entendimos. Una y otra vez, las advertencias fueron como un llamado a misa, cuando, responsablemente, debimos atender el tema de forma prioritaria.

En un esquema por demás riesgoso, cuando el semáforo nos dio luz verde, relajamos la disciplina, quisimos salir a las calles como si nada pasara, nos quitamos el cubre bocas, dejamos de lavarnos las manos, atiborramos las tiendas y, lo más grave: la sana distancia desapareció como por arte de magia.

Quisimos regresar a una normalidad que ya no existe, a un escenario donde los riesgos de contagio se convirtieron en esa convivencia descomunal, como si alguien nos gritara: “¡Vengan, vamos a matarnos todos!”. Aquí están las consecuencias. Desde hoy y durante dos semanas, tendremos que repetir la materia, como en la escuela, porque reprobamos algo tan simple, pero a la vez tan delicado, que nunca nos dimos cuenta -o no quisimos- que la muerte está volviendo a tocar la puerta de nuestros hogares.

Hasta ahora, el avance del proceso para inmunizar a la población es importante. Aún así, las autoridades han insistido en que a pesar de la vacuna, nada, absolutamente nada, puede volver a la normalidad. Pero nada es eso: ¡nada! Y no entendimos.

Han pasado casi dos años desde que en todo el mundo las cosas cambiaron. Nos quedamos en casa lo más posible, se cerraron escuelas, templos, salones de fiestas, estadios deportivos, pero también, lo hemos dicho una y otra vez, la pandemia lastimó severamente nuestra economía.

Creo que de algo debemos estar seguros: jamás volveremos a esa normalidad que, por cierto, fue la que nos llevó al mayor número de contagios y muertes. No podemos regresar a esa vida “normal”, porque sería un grave error volver a lo mismo. Tenemos que sacrificar algo para encontrar soluciones.

Las personas debemos renunciar necesariamente a una cosa para conseguir otra y creo que esta sentencia está en la lógica de cualquier ser humano. ¿Queremos volver a la normalidad de golpe y porrazo? ¡Cuidado! Necesitamos sacrificar no una, sino muchas cosas para regresar a una normalidad que ya no será la misma, ni de chiste. En el mejor de los escenarios, habrán de pasar varios meses para que, al menos en México, podamos disfrutar de todos los privilegios que antes, naturalmente, teníamos.

 Pero en vez de hacer caso a las simples recomendaciones, nos volvimos omisos y hasta irresponsables y si seguimos así, no nos sorprenda de pronto un color rojo en. El semáforo de salud. No quisimos sacrificar algo tan sencillo como era cuidar nuestra propia salud y la de los demás, y ahora aquí vienen las consecuencias.

¿Qué vamos a sacrificar para ir paso a paso a la normalidad? Por lo pronto esperar -pero en serio- esperar a que el semáforo que indique la autoridad nos permita entrar en las actividades de nuestra agenda diaria. Todos queríamos salir, volver a la jornada laboral, sostener reuniones familiares o con amigos. Y lo hicimos de forma irresponsable.

 Y quizá no nos hemos dado cuenta el gran respiro que le dimos a la naturaleza. Algunos países altamente desarrollados exigen a sus habitantes, no de ahora, sino de siempre, protecciones comunes que garantizan la sana distancia y evitan contagios ya no del Covid: de cualquier padecimiento.

 Pero no entendimos. Volvimos a hacer largas filas en los bancos, las aglomeraciones en las tiendas y supermercados o los tianguis en colonias populares, para darnos cuenta que ni tenemos la cultura del respeto a la salud, ni queremos hacer caso a la autoridad. No estamos dispuestos a sacrificar nada, porque no tenemos de cerca la muerte, así de simple, así de sencillo. Pero hoy volvemos al amarillo porque pensamos que la vacuna era suficiente.

 Estoy de acuerdo en que el tiempo que llevamos en casa tiene ya consecuencias en lo económico, en lo social y hasta en lo mental, pero aquí empieza precisamente, el sacrificar algo menor para lograr lo que todos buscamos: la salud comunitaria.

 Es lamentable que esa actitud de “hágase tu voluntad en los bueyes de mi compadre” sea hoy el común denominador de quienes necesitamos regresar a la normalidad, sí, pero a la normalidad todos juntos, para salir bien librados de una crisis que nos afecta por parejo y que no distingue estatus económico, ni edades.

 ¿Sacrificar qué? ¿Qué me toca? ¿Qué estoy dispuesto a hacer para que todos nos beneficiemos? Primero… ¿es muy molesto llevar el cubre bocas unas semanas más? ¿Me cuesta mucho mantener la sana distancia? ¿Puedo evitar reuniones masivas? ¿Puedo hacer que mi hijo (a) mantenga sus clases de manera virtual?

 Si estos sacrificios menores nos llevan a obtener algo importante, entonces esa es precisamente la ley del sacrificio, porque no podemos tener todo a la vez. Y si queremos recuperar el verde, entonces, damas y caballeros, está en nuestras manos.

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