Opinión

La otra cara del Campo Algodonero

La realidad fue que el 6 y 7 de noviembre de 2001 aparecieron en el campo algodonero ocho cuerpos de mujeres y no solo tres, cada una de ellas desapareció en fechas y lugares diferentes, y eran mujeres jóvenes y de escasos recursos

Ma. Guadalupe Mancha Valenzuela
Abogada

sábado, 27 noviembre 2021 | 06:00

En mi artículo anterior, les platiqué de la Sentencia del Campo Algodonero, en la cual se condenó al Estado Mexicano por la violación de los derechos a la vida, a la integridad personal, a la dignidad, a las garantías judiciales, a los derechos de los niños, niñas y adolescentes, al derecho a la protección judicial y el incumplimiento a prevenir la violencia hacia las mujeres. 

Sin embargo, en dicha sentencia solo se mencionan las muertes de Laura Berenice Ramos Monárrez, Claudia Ivette González y Esmeralda Herrera Monreal, pero la realidad fue que el 6 y 7 de noviembre de 2001 aparecieron en el campo algodonero ocho cuerpos de mujeres y no solo tres, cada una de ellas desapareció en fechas y lugares diferentes, y eran mujeres jóvenes y de escasos recursos. 

Las otras cinco mujeres fueron identificadas como María de los Ángeles Acosta Ramírez, Mayra Juliana Reyes Solís, María Rocina Galicia, Merlín Elizabeth Rodríguez Sáenz y una de ellas fue imposible de identificar, los ocho cuerpos contaban con huellas de tortura, mutilaciones y con evidente violencia sexual, mujeres que fueron hijas, hermanas, madres de alguien, mujeres que no se mencionan en la sentencia, pero que también murieron por la misma razón, por ser mujeres.

El caso del campo algodonero, además de ser emblemático para la ciudad y usado como estandarte en la lucha social por las mujeres, es considerado el antecedente más importante para la tipificación del delito de feminicidio en nuestra legislación.

En la celebración del 25 de noviembre día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra las Mujeres, nos lleva a realizar un análisis del porqué continúan las mujeres sufriendo violencia, violencia que podemos describir que sucede en el ámbito familiar, laboral, docente, digital, mediático, político y feminicida. 

La situación de la mujer en Ciudad Juárez continúa estigmatizada, ya que aún se etiqueta a la mujer como inferior y codependiente económica, emocional y socialmente de un hombre, basado en estereotipos relacionados con la maternidad, la histeria y la debilidad, estereotipos que colocan al hombre como proveedor y protector de la mujer, dejándola a ella como responsable de las labores domésticas y de la crianza de los hijos, y cuando alguna mujer quiere romper con estas construcciones sociales se desencadena una serie de conductas individuales que pueden convertirse en delitos.

Lo anterior, se ha hecho presente en la ciudad desde hace décadas, con la llegada de las maquiladoras, empresas cuya mano de obra es en su mayoría femenina, abrieron la posibilidad a que las mujeres empezaran a trabajar y ser independientes, dejando un poco de lado las labores del hogar, tomando así un papel de suma importancia para la economía juarense y sobre todo para la economía de sus familias, pasando de ser amas de casa a proveedoras y con esto desplazando a los hombres de su papel como jefe de familia, en la actualidad este desplazamiento no ha sido aceptado del todo por el sexo masculino que continúa creyendo que es superior respecto a la mujer. 

Especialmente el 25 de noviembre, se busca visibilizar todos aquellos casos en los que la mujer ha sido víctima de alguna clase de violencia, se busca crear conciencia acerca de datos tan dolorosos como es que cada año en el mundo 64 mil mujeres y niñas son asesinadas, y que en México al día son asesinadas nueve mujeres.

Se elige usar el color naranja como símbolo del futuro brillante y optimista de tener una vida libre de violencia, pero ojalá y no solo nos vistiéramos del color naranja, sino que realmente las cosas cambiaran y pusiéramos fin a la historia del campo algodonero y las muertas de Juárez.

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