Opinión

De nuevo amarillo en esta pandemia del miedo

A partir de hoy, el color amarillo vuelve por quinta ocasión en 19 meses a Chihuahua

José Luis García
Analista

lunes, 18 octubre 2021 | 06:00

A partir de hoy, el color amarillo vuelve por quinta ocasión en 19 meses a Chihuahua, en ese semáforo que ha sido manoseado más por intereses políticos que por la lógica de atender con decisión los efectos de la pandemia a casi dos años de su aparición.

Y con este amarillo, en la antesala de la apertura para actividades no esenciales de los puentes y cruces fronterizos anunciado por el Gobierno norteamericano, de nueva cuenta regresa la incertidumbre y el miedo. No es broma: hay miedo de nuevo, porque no se maneja con seriedad el tema, mucho menos con información sólida.

La mayor parte de las personas sabemos que el miedo es una sensación de angustia, provocada por la presencia de un peligro o amenaza ya sean reales o imaginarios; decían nuestros abuelos que el mayor miedo llega cuando la oscuridad se apodera de una persona, porque hay un ambiente totalmente desconocido.

Le tememos a lo que no conocemos. El solo hecho de no ver absolutamente nada a nuestro alrededor, en un momento de total oscuridad, es motivo suficiente para sentir miedo. El anuncio del color amarillo en el semáforo epidemiológico, es presagio de negros nubarrones que nada bueno advierten.

Si bien el miedo es una emoción que reconocemos a través de cambios fisiológicos relacionados con el sistema nervioso, su sentido básico es el de protegernos ante estímulos peligrosos; el problema viene cuando los humanos sacamos de contexto el carácter innato del miedo y lo convertimos en imaginación y terribles fantasías.

Y la imaginación es la facultad humana para representar mentalmente sucesos o imágenes que en la realidad no existen o, en el peor de los casos fueron, pero ya no están presentes. Como sea, el miedo se apodera de cualquiera de nosotros y nos puede llevar a extremos imaginarios tales, que nos hace construir en la mente el peor de los sucesos, aunque no ocurra. El miedo traiciona y nos hace tener comportamientos a veces inverosímiles.

Este es el caso de las pandemias. Luis Maroto escribió en el diario El País, en febrero de 2020, que el miedo nos hace actuar irracionalmente y anular nuestra capacidad de pensar, si no somos capaces de controlarlo. Puede ser incluso –dice Maroto– un arma de dos filos contra la sociedad y la libertad de uno mismo, porque nos debilita y nos hace vulnerables a manipulaciones de todo tipo. “Dudar y pararse a pensar, pueden ser buenos antídotos, para que no hagan de nosotros seres humanos asustadizos y cargados de temores, cuando se nos habla de una pandemia o un contagio mundial”. Porque el miedo, afirma, sí es una verdadera pandemia.

El tema viene al caso por la proliferación de informaciones sobre el último golpe de contagios, que obligaría al Estado mexicano a decretar amarillo en Chihuahua, cuando la zona fronteriza, Ciudad Juárez, principalmente, se alistaba para retomar su natural actividad con el vecino país, desde las simples compras hogareñas, hasta los negocios trasnacionales.

Pero de pronto, una vez más viene la inyección del miedo. Se trata, por supuesto, de la forma mal aplicada de la comunicación. Pero no es el coronavirus lo único que le ha pasado a la humanidad en temas de contagios. Brevemente veamos algunos ejemplos de epidemias que han azotado al mundo desde hace miles de años. No es un relato cronológico, simplemente de referencias históricas:

La plaga de Atenas, en el año 429 AC mató a 150 mil personas, un tercio de la población, mientras que en el año 166 la peste antonina llega a Roma y se extiende a todo el territorio matando a 5 millones de seres humanos; en el 252, la peste de Cipriano procedente de Etiopía, cruza Egipto y el norte de África, llegando a Roma y dejó sin vida a 3 millones de personas.

La viruela, que se cree apareció hace 10 mil años, mató a 300 millones de personas. La vacuna se produjo en 1796 y hoy se considera erradicada. El sarampión provocó la muerte, hasta hoy, de más de 200 millones de seres humanos, pero dicho padecimiento se conoce desde hace 3 mil años y no ha sido erradicado.

La gripe española, que fue registrada entre 1918 y 1920, tan sólo en esos dos años mató a casi cien millones de personas, mientras que, con la peste negra o bubónica, murieron 75 millones de personas durante la mitad del siglo XIV. Luego aparece, ya en la era moderna y de manera fulminante, el VIH, considerada como la quinta pandemia más importante del mundo y que ha provocado la muerte de más de 25 millones de personas en todo el planeta; fue descubierta por Luc Montagnier en Francia.

La historia ubica también la plaga de Justiniano que empezó en el siglo VI en el imperio Bizantino y mató a 25 millones de personas en el Mediterráneo; la llamada “tercera pandemia” empezó en el siglo XIX, en la provincia de Yunnan en China y apenas en una década mató a 12 millones de personas.

La tifus apareció en los siglos XIX y XX con brotes principalmente en Haití y que hasta la fecha ha cobrado la vida de 3 millones de personas; la gripe de Hong Kong en 1957, dejó un millón de muertos… pero la historia nos refiere más, muchas más pandemias y epidemias que la ciencia moderna ha podido enfrentar, pero no en todos los casos.

Cuando pensábamos que el avance en el combate al coronavirus era frontal, de pronto el amarillo nos recuerda que, además de los contagios, hay un asunto que tiene que ver con el miedo. Y parece ser que la pandemia del miedo es más poderosa que el mismo virus. 

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