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Opinión

Así las cosas con el aumento en el salario mínimo

A lo largo de la historia, hemos podido ver con cierto detenimiento, como los presidentes van viviendo una curva de poder y, sin ser deterministas, podemos analizar sus actos acorde a esa situación ante el poder

Armando Cabada
Político

lunes, 05 diciembre 2022 | 06:00

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A lo largo de la historia, hemos podido ver con cierto detenimiento, como los presidentes van viviendo una curva de poder y, sin ser deterministas, podemos analizar sus actos acorde a esa situación ante el poder. De esa manera, podemos ver que hacia el final de su mandato la gran mayoría vive una pérdida de popularidad que los hace no involucrarse en situaciones complicadas.

El caso del expresidente Enrique Peña Nieto es emblemático en cuanto que ante la falta de popularidad y en medio de señalamientos de corrupción, hubo un vacío de poder que se manifestó como una ausencia de presidente en los últimos meses del 2018, específicamente desde la elección hasta la toma de poder del actual presidente.

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Bajo ese panorama, me gustaría analizar, queridos lectores, la manera en que la estrategia de revaloración del salario mínimo ha sido una apuesta interesante de la presente administración federal y, que más allá de estar en el cuarto año de gobierno, se mantiene sin variaciones en la vida de la 4T.

El salario mínimo, según el artículo 90 de la Ley Federal del Trabajo dice “El salario mínimo es la cantidad menor que debe recibir en efectivo el trabajador por los servicios prestados en una jornada de trabajo. El salario mínimo deberá ser suficiente para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia en el orden material, social y cultural, y para proveer a la educación obligatoria de los hijos. Se considera de utilidad social el establecimiento de instituciones y medidas que protejan la capacidad adquisitiva del salario y faciliten el acceso de los trabajadores a la obtención de satisfactores”.

Durante mucho tiempo, las administraciones federales fueron partícipes de la degradación del poder adquisitivo del salario mínimo, de tal manera que hasta peyorativamente se utilizaba el término para criticarlo y seguir de largo. Sin embargo, el Presidente Andrés Manuel López Obrador tomó el asunto con toda la seriedad y ha iniciado y mantenido una política salarial que está empezando a rendir frutos.

En ese sentido, podemos ver que el presidente tiene unos ideales comprometidos con los más vulnerables y con apoyar hasta donde sea posible el desarrollo de aquellos que más necesidades tienen, así lo demuestra la medida de aumento del 20 por ciento al salario mínimo. 

Por supuesto que hay detractores de esta decisión, acusando que ante el vaivén inflacionario que vivimos, no solo en México, sino a nivel mundial, representa un riesgo que puede desatar aún más fuerte la inflación. Eso, queridos lectores, fue algo que ya habíamos escuchado en 2019, cuando se dio el programa de estímulos para las zonas fronterizas, donde se redujo el IVA del 16 al ocho por ciento y un incremento al salario.

Algo que se debe reconocer, aun por los más radicales pensadores de la oposición, es que el incremento salarial en este gobierno de la cuarta transformación ha sido el más alto de los últimos 40 años y que no existe un rasgo inflacionario producto de estos incrementos.

Seguramente muchos podrán decir que el salario mínimo no es representativo de las grandes masas poblacionales del país, sin embargo, debemos hacer notar que los incrementos salariales, inciden directamente en el nivel de cotizantes del Instituto Mexicano del Seguro Social, provocando que también tengan una recuperación salarial.

Por otro lado, debemos recordar que más allá del nivel de aumento, es importante retomar el poder adquisitivo del salario mínimo, es decir, que se pueda comprar lo necesario con ese salario. Pero estamos claros que la política salarial de la administración federal ha provocado que el salario promedio diario de las personas que cotizan en el IMSS se incremente y, que la tendencia siga firme en ese incremento.

A dos años de terminar la administración federal, estamos ante una situación que realmente ha brindado beneficios a la población en general, esperamos que se mantenga y que esta política salarial sea una constante de todos los gobiernos en el futuro.

Como he dicho en artículos anteriores, pretendo ser una persona ecuánime, porque eso es lo que realmente puede contribuir a un diálogo alejado de la polarización que no ayuda a nadie en el país. Sé también que hay muchas cosas por hacer y otras tantas que requieren una mejora sustantiva, pero, no puede tasarse todo con la misma medida.

A México le va bien cuando dialogamos y tratamos los casos particulares por separado de las generalidades y las etiquetas permanentes. Es bueno aceptar las cosas que se hacen bien y reconocer las cosas que se hacen mal. En ese sentido, la política salarial de la cuarta transformación ha sido exitosa.

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