Anecdotario de la Revolución

‘Ida al baño’ provocó conflicto entre coroneles

Giuseppe Garibaldi y Pancho Villa vivieron momentos de tensión antes de la Toma de Juárez; tras la intervención Madero todo volvió a la calma

Luis Carlos Cano C./
El Diario
martes, 19 noviembre 2019 | 06:00

“Yo no me meto con sus soldados y quiero que no se ande metiendo con los míos”, diría el coronel Francisco Villa al coronel italiano Giuseppe Garibaldi, cuando éste regañó y desarmó a un dorado villista que se atrevió a pasar por su campamento para ir al río Bravo a una necesidad fisiológica, mientras los contingentes de ambos esperaban cerca de la Casa de Adobe para la toma de Ciudad Juárez.

Luego de la derrota ante las fuerzas federales en Casas Grandes, Francisco I. Madero y los revolucionarios llegaron a Ciudad Juárez el 16 de abril de 1911, pero después de un tiempo se desesperaron y los tres jefes de grupo, Francisco Villa, Pascual Orozco y Giuseppe Garibaldi, comienzan a enojarse con Madero, además de que empieza a haber roces entre ellos.

Las tropas revolucionarias tenían como centro de reunión el Rancho Flores, lo que hoy es la Casa de Adobe, cerca del río Bravo, por lo que es en este caudal donde lavaban su ropa, se bañaban y también almohazaban (limpiar la caballería) a sus caballos.


El día en que Villa enfureció

Yes durante la estancia de las tropas en esta parte de Ciudad Juárez, antes de la toma de la plaza en mayo de 1911, que se registran incidentes entre los diversos contingentes guiados por los jefes revolucionarios Pascual Orozco, Francisco Villa y Giuseppe Garibaldi.

Fue precisamente durante esa espera que el 22 de abril de ese año hubo un incidente entre los coroneles Villa y Garibaldi, de acuerdo con información del Archivo Histórico de Ciudad Juárez, proporcionada por el investigador Carlos Hernández Durán.

Se dice que todo sucedió porque un soldado de Francisco Villa tuvo la osadía de atravesar por el campamento donde estaban los 100 filibusteros de Garibaldi.

El hombre iba con el propósito de satisfacer una necesidad de carácter fisiológico, o como dicen en el lenguaje popular, “a calzonear”; Garibaldi se molestó por este simple hecho, por lo que llamó, regañó y desarmó al soldado villista, y éste de inmediato se fue a ponerle la queja a su jefe.

“Coronel, con la novedad de que me desarmó el coronel Garibaldi”, le dijo el soldado a Villa.

¿Pues qué le hiciste, Juan”, cuestionó el Centauro del Norte.

“Nada, mi coronel, me desarmó únicamente porque atravesé por el medio de su campamento, cuando iba yo a la orilla del río a hacer una necesidad”, le respondió el soldado.

Villa se indignó y sobre una tarjeta escribió un pequeño recado, dándole la orden de que se la llevara personalmente a Garibaldi.

El escrito decía: “Señor Coronel G. Garibaldi. Yo no me meto con sus soldados y quiero que no se ande metiendo con los míos, si ellos cometen alguna falta dígamelo, que yo pondré remedio. Así que yo le exijo que le devuelva su arma y su parque inmediatamente. Atentamente Coronel Francisco Villa”.

Giuseppe Garibaldi recibió el mensaje pero no entregó nada, al contrario, al revés de la tarjeta escribió: “Señor Coronel Francisco Villa. Yo soy tan hombre como usted, no le entrego nada. Si quiere el arma y parque de su soldado venga por ellos. Atentamente Coronel Giuseppe Garibaldi”.

La contestación enfureció a Francisco Villa, por lo que de los hombres que tenía seleccionó a 30 y les explicó de lo que se trataba, leyéndoles el mensaje. Armados se dirigieron con su jefe al campamento de Garibaldi, que sombreaba con su centenar de hombres bajo un barranco.

Villa iba al frente, al llegar se encaró con el italiano, a quien con la mano izquierda le dio una cachetada y con la derecha le apuntaba a la cabeza con su pistola. Le exigió que le entregara su pistola, obedeciendo Garibaldi; luego ordenó a sus 30 hombres que desarmaran a los filibusteros, llevándose todas las armas y el parque al campamento villista.

Antes de retirarse, Villa le dijo a Garibaldi: “Ya les demostró Francisco Villa que él sí es hombre, no hablador, porque un mexicano no permite insultos en el extranjero y menos en su patria. Con 30 mexicanos lo he desarmado a usted y 100 más, y le advierto que nunca más se vuelva a atrever a meterse con los de mi raza”.

Garibaldi, que había sido soldado alquilado en las guerrillas de Transval, en África, y en las de Venezuela, acababa de ser humillado por un campesino del estado de Durango, dice la historia de este evento. Se fue a la Casa de Adobe a presentar su queja al jefe máximo Francisco I. Madero y éste mandó llamar a Villa a su campamento, a quien al verle llegar le dijo:

“Bien conocidas son mis intenciones de respetar todos los derechos del ciudadano, y uno de los principales en los actuales momentos es dar pruebas de disciplina, acatando las órdenes superiores y evitando murmuraciones que pueden traer la desunión y relajación del Ejército”.

“Te he dicho lo anterior, Pancho”, continuó; “porque Garibaldi se acaba de quejar conmigo, está sumamente disgustado porque lo desarmaste a él y a su tropa. ¿Por qué has hecho eso, Pancho”.

“Porque es un extranjero insolente”, contestó Villa.

“No importa que él sea extranjero”, le dice Madero, “eso tiene mayor mérito porque sin ser mexicano, ni su gente tampoco, están cooperando con nosotros para lograr el triunfo de la Revolución, con riesgo de su propia vida; has cometido un error”.

Lo hice por esto, dijo Villa, para enseguida sacar de su camisa la tarjeta y le pidió a Francisco I. Madero que la leyera y le preguntó “que hubiera hecho usted en mi lugar?.

“Bueno, bueno. Sí, ya veo que en parte tienes razón, pero déjame decirte, yo siempre te he agradecido que me hayas respetado y obedecido mis órdenes. ¿No es así Pancho?”, le dijo Madero en este diálogo que tuvieron en la Casa de Adobe.

“Así es, señor presidente, y así lo haré siempre”, le respondió Villa.

Con el fin de crear un ambiente de armonía entre los jefes revolucionarios que se preparaban para la toma de Ciudad Juárez, Madero le pidió a Villa que le devolviera sus armas a Garibaldi y a sus hombres, pero también que volvieran a ser amigos y buenos compañeros, dándose frente a él un abrazo de reconciliación. 

Villa aceptó la propuesta de Madero; Garibaldi y su gente recibieron las armas y parque que les habían quitado. Los dos coroneles se abrazaron y se estrecharon la mano. Tiempo después los dos lucharon coordinados junto con Pascual Orozco para la toma de Ciudad Juárez en mayo de 1911. (Luis Carlos Cano C. / El Diario)


Los hechos

• Un dorado de Villa atraviesa el campamento de Garibaldi para ir a la orilla del río a ‘hacer una necesidad’ 

• Garibaldi, molesto, regaña y desarma al soldado villista

• Villa se indigna y a través de un recado le exige que devuelva su arma  

• Garibaldi le contesta que vaya él por las cosas

• Villa, enfurecido, acude al campamento con 30 hombres y 

desarma al italiano y a  100 de sus soldados