Juárez
Ayer fueron 250 centroamericanos

Expulsan a migrantes bajo engaños

Al drama y el costo para llegar a EU se suma la desilusión al darse cuenta de que están de vuelta en México

Hérika Martínez Prado / El Diario de Juárez

Hérika Martínez Prado
El Diario de Juárez

viernes, 19 marzo 2021 | 09:50

Ciudad Juárez— “Nos engañaron, nos dijeron que no nos iban a deportar, que nos iban a dejar en libertad y que íbamos a donde nuestros familiares”, aseguró entre lágrimas y sentada en el piso abrazada de sus dos hijos frente a los agentes de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) Vilma Iris Peraza López, quien ayer formó parte del grupo más grande de migrantes que ha expulsado Estados Unidos bajo el Título 42 a Ciudad Juárez.

De acuerdo con los propios agentes estadounidenses, ayer fueron 250 los extranjeros centroamericanos enviados a México a través del puente internacional Paso del Norte-Santa Fe por el Gobierno de Joe Biden, después de los casi 300 que recibió la ciudad durante lunes, martes y miércoles. 

Los oriundos de Guatemala, Honduras y El Salvador cruzaron las fronteras entre Reynosa y Miguel Alemán, Tamaulipas con McAllen y Roma, Texas, en donde permanecieron días detenidos, hasta que la mañana de ayer fueron levantados en la madrugada y tras el argumento de que serían trasladados a un albergue, con sus familiares u otro centro de detención, fueron subidos a un avión y trasladados a El Paso, según sus propias narraciones. 

“Veníamos 400 en los aviones… ¿por qué nos engañaron?”, cuestionó un migrante en el cruce internacional a los agentes estadounidenses, luego de que arribaron cinco camiones del aeropuerto a la estación de la Patrulla Fronteriza y poco tiempo después comenzaron a ser enviados a México en grupos. 

Al ver las banderas de México, Vilma Iris se dio cuenta de que ya no estaba en Estados Unidos, por lo que comenzó a llorar, mientras su hija Adriana, de cinco años, vomitó frente a los agentes de CBP.

“No sé por qué vomita… tiene anemia profunda, y como no ha comido puede ser que esté deshidratada y no come desde ayer”, aseguró la hondureña llorando luego de hincarse y abrazar a sus hijos de cinco y dos años sentada al piso, frente a los agentes estadounidenses.

Vilma pagó 12 mil dólares a un traficante de personas para ser traslada de Honduras a Guatemala, luego a Chiapas, Tabasco y Nuevo León hasta legar a Miguel Alemán, Tamaulipas, en donde cruzó a Estados Unidos, con el objetivo de reunirse con su esposo, a quien no ve desde hace dos años.

“No sé por qué nos hizo esto, ¿por qué a nosotros?, nos tomaron las huellas, luego nos llevaron a las hieleras (centro de detención) cuatro días, luego nos dijeron que nos iban a tomar datos para llamar a nuestros familiares que nos iban a recibir. Luego nos subieron a un bus, luego a un avión, luego a otro bus y no nos dijeron que veníamos para acá en ningún momento, ni firmamos deportaciones, nada, nada. Yo sólo le pido al Gobierno de Estados Unidos que me dé una sola oportunidad, porque mi niña no conoce a su padre, y nosotros íbamos con la ilusión de darle un mejor futuro a los niños”, dijo la mujer. 

La joven madre, de 28 años de edad, aseguró haber visto en las noticias de Honduras que la frontera de Estados Unidos estaba abierta para niños menores de seis años, por lo que decidió ir en busca del llamado “sueño americano” junto a su marido, en Tennessee. 

Al igual que Vilma Iris, el resto de los migrantes expulsados aseguró haberse dado cuenta de estar en México hasta que fueron llevados por agentes de la Patrulla Fronteriza al cruce internacional, en donde vieron las banderas mexicanas.

La expulsión exprés de migrantes a través del Título 42 de la Sección 265 del Código de los Estados Unidos, que deja a las personas sin la oportunidad de solicitar asilo político, comenzó el 20 de marzo de 2020 por el Gobierno republicano de Donald Trump, y continúa actualmente por el Gobierno demócrata de Joe Biden. 

Bajo el argumento del riesgo de la propagación de Covid-19, todas las personas que ingresan de manera ilegal al vecino país son devueltas a México, decenas de ellas, todos los días a esta frontera. Sin embargo, ayer se registró la expulsión más grande en la ciudad.

“Es un programa sanitario, no migratorio”, destacó Enrique Valenzuela, coordinador general del Consejo Estatal de Población (Coespo), del cual depende el Centro de Atención Integral para Migrantes (CAIM), cuyo personal acudió ayer hasta el puente internacional para trasladar a los migrantes a sus oficinas y brindarles orientación.

De acuerdo con el funcionario estatal, casi la mitad de las personas que están llegando expulsadas de Estados Unidos son menores de seis y ocho años que viajan con sus padres, engañados por los “coyotes”, ante la apertura de la frontera para los migrantes que tienen hasta dos años en la ciudad y que fueron retornados por el Gobierno de Donald Trump bajo los Programas de Protección a Migrantes (MPP, por sus siglas en inglés).

A diferencia de los MPP, quienes son expulsados por el Título 42 no cuentan con una cita ante una Corte de Inmigración de Estados Unidos; decenas son devueltos por esta frontera sin haber cruzado por aquí y no son avisados sobre que serán devueltos a México.

Marisa Limón Garza, subdirectora de Hope Border Institute, una organización estadounidense que apoya a los migrantes en Ciudad Juárez, destacó que “es ilegal negar el acceso al asilo a estas personas en cualquier lado de la frontera”.

Ayer, en CAIM, los migrantes recibieron fruta, agua y pizzas que fueron llevadas de manera improvisada, ya que Estados Unidos no les había informado la cantidad de migrantes que expulsaría.

Dirvin García, coordinador del CAIM, también les explicó a los centroamericanos que la frontera de Estados Unidos está cerrada y que actualmente no tienen posibilidades de lograr el asilo político en el vecino país.