Sábado Negro, se cumplen 29 años

Según archivos periodísticos la tromba que azotó a la ciudad de Chihuahua dejó alrededor de 47 muertos, 10 desaparecidos y más de 12 mil damnificados

Carlos González
El Diario de Chihuahua
domingo, 22 septiembre 2019 | 10:59

Chihuahua— Hoy se cumplen 29 años de la tromba que azotó a la ciudad de Chihuahua el 22 de septiembre de 1990, recordada por muchos como el Sábado Negro, en el que según archivos periodísticos y el libro “Días de lluvia; más allá del espejismo, olas en el desierto”, editado tiempo después de la tromba, dejó alrededor de 47 muertos, 10 desaparecidos, más de 12 mil damnificados, mil 360 casas destruidas y 740 con daños parciales.

La tormenta quedó registrada como una de las más intensas en la historia de la capital ya que, en un lapso de 2 horas se acumularon 100 milímetros de lluvia.

“Pude rescatar a varias personas, pero no alcance el brazo de un niño que pedía auxilio y que al siguiente día fue localizado ahogado abajo de la cama de su habitación”, narró Octavio Arsis, vecino de la colonia Pacífico, quien recordó que en poco tiempo, el arroyo La Manteca, que cruza la colonia, fue superado por el agua y “taponeado” por materiales que arrastraba la corriente, por lo que fue a partir de ahí que llegó la tragedia para esa zona, en la que registro la muerte de al menos siete vecinos.

Recordó que su primer rescate fue el de don Panchito y otro joven e inmediatamente después escuchó los gritos de una mujer que cargaba a un bebé, a quienes también sacó de la corriente, pero fue en ese momento en que no alcanzó la mano de otro pequeño y aunque se metió al agua para buscarlo apoyado por una barda, no logró encontrarlo y fue hasta la mañana siguiente en que apareció su cuerpo.

Octavio comentó que minutos después ya había varias personas ayudando, debido a que la tragedia empezaba a extenderse con inundaciones y derrumbes de casas, “el agua llevaba muebles, animales, tanques de gas con fugas que brincaban el tope del arroyo, carros y camiones que parecían de juguete al ser arrastrados por la corriente, era algo impresionante”.

Señalando hacía una de las jorobas del cerro grande, Octavio explicó que fue ahí en donde cayó la “culebra”, por lo que gran parte del agua desembocó en el arroyo La Manteca. Además recordó que la fuerza del agua entró a la maderería “Valles Grijalva” cuya madera salió y “taponeo” puentes como el de la 20 de Noviembre y el mismo arroyo de la colonia Pacifico.

Uno de los casos que dejaron marcada la historia de la colonia Pacífico, fue la muerte de “Los Coleto”, un par de adultos mayores que no pudieron ser rescatados de la inundación de su vivienda, la cual se encontraba muy cerca del arroyo.

Octavio y algunos otros testigos que fungían en ese momento como rescatistas, comentaron que durante la búsqueda de cuerpos encontraron a la pareja ahogada, pero aún abrazados en su cama, en un hecho que quedó marcado en sus memorias.


El panorama era devastador

El coordinador del Heroico Cuerpo de Bomberos, Luis Corral Torresdey, quien en el momento de la tromba prestaba su servicio como paramédico de Cruz Roja, recordó que la noche del 22 de septiembre de 1990 llegó a la colonia Mirador, en donde el panorama era devastador. “Había zonas en las que el agua llegaba casi al techo de las casas, observé como muchas que eran de adobe se venían abajo, pero lo peor fue cuando bajó el nivel del agua y empezamos a rescatar cuerpos sin vida”.

Durante su recorrido por la zona había personas en los techos esperando ser salvadas y aunque reconoció que la capacitación y el equipo era muy distinto a todas las herramientas que actualmente existen, hubo una colaboración importante que permitió salvar vidas.

“En uno de los momentos decidí ingresar al arroyo; tenía buena condición y nadé con una tarima y una cuerda. Junto a mi pasaban animales, llantas, tanques de gas prendidos que eran arrancados de las casas por la fuerza del agua, afortunadamente pude llegar al otro lado y ayudar a un grupo”.

Recordó que fue a más tardar dos horas cuando el nivel del agua bajó hasta la cintura, momento en el que las personas pudieron bajar y salir de la zona apoyados con la cuerda.

Corral Torresdey comentó que durante dos días de forma ininterrumpida se siguieron prestando servicios en distintas zonas de la ciudad, sobretodo en lugares que estaban muy dañados como la Juan Escutia, González Cossío y el Fuentes Mares en donde camiones y automóviles se encontraban varados sobre las banquetas.

“Colonias como Villa Juárez, que no tenían pavimento, se convertían en pantanos gigantes en el que los vehículos de rescate se quedaban atascados”.

“La semana siguiente continúo siendo de mucho trabajo, seguían apareciendo cuerpos. Fue una situación complicada y muy triste”, comentó.

El bombero segundo, José Guadalupe Domínguez, fue otro de los elementos que prestó su servicio, como todo el departamento de ese entonces durante el “sábado negro”.

Esa tarde acababa de entrar a su turno, cuando de pronto comenzó a llover y con ello los primeros reportes de inundaciones, vehículos varados, problemas con tanques de gas; fueron horas de muchas tragedias familiares.

“Lo más triste fue encontrar a niños ahogados o ver a sus padres desesperados por que se los llevó la corriente o simplemente porque no los encontraban, fue una tragedia ese año”.

Uno de los casos que lo marcó fue el de una familia que habitaba cerca de la central camionera que se encontraba en la calle Mirador. “salieron de la casa, pero por algún motivo el niño regresó por algo que olvidó y en ese momento se hundió el piso y el pequeño fue absorbido”.

“Fue lamentable ver personas muertas, pero para mí, lo más triste fue sacar a niños de entre los techos derrumbados”.