Opinión

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‘Muy buen triunfo... a pesar de Javier Corral’

A pesar de Javier Corral, militantes del PAN siguen celebrando el triunfo obtenido el pasado 6 de junio de María Eugenia Campos Galván y Marco Bonilla Mendoza

LA COLUMNA
de El Diario

viernes, 18 junio 2021 | 06:00

-‘Muy buen triunfo... a pesar de Javier Corral’

-Ultimátum al Alfa 1 de Chihuahua

-Con cuentas mochas huyó a Durango

-Hay ‘jefe’ para la transición en la UACH

A pesar de Javier Corral, militantes del Partido Acción Nacional (PAN) siguen celebrando el triunfo obtenido el pasado 6 de junio de María Eugenia Campos Galván y Marco Bonilla Mendoza, gobernadora y alcalde de Chihuahua electos, respectivamente.

Y es en la red social Facebook donde han alojado toda clase de festivos comentarios.

Un grupo en especial, denominado “Mirada del PAN en Acción”, compartió recientemente la publicación de la revista Interacción, en la que presentan a los alcaldes de los 19 municipios que ganó el PAN en Chihuahua. Califica como “muy buen triunfo de la gubernatura y la capital”.

“Y a pesar de JAVIER CORRAL (así en mayúsculas) actual GOBERNADOR PANISTA”, cita la publicación.

Chihuahua, Delicias, Cuauhtémoc, Camargo, Meoqui, Nuevo Casas Grandes, Bocoyna, Madera, Saucillo, Rosales, Guazapares, Bachíniva, Cusihuiriachi, Janos, Satevó, Galena, Coronado, El Tule y Matamoros, son los municipios que contarán con una administración blanquiazul.

Cuatro mujeres y 15 hombres ganadores representa apenas el 28 por ciento de los 67 municipios del estado mal dirigido por Javier Corral.

Ahí va diciendo por dónde viene ahora el control del partido y el liderazgo político de todas esas autoridades blanquiazules tanto en los municipios como en el Congreso del Estado, donde el partido ganador por la gubernatura obtuvo también mayoría.

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El Alfa 1 de la Agencia Estatal de Investigaciones (AEI) en la zona centro del estado, Alberto García Ocaña, habría recibido un ultimátum del crimen organizado para renunciar a su cargo y abandonar el estado.

Eso trascendió ayer desde las filas de esa corporación en la zona con mayor poderío e influencia. El centro de operaciones es la ciudad de Chihuahua, con el fiscal General, César Peniche, al frente.

García Ocaña ha sido actor principal en las broncas ocurridas al interior de esa institución, carcomida de manera importante por la infiltración del crimen organizado.

El jefe supuestamente amenazado es el Alfa 1, pero el mando de hecho lo ejerce un comandante de menor rango apodado “Panchito”, de nombre Erick Alejandro Martínez.

García Ocaña pidió a sus subordinados iniciar los trámites para su correspondiente finiquito; también retiró de su cubículo los múltiples fetiches de santería que tuvo ahí desde siempre. Muchos agentes y mandos de la corporación se han convertido en devotos de esa creencia religiosa.

Posiblemente para el lunes ya no regrese de plano a su oficina, a menos que sean ordenadas “medidas cautelares” para su protección.

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Cuando César Duarte perdió la elección de 2016, se cerraba a los consejos de sus asesores que le recomendaban no dilatar la entrega-recepción. Entonces era el coordinador de la transición del panista Javier Corral, el exgobernador Francisco Barrio.

Como niño berrinchudo, Duarte Jáquez alegaba que faltaban las impugnaciones de su candidato derrotado a la gubernatura, Enrique Serrano Escobar.

Argumentaba que debían dictarse resoluciones en los tribunales por los procesos en municipios o distritos. No entendía que elección e impugnación corrían por vías jurídicas distintas.

No alcanzaba a comprender Duarte que de facto había dejado de ser gobernador desde el momento en que ganó Corral Jurado y por eso obstaculizaba la entrega de la administración.

Tampoco comprendía que lo mejor era entregar dignamente e incluso reunirse con su sucesor para mandar un mensaje de calma a todo el estado.

Al contrario, el ballezano dio instrucciones precisas a varios de sus secretarios para no recibir llamadas y dar largas a gente como Barrio y Gustavo Madero, que en ese entonces iban a la cabeza del proyecto corralista.

El contexto viene a cuento tras lo ocurrido el pasado martes y luego ayer. El coordinador de la transición de Maru Campos, Luis Serrato, acudió a reunirse con el secretario General de Gobierno, Luis Fernando Mesta. Salió decepcionado el sonorense.

Algunos hasta burla le hicieron porque, en apariencia, Mesta lo “chamaqueó” dándole largas para la entrega-recepción, saliéndole con cuentos como la publicación de la constancia de mayoría en el Periódico Oficial del Estado y otras disposiciones que no están en la ley. Luego reculó con que sí habría entrega… pero hasta julio.

Esos minutos de reuniones no fueron tersos, pegaron en el ánimo de Serrato Castell, quien todavía no comprende por qué es tan compleja una transición si saliente y electa son del mismo partido.

Lo que subyace en el fondo es que Corral está igual que Duarte en los estertores de su administración. No quiere el panista, como niño berrinchudo, soltar el juguete que le prestaron por cuatro años y 11 meses; igual su antecesor se negaba a soltarlo.

Quedó en el aire la propuesta que trae paseando de oficina en oficina el equipo de transición, la de una rueda prensa en algún salón oficial del Palacio de Gobierno para dar el anuncio del proceso. En lugar de eso han sido puras banqueteras de Mesta, Serrato, César Jáuregui, Clara Torres y compañía.

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Con cuentas mochas se regresó a Durango y a la Cámara de Senadores el ahora exdelegado especial de Morena para la elección en Chihuahua, José Ramón Enríquez. Lleva la alforja vacía de resultados, pero llena de pachangas y bohemias.

También obra su nombre en el reparto de culpas que hizo el derrotado candidato Juan Carlos Loera, pero es recíproco el señalamiento. Enríquez reportó a la dirigencia morenista que si se perdió el estado fue por culpa del abanderado y su equipo de campaña; cero autocrítica a su función como enviado nacional.

La derrota de Morena en la entidad trajo como consecuencia que Enríquez entrara en pique con el equipo de campaña de Loera, que es respaldado también a nivel nacional por la subsecretaria de Bienestar, Ariadna Montiel.

Hubo tras el domingo 6 de junio una serie de desencuentros entre el delegado y la gente de Juan Carlos, dado que no había acuerdo sobre la postura que se debía asumir.

Las discusiones estaban entre sostener la tesis del fraude (además del supuesto gasto excesivo del PAN y la participación de la iglesia) y reconocer sin más la derrota, pero con la advertencia de que Morena sería una oposición seria, crítica y madura.

Se impuso lo primero. Y antes de aparecer para avalar la decisión de la campaña chihuahuense, Enríquez salió huyendo a su tierra, donde tampoco tenía buenas noticias dado que la alianza del Prian se llevó 11 de las 15 diputaciones locales y dos de las cuatro diputaciones federales que estaban en juego.

Por eso del delegado morenista ni sus luces en el último posicionamiento de Loera. Ya aparecerá en tres años buscando la candidatura a gobernador de esa entidad vecina.

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Le achacan a Mario Vázquez, diputado electo por el PAN y cercanísimo colaborador de la gobernadora electa Maru Campos, la advertencia, anuncio o amenaza de que será él quien lleve los hilos de la sucesión en la Universidad Autónoma de Chihuahua.

El también exjefe de gabinete municipal ha sido muy directo con algunos universitarios, a quienes les ha dicho que será el encargado del relevo de Luis Fierro de la Rectoría, un proceso que ya está en puerta y que comienza a generar efervescencia en las facultades.

Seguramente lo dice Vázquez porque ya se siente coordinador de la mayoría panista que llegará al Congreso del Estado en septiembre. Y sin duda es el favorito, tanto por su cercanía con Campos como por la experiencia acumulada en la dirigencia panista.

A nadie espanta el ejercicio del poder del Ejecutivo, pues obviamente en cualquier decisión política, así se trate de un ente con autonomía, lleva mano quien gobierna. Menos asusta que desde el Legislativo se vaya a manejar la sucesión en  la UACH.

Pero la pasión mostrada por Vázquez Robles ha llamado la atención sobremanera en los profes universitarios que ya están listos para los trancazos, que por cierto no se limitan a la Rectoría; todas las facultades también deben relevar a sus directores previamente, lo que hace más interesante y candente el proceso.

Hace falta conducción política, sin duda, pero sin avasallar la autonomía ni faltarle al respeto a los universitarios. Con el cuidado debido de las formas.

Por eso, para qué presumir que trae la pelota si es de conocimiento general que la trae sin tanto alboroto.

Eso es lo que todavía genera suspicacias en lo que surgen señales más claras sobre cuáles serán las jugadas de la próxima administración.

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