Opinión

Es lo mismo ser un político que un...

Ratero, corrupto, ávaro, chapulín, mafioso, son solo algunos de los muchos nombres con los cuales son descritos, si no todos, la mayoría de los políticos

Víctor Guzmán
Académico

miércoles, 27 enero 2021 | 06:00

Ratero, corrupto, ávaro, chapulín, mafioso, son solo algunos de los muchos nombres con los cuales son descritos, si no todos, la mayoría de los políticos. Estos motes, se han ganado a pulso y con mucho esfuerzo durante largo tiempo. Algunos consideran que es una manera normalizada de la política en el país. Pero, realmente es un estereotipo que debe vencer cualquier persona que busca estar en la boleta electoral. Jamás se deberá permitir ni normalizar estas acciones. 

Es momento de ser diferente, no con palabras, como siempre, sino con hechos. 

Los votantes, aunque olvidan algunos aspectos de la historia, en su mente regularmente permanece la imagen de un candidato, englobándolos a todos a la misma categoría, todos son iguales. La historia se repite cada tiempo electoral, una sonrisa, imagen amigable, acercamiento constante con los votantes de su conveniencia, quizá despensas y playeras; una vez terminada la contienda, no se les ve ni el polvo. Son las experiencias que dejan a los defraudados cada campaña electoral. Sobre todo, si son diputados o senadores y más aún si pierden la elección.

Por ello la frase coloquial: Si es político, de seguro es corrupto, así se describe a estos servidores públicos. Ante tal deterioro de la imagen de un contendiente electoral, deberá encontrar la diferencia que lo caracterice de los demás aspirantes. Buscar tener una percepción distinta con identidad que consiga el acercamiento empático con la población votante. Pero aún más, ser una persona que haya demostrado un comportamiento equilibrado y ético a lo largo de su trayectoria política. Aspecto difícil para algunos.

También viene el entretenimiento de estos meses, es un talk show en todos los órdenes, dimes, diretes, acusaciones, declaraciones e interpretaciones que surgirán de los contendientes y que los votantes tendrán al alcance, no solo en televisión o radio, ahora en su teléfono inteligente. Bombardeo de mentiras, calumnias y algunas verdades, será lo puesto a disposición en el mercado electoral.

Así es complicado de saber quién dice la verdad, con tanta fluidez de información o desinformación para otros que, a final de cuentas influirá en la votación. Y con ello seguramente continuarán las prácticas electorales burdas y que han dado resultados por décadas. Compra de votos por despensa o dinero en efectivo. Hoy es más fácil confirma el voto, a través de una foto de celular. Doña Cuquita, la lideresa de colonia, que hace el menudo el día de las elecciones para la colonia y de ahí “vámonos a votar, ya sabe por quién”. Todo ello no permite la contienda limpia y basada en democracia.

Por lo anterior necesitamos políticos confiables, con buenos antecedentes y objetivos claros, con una visión de sacar de la miseria, corrupción e inseguridad que este sexenio nos está imponiendo. Mejorar las condiciones de vida de cientos de miles de personas que, de ser clase media, han descendido a la clase baja, y los que han llegado a padecer o están padeciendo la pobreza extrema. Es una realidad.

Depende de la población, no dejarse vender ni ahuyentar, hoy más que antes, necesitamos conocer a los contendientes, sus ambiciones y pretensiones. A qué amo van a servir, al pueblo o a sus intereses personales. Por lustros han creado una nación pobre, para poderla comprar con un pan o un peso. Eso debe terminar, es momento de recuperar en las urnas lo que ahí mismo se perdió.