Juárez

Danzan rarámuri en templo sagrado

Durante 10 años, integrantes de la colonia Tarahumara se dedicaron a vender pinole para obtener recursos y construir su iglesia

Hérika Martínez Prado / El Diario de Juárez / Los de ‘pies ligeros’ bailan al exterior del Templo del Pinole
Hérika Martínez Prado / El Diario de Juárez / La danza de los rarámuris

Hérika Martínez Prado
El Diario de Juárez

lunes, 05 abril 2021 | 13:01

Ciudad Juárez— Construido con sus propias manos, en el centro de la colonia Tarahumara, el templo del Pinole de Nuestra Señora de Guadalupe es el lugar más sagrado para los rarámuri en Ciudad Juárez.

En su interior, sus habitantes le bailan sin descanso a Onoruame, el creador de la vida, su Dios padre y madre, a quien le construyeron la iglesia con materiales reciclables. 

“Ellos durante 10 años, con el permiso del obispo, se van a todas las parroquias de Juárez constantemente, cada semana, cada domingo, a vender bolsitas de pinole, este polvo del maíz que tuestan y luego muelen, que es parte de su alimentación… y durante 10 años ellos estuvieron con eso adquiriendo los materiales, y por eso este templo ellos lo bautizaron como el templo del Pinole de Nuestra Señora de Guadalupe”, narró Chartur, el capellán jesuita del templo rarámuri en esta frontera.

De acuerdo con el religioso del templo perteneciente a la comunidad parroquial de San Vicente de Paúl, aunque los cimientos fueron colocados hace 20 años, los rarámuri vendieron pinole por una década para poder construirlo durante una década después. 

“Son los mismos rarámuris quienes eligieron este templo, muy en la tradición rarámuri católica, ellos se llaman rarámuri paguótame; donde las bancas están a los lados para que precisamente ellos puedan bailar, es una forma de agradar a Dios, es una forma de reconciliarse con Dios, con la danza”, explicó. 

Al ritmo del tambor, los habitantes de la colonia ubicada en las faldas de la sierra de Juárez, danzan en círculo, con sus taparrabos de manta, sus coloridos trajes y sus huaraches hechos de llanta de vehículos, frente a las imágenes de Jesucristo y la Virgen de Guadalupe. 

En lo alto de sus paredes, los “corredores a pie” o “de pies ligeros”, colocaron botellas recicladas como murales. 

“También en este ánimo de que debemos de cuidar la Creación, para ellos la naturaleza es importantísima, pues una forma de respetar la naturaleza es reciclando. Entonces, todos los ventanales le dan mucho color y belleza en el día al templo, y en la noche cuando se enciende el templo transmite esa belleza y esos colores hacia afuera. Son de botellas recicladas de distintos usos originales”, explicó el capellán. 

De acuerdo con Dolores Corpo, presidenta de la colonia Tarahumara en esta frontera, actualmente habitan 93 familias en su comunidad, entre ellas cerca de 100 niños y adolescentes, a quienes buscan transmitir su fe y tradiciones, para que no las pierdan al estar lejos de la Sierra Tarahumara.

Por eso, los menores toman un lugar de gran importancia en sus danzas y el toque del tambor durante las celebraciones de Semana Santa, cuando visten con sus trajes tradicionales, coronan su cabeza con koyeras y pintan su piel con manchas blancas para debilitar al mal con cada pisada y agradecerle al bien por la vida.