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Opinión

Urbanismo y transporte

Regularmente nos comparamos con El Paso o con Chihuahua, y Juárez (a pesar de ser más grande que ambas y el motor económico de la región) siempre sale perdiendo

Sixto Duarte

domingo, 07 mayo 2023 | 06:23

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Disto mucho de ser un especialista en temas de urbanismo. Mis colaboraciones en este espacio siempre versan sobre temas políticos y de justicia de los distintos ámbitos. Sin embargo, creo que dos temas que tienen alta incidencia política, aunque las conclusiones sean enteramente técnicas son precisamente el urbanismo y el transporte de nuestra ciudad.

Nací y crecí en Juárez. Incluso en algunas ocasiones me ha tocado trabajar para el sector público de mi ciudad. Por ello tengo la legitimidad para decir que Juárez siempre ha sido una ciudad desordenada, cuyo crecimiento geográfico no ha sido acorde con políticas óptimas de desarrollo urbano. Lo mismo se puede encontrar en una cuadra una tortillería, un taller mecánico y alguna tienda de conveniencia.

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Hay pocas zonas en la ciudad que están ordenadas. Regularmente nos comparamos con El Paso o con Chihuahua, y Juárez (a pesar de ser más grande que ambas y el motor económico de la región) siempre sale perdiendo.

Debido a la condición fronteriza de nuestra ciudad, Juárez ha sido objeto de diversos “booms” y declives económicos, crisis de seguridad, entre otros fenómenos. Las políticas públicas que se dictan en México o en Washington terminan por impactar e ir moldeando nuestra ciudad.

Por ejemplo, a partir de una política migratoria permisiva por parte del gobierno federal, y la negativa de Estados Unidos de recibir refugiados provenientes de Sudamérica, Juárez enfrenta ahora una crisis migratoria inédita en nuestra historia. Pero eso es materia de otra participación.

La ciudad ha ido creciendo de forma desordenada hacia el suroriente de la ciudad. Con una población cercana al millón y medio de habitantes, la mancha urbana es muy extensa. Con la inmigración nacional, Juárez fue creciendo hacia el suroriente creando zonas habitacionales como Riberas del Bravo (en sus distintas etapas), Horizontes del Sur, Las Torres entre otros complejos.

Este desarrollo urbano ha traído consigo que las zonas viejas de la ciudad (en donde ya hay servicios públicos eficientes funcionando) vayan quedando abandonadas. Hasta hace pocos años, el centro de la ciudad y las colonias viejas de la zona estaban siendo abandonadas por diversos fenómenos. Ahora esa zona se encuentra poblándose de nuevo, pero a un ritmo lento.

Las administraciones municipales han favorecido tradicionalmente el crecimiento urbano hacia el suroriente, muchas de ellas (no todas) influidas por intereses económicos que quieren seguir jalando el desarrollo hacia esas zonas.

El aumentar la mancha urbana trae consigo distintos costos para la administración pública, pues se les debe dotar de servicios como transporte, agua, policía, alumbrado, entre otros. Juárez tiene una densidad poblacional cercana a los 400 habitantes por kilómetro cuadrado, muy por encima de la media estatal, pero obviamente muy por debajo de la densidad de ciudades como la Ciudad de México, Guadalajara o Monterrey.

En ciudades de primer mundo del tamaño de Juárez, se tiene una densidad poblacional mucho mayor (Oslo, Zurich, y Estocolmo con casi 4 mil habitantes por kilómetro cuadrado). Naturalmente tienen una cultura y una infraestructura adaptada para ello, situación que no acontece en nuestra ciudad.

No digo que todos debamos de amontonarnos en un pequeño espacio, sin embargo creo que la ciudad no debe permitir el crecimiento de la mancha urbana y debe apostarle al desarrollo habitacional vertical. Esto traería consigo un ahorro significativo en la prestación de servicios municipales, la “gentrificación” de determinadas zonas de la ciudad, y la cercanía con centros de trabajo, escuelas, hospitales, etc.

Los gobiernos municipales deben dejar de subsidiar a los desarrolladores en cuanto a estos servicios que al final le compete al municipio proveer. Por ello, una política urbana de promover vivienda en las zonas antiguas de la ciudad favorecería mucho el ahorro de recursos que pueden destinarse a mejorar la calidad de vida de los juarenses.

Una policía que no tenga que desplazarse kilómetros para atender una emergencia, así como un organismo operador de agua que no tenga que meter kilómetros de tubería para llevar agua a nuevos asentamientos son ahorros significativos para el erario.

Ahora bien, para poder consolidar esta idea se requiere la prestación del servicio de transporte eficiente en la ciudad. Desde que tengo memoria, los gobiernos estatales han sido rehenes de los transportistas que exigen aumento en la tarifa de transporte, prestando servicios con unidades de desecho de Estados Unidos que son indignas para los usuarios (sea en verano o en invierno). Quizá las unidades de transporte de la ciudad sean de las más viejas que hay en todo el país.

La idea de establecer un sistema de transporte como el Vivebus (o Bravobus, o BRT, o como se llame) es en principio buena. Destinar carriles exclusivos para estas unidades ayudan a que el transporte sea eficiente. Sin embargo, destinar carriles para que no sean utilizados (porque nadie ha podido echar a andar el transporte) es una tontería. Basta ver que en la ciudad, tanto la avenida Paseo Triunfo de la República como el Eje Vial Juan Gabriel tienen carriles fantasmas. Los camiones de transporte no pasan, mientras que los que sí siguen prestando el servicio ocupan otro carril para los automovilistas y solamente el gobierno sabe por qué no se ha podido echar a andar el sistema respectivo.

Un transporte público deficiente y arcaico, aunado a una mala planeación urbana obligan a las familias a tener que comprar un vehículo (nacional, fronterizo o chueco) para poderse trasladar a sus centros de trabajo o educativos. Y el círculo vicioso sigue alimentándose porque sin un transporte digno, las personas tendrán que comprar un vehículo, y al tener un vehículo, ya no tienen tanto problema en trasladarse hasta Horizontes del Sur (a donde el transporte difícilmente llega).

La promoción de la vivienda vertical en la ciudad debe ser la nueva modalidad en nuestra ciudad. Actualmente, la reglamentación urbana establece que se requiere N número de cajones de estacionamiento para construir una vivienda. Es decir, desde la normativa municipal se promueve el uso del vehículo y se limita los metros de construcción que puedan llevarse a cabo.

El mismo gobierno facilita esta cuestión, en vez de ser los principales promotores del uso del transporte público. Entendemos que no se promueve el transporte público porque, como dijimos, en nuestra ciudad es deficiente y precario.

El gobierno debe atender y preparar un crecimiento urbano ordenado, e incluso ecológico. No hay nada más antiecológico que promover el uso del coche para el día a día sin optar por el transporte público.

En la medida que tengamos una ciudad más concentrada, seguro vendrán problemas como el tráfico. Sin embargo, esto se abate a partir del uso del transporte público. Incluso promover incentivos para el uso de transporte pudieran ayudar a aliviar este problema.

Quizá muchos puedan llegar a decir que nuestra cultura (así como en el centro de Estados Unidos) es tener casas y coches grandes. Sin embargo, la propia ley establece que para vivienda se requiere un mínimo de sesenta metros cuadrados. Con esta realidad, se están construyendo pequeñas casas a más de veinte kilómetros del centro de la ciudad, en vez de hacerlo más cerca con la misma cantidad de metros.

Esperemos que los gobiernos trabajen en opciones como estas y se promueva el desarrollo habitacional dentro de los límites que ya tiene la ciudad.

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