Opinión

De política y cosas peores | Gendarme de Trump

'Anda pendeja!'. Esa lapidaria exclamación profirió mi abuelita, mamá Lata...

Armando Fuentes
Escritor

miércoles, 22 enero 2020 | 06:00

Ciudad de México.- “¡Anda pendeja!”. Esa lapidaria exclamación profirió mi abuelita, mamá Lata, cuando en su radionovela favorita la muchacha ingenua aceptó irse con el avieso galán que le prometía matrimonio. La misma palabra le habría dicho a Susiflor. Esta cándida doncella se dejó llevar por su novio a una de las habitaciones -la 210- del popular Motel Kamawa. Ahí sucedió lo que tenía que suceder. Acabado el indebido trance Susiflor se echó a llorar: “¿Cómo voy a decirle a mi mamá que me hiciste esto dos veces?”. El novio se desconcertó: “Fue solamente una”. Preguntó Susiflor, tímida: “¿Qué ya nos vamos?”. Habló Juan el Bautista: “Yo soy la voz que clama en el desierto”. Quiso saber alguien: “¿Por qué?”. Explicó Juan: “El mapa se me perdió, y ya se me acabó el agua”. En el bar manifestó Capronio: “Odio la palabra ‘vino’”. Opuso uno: “¿Odias la palabra ‘vino’ y te lo estás tomando?”. Precisó Capronio: “Hoy en la mañana me dijo mi mujer: ‘Mi mamá vino’”. La esposa de Babalucas vio un retrato de Albert Einstein. Comentó: “¡Qué feo era!”. Declaró Babalucas: “Y más feo  era su hermano Frank”. El pretendiente de Glafira, la hija de don Poseidón, fue a pedir la mano de la joven. Le dijo al vejancón: “Es tradición en estos lares que la noche de bodas el marido reciba como precioso obsequio de su esposa a gala de su virginidad. En este caso, señor, y ante la imposibilidad de que Glafira pueda darme tal regalo, me conformaré con la aportación monetaria que usted bondadosamente quiera hacerme”. Me da pena decirlo pero veo que el presidente de México está convertido en gendarme de Trump. No se equivocó el magnate yanqui: anunció que nosotros pagaríamos su muro, y así está sucediendo. La Guardia Nacional de AMLO ha servido sólo para frenar a los migrantes que llegan a la frontera sur e impedir que se acerquen siquiera a los Estados Unidos. López Obrador le hace el trabajo a Trump. A los narcotraficantes y asesino se limita a decirles “fuchi” y “guácala”, y los remite para su castigo a sus mamacitas. En cambio a los migrantes sus policías les lanzan gases lacrimógenos y les dan de garrotazos. ¿Derechos humanos? Borrado está el concepto. Cuando alguien le quiere tratar ese tema López Obrador cierra su puerta porque -dice- no le gusta el show, siendo que cada mañana presenta uno. Dos cosas debe ejercer un buen gobierno: política y administración. Ni una cosa ni la otra se miran en este régimen de presidencialismo absolutista que cada día muestra menos rumbo y más falta de eficiencia. La esposa del agente viajero le dijo a su marido: “Ya llevas un mes de ausencia. Iré a verte al pueblo donde estás”. El hombre se resistía a la visita, pero al fin tuvo que darle a su consorte la dirección de la casa de asistencias donde se hospedaba, pues el tal pueblo era tan pequeño que no tenía hotel. Llegó la mujer a aquella casa, que resultó ser propiedad de una señorita de las de antes, de edad madura, cabello cano, chongo, toda de negro hasta los pies vestida y socia de la Cofradía de la Reverberación, según mostraba la medalla que llevaba al cuello. La hospedera le indicó a la visitante cuál era la habitación del viajero, y hacia ella subió la señora. Se vieron los esposos y al punto fueron a la cama encendidos de pasión. Mala suerte: se abrió la puerta en el momento en que pasaba por ahí la estricta dueña de la casa, que a la vista de aquel erótico espectáculo puso el grito en el cielo: “¡Ésta es una casa decente!”, etcétera. “Perdónenos -se disculpó la esposa-. Es que teníamos un mes sin vernos”. “A usted la perdono -respondió la señorita-, pero a él no. Ya van seis veces en el mes que lo pesco en esta misma situación”. FIN.