La universidad no debería ser el único camino para tener éxito

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Esther J. Cepeda / The Washington Post
jueves, 12 septiembre 2019 | 06:00

Chicago– Todos los libros del autor Paul Tough, que han sido best-sellers, han sido muy significativos para mí. Yo soy maestra y no hay nada que un maestro ame más que los libros que ofrecen una respuesta clara y concisa a las preguntas sobre cómo ayudar a los niños a tener éxito.

Sin embargo, su creación más reciente es personal. Cuando Tough se encontraba en el proceso de investigación de su libro que ya está a la venta, titulado “Los Años que Importan Más: La manera en que la universidad nos hace o nos acaba”, fue cuando hablé por primera vez acerca del hecho de que ninguno de mis hijos –los dos hijos de alguien que fue la primera en su familia en asistir a la universidad– querían tener una educación post-secundaria.

Mi hijo más pequeño decidió estudiar soldadura más o menos al mismo tiempo en que los titulares noticiosos sugirieron, y erróneamente aseguraron que los soldadores ganaban 150 mil anuales.

También fue cuando los políticos republicanos empezaron a hacer circular la idea de que una licenciatura en Humanidades era mediocremente útil comparada con una educación vocacional.

Aunque eso empezó a agradarles a mi hijo y a su hermano mayor, un joven de espíritu libre que nunca consideró asistir a la universidad y que salió de su Estado natal para trabajar como cocinero de comida rápida en el sur de Oregon mientras su novia se entrenaba para ser partera.

Mi hijo mayor está trabajando actualmente como encargado de un restaurante que le permite mantener a su familia, y su hermano aprendió muy bien un detalle importante que Tough revela en un capítulo dedicado a los soldadores: “Una de las muchas cosas raras acerca de la retórica de sugerir que los soldadores son la antítesis de la universidad es que para convertirse en soldador, hay que asistir a la universidad”.

Tough describe los “13 diferentes cursos de soldadura, empezando con el corte básico de metal y prosiguiendo con la soldadura de hierro, de platino, tubería, vitrales y la soldadura utilizando un arco eléctrico, además de las clases básicas de Matemáticas e Inglés, así como también cursos conceptuales sobre la soldadura metalúrgica y los símbolos y especificaciones usados en los planos” que son necesarios para obtener el grado de asociado en un Community College.

Créanme, los documentos y pruebas de la educación general y cursos de disciplina específica en los Community Colleges como los Procesos de Manufactura –una clase de la que mi hijo regresa a las 9:30 de la noche– no son menos difíciles que las que se imparten en las universidades en carreras de cuatro años.

Y después de todo ese arduo trabajo, si alguien no puede proporcionar una muestra de orina libre de drogas para un internado o trabajo de soldadura en una fábrica real, entonces habrá desperdiciado su tiempo y dinero.

Cada vez más, los estudiantes están siendo entrenados en habilidades para adaptarse para trabajar con la robótica e inteligencia artificial, no necesariamente usando sus manos.

Mi hijo rechazó una oferta de empleo después del internado debido a que el meticuloso trabajo de revisar el trabajo de una máquina era demasiado aburrido para hacerlo durante más de unos cuantos meses.

Aunque sinceramente espero que surja alguna carrera de trayectoria para mi hijo soldador –quien desea ser un herrero pero no puede entender que tiene que limitar el arte del oficio para arreglar los cercos de la gente– estoy de acuerdo con Tough de que el mito de un soldador rico sirve a los intereses de los que les gustaría que se mantenga el status quo académico.

“Si pudiéramos persuadirnos a nosotros mismos de que existen muchas oportunidades lucrativas disponibles para los jóvenes que no desean tener una educación universitaria tradicional y que no les gusta la preparatoria, eso nos absolvería de nuestra responsabilidad compartida de  solucionar la realidad de los limitados prospectos económicos de tales estudiantes”, escribió Tough.

Además, no crean que los soldadores son mejores que los que tienen una licenciatura en Filosofía –el empleo manual con sueldo de 150 mil dólares al año es un mito: “Los salarios de los soldadores que han aparecido en los titulares de The Wall Street Journal son entre raros y apócrifos”, escribe Tough.

Es un cuento de hadas diseñado para acaparar nuestra atención sobre la verdadera falta de opciones lucrativas no universitarias para las personas que no empiezan siendo súper astros académicos: “Eso nos proporciona una manera de distraer la atención del público de los cambios en la política que han hecho más difícil para los jóvenes que no quieren asistir a la universidad, llegar a la clase media”.

El libro de Tough llega en un momento en que los energizados votantes están presionando a los candidatos presidenciales sobre cómo podrían ayudar a todos los jóvenes a tener una vida de clase media.

Eso incluye a todos, desde los estudiantes que son la primera generación que asiste a la universidad y que no tienen los recursos para inclinar el sistema a su favor y hasta los que sienten que no tienen otro recurso que endeudarse amplia y personalmente para obtener una licenciatura.

Millones de futuros dependen de tener una discusión vital acerca de las opciones  de no tener una carrera universitaria para nuestros jóvenes.

Muchos de nosotros tuvimos la oportunidad de tener una sólida vida de clase media sin tener que solicitar un crédito estudiantil.

¿La siguiente generación merece esa misma oportunidad?