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¿Quién cuida a las que cuidan?

En casi todas las familias, cuando un adulto mayor o un enfermo necesita ayuda, es probable que tenga que ser cuidado por una mujer

Agencia Reforma

viernes, 18 febrero 2022 | 18:01

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En casi todas las familias, cuando un adulto mayor o un enfermo necesita ayuda, es probable que tenga que ser cuidado por una mujer.

Son ellas quienes también se encargan en gran medida de los hijos, de las familias enteras, son quienes cuidan a los que se sienten mal, las que cocinan, las que mantienen las casas limpias y las que cuidan a los nietos cuando los padres tienen que salir a trabajar.

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Que sea, viene de un contexto cultural que piensa al género femenino como el adecuado para esos trabajos.

La Encuesta Nacional sobre el Uso del Tiempo también señala que mientras las mujeres trabajan 37.9 horas a la semana en sus trabajos formales, remunerados, también dedican 39.7 horas al trabajo dentro de sus casas: una jornada incluso más grande y sin paga.

Sin remuneración fija, sin una delimitación real de sus deberes, estas mujeres, hacen un trabajo que el estado no podría costear y que significa la calidad de vida de miles de personas.  

Según el Instituto Mexicano para la Competitividad, en 2020 esas tareas del hogar y de cuidado tuvieron un valor asciende a 6.4 billones de pesos, es decir el 27.6 por ciento del Producto Interno Bruto de todo el País, casi lo mismo que aporta la Ciudad de México a nivel nacional.

En Guadalajara existe una asociación que trabaja con adultos mayores que padecen demencia o enfermedades degenerativas más graves, se llama Alzheimer y Plenitud GDL.

Perla García, una de sus integrantes, estudió Nutrición, quería enfocarse al trabajo pediátrico hasta que su abuela materna enfermó de Alzheimer, con todo lo que aprendió cuidándola, comenzó a trabajar en Plenitud y Demencia desde hace tres años.

Esta asociación civil provee de tratamientos integrales a las personas que viven con este tipo de condiciones degenerativas, desde una visión no farmacológica y también incluye en sus programas a los cuidadores y familiares de los pacientes.

Ahí, después de observar muchas experiencias, un grupo de mujeres cuidadoras de personas dependientes en la Ciudad comenzó Los Cuidados de Cuidar: Cuidadoras que Escriben su Propia Historia.

"La idea de los cuidadores y las cuidadoras no es parte de la visión de las personas hasta que uno necesita ser cuidado o cuidar a alguien más", explica García.

Es una realidad que las que más cuidan son las mujeres.

"Cuidan porque les toca por su situación familiar, porque las responsabilidades de los demás parecen más importantes, lo aceptan porque ellas tienen la visión de que así debe ser, de que les toca y que por amor tienen que aceptarlo", agrega García.

En Plenitud y Dignidad, las especialistas han otorgado cada año un programa de capacitación de cuidados en casa, dirigido al público en general. En las tres generaciones de 60 inscritos, solo tres son hombres, las demás son mujeres, sobre todo esposas e hijas.

Tania Gálvez, psicogerontóloga e integrante fundadora del grupo de cuidadoras, afirma que este fenómeno es parte de un estigma de género que puede encontrarse en todas las familias mexicanas.

"Pensamos que las mujeres somos las que tenemos cualidades más adecuadas para cuidar, no creo que nadie cuestione eso. Por eso se interioriza y son las mismas mujeres quienes aceptan cuidar, porque parece que les toca a ellas. A veces hay cuidadoras que sienten que valen solo cuando la persona a la que cuidan está bien, pero debemos preguntarnos ¿por qué les toca a ellas, ¿entonces las otras personas de la familia no quieren a sus papás?, todos los hijos son igualmente hijos", cuestiona la experta.

Este grupo, del que tanto Perla como Tania forman parte, está conformado por nueve cuidadoras de Guadalajara, la mayoría trabajadoras formales.

"Resulta súper importante, por el simple hecho de saber que otra mujer está viviendo algo similar a lo que tú vives. Hay cientos de mujeres a nivel nacional que hacen este trabajo, muchas veces sin apoyo, sin una red", lamenta García.

Para Tania, este grupo donde todas las cuidadoras se reconocen entre ellas y se dan consejos para ayudarse entre ellas.

"Es construir algo que todas vamos a necesitar en algún momento", afirma Gálvez.

El reto para las cuidadoras y para todos los ciudadanos -pues en algún momento les tocará cuidar o ser cuidados- o que alguien a quien amen lo necesite, será reconocer socialmente la labor que hacen las mujeres que cuidan en lugar del Estado y los servicios públicos de atención médica.

"Se paralizaría todo si ellas no están cuidando, el Estado jamás podría costear lo que ellas hacen y ni siquiera las reconocen", asegura Tania.

EL OFICIO DE CUIDAR

Ana Laura Báez comenzó cuidando a sus padres, personas de la tercera edad, y luego, por esas vueltas que da la vida,empezó a hacerse cargo de su hermana, quien padeció un cáncer muy agresivo, al tiempo que acompañó en ese duelo a sus padres.

A partir de ese trabajo que hizo, dice, por amor, luego empezó a prepararse de forma profesional con cursos de enfermería, primeros auxilios y otros conocimientos útiles.

Eventualmente comenzó a trabajar cuidando a otras personas, con conocidos y sus familiares y descubrió el mundo de dificultades que hay en cada familia cuando una persona necesita ayuda para prácticamente todas las funciones de su vida cotidiana.

"En el ámbito familiar siempre lo había desempeñado, pero no conocía el mundo de las cuidadoras en el ámbito oficial. Sí fue un cambio, en esos grupos fueron saliendo otros trabajos con las compañeras", detalla Ana Laura.

A veces, se ha enfrentado a que las personas para las que trabaja esperan que, además de encargarse de las personas que lo necesitan, haga el aseo, la comida y otras funciones que habitualmente no le corresponden a una cuidadora.

A ella misma le tomó tiempo entender la diferencia entre el cuidado y la enfermería, por ejemplo. Y lo enfrentó sola.

Como cuidadora, en su primer trabajo formal, llegó  a trabajar turnos de 24 horas sin compensación para alimentos. Esto comenzó a ser desgastante, a comparación de los salarios.

"Era mi casa, mis hijos, los cursos y los trabajos, a veces era duro no poder venir a dormir a mi casa, no estar pendiente de mi familia. Sabía que teníamos derechos y que no era justo para mí, que no iba a aguantar el ritmo de trabajo y sin condiciones buenas, así que me fui", recuerda.

El problema es que estos trabajos se recomiendan, sobre todo, de boca en boca y no existe una regla de cuánto pagarle a una cuidadora, muy pocas veces se les ofrece contrato y condiciones como alimentos.

Ahora cuando toma una guardia, Ana Laura pone en claro sus tareas y el tiempo. Les recuerda a quienes la contratan que no es de su propiedad y que no se va a dedicar a cualquier tarea que se les ocurra durante su tiempo.

Justo llegó al grupo de Los Cuidados de Cuidar después de una guardia particularmente pesada, no solo por la paciente, sino por la situación familiar de su hermana que convalecía por cáncer de mama.

"Estaba cansadísima y me convalecía a mí la enfermedad de mi hermana, llegué ahí porque me enseñaron a cuidar y a brindarme pero ¿qué hay de mí?, ¿qué hay de mí para mí?, ¿qué recibo después de dar tanto?", se cuestionaba.

Laura dice que conoció al grupo en el mejor momento, cuando más lo necesitaba.

A las familias les recomienda mirar a las que cuidan a las personas convalecientes y que practiquen una empatía.

ENCUENTRO NACIONAL

Como parte del trabajo que han hecho en sus grupos en Guadalajara, las integrantes de la Asociación Civil Plenitud y Demencias y del programa Los Cuidados de Cuidar: Cuidadoras que Escriben su Propia Historia, realizan una convocatoria nacional para cuidadoras del País.

El Foro Nacional de Mujeres Cuidadoras se realizará en modalidad virtual los próximos 24, 25 y 26 de febrero con el apoyo del Fondo Semillas.

Este foro está pensado para compartir experiencias y estrategias entre mujeres que se dedican a cualquier tipo de cuidados.

El programa completo y las inscripciones se pueden encontrar en www.facebook.com/mujerescuidadoras

¿Y LA LEY?

A pesar de que cada día se habla más del trabajo de las cuidadoras de manera oficial en congresos y discursos políticos, en la práctica la ley no reconoce a las cuidadoras. Mucho menos las protege.

En noviembre de 2021, la presidenta de la Comisión para la Igualdad de Género del Senado de la República, Martha Lucía Micher Camarena, de Morena, presentó una iniciativa para expedir la Ley General del Sistema Nacional de Cuidados, que busca garantizar a todas las personas el acceso y el disfrute del derecho a los cuidados con base en el principio de corresponsabilidad entre mujeres y hombres, familias, comunidad, mercado y el propio Estado.

La iniciativa, firmada por senadoras y senadores de los diferentes Grupos Parlamentarios en el Senado de la República, propone además definir que toda persona tiene derecho al cuidado digno que sustente su vida y le proporcione elementos materiales suficientes y de calidad para vivir en sociedad.

Plantea que las personas cuidadoras remuneradas tienen derecho a realizar actividades de cuidado conforme a la normatividad laboral, sin discriminación y en condiciones óptimas, así como a contar con herramientas que permitan mejorar sus capacidades y certificar sus habilidades.

El Gobierno de la República y los gobiernos de las entidades federativas participarán en el financiamiento de las acciones, programas y políticas públicas de cuidados, sujetas a las disposiciones de presupuesto federal.

Pero esto solo se ha quedado en una propuesta.

EN NÚMEROS

Según cifras de la Cuenta Satélite de Trabajo No Remunerado de los Hogares en México 2020, realizada por el INEGI (Instituto Nacional de Estadística y Geografía), si el mercado pagara el trabajo a todas las mamás, las hijas o las hermanas por su trabajo de cuidados, cada una debería percibir en promedio 5 mil 761 pesos cada mes por sus labores.

Según el estudio, en 2020 el valor económico de las labores domésticas y de cuidados reportó un monto de 6.4 billones de pesos de lo que ellas no reciben casi nada a cambio.

La Encuesta Nacional sobre el Uso del Tiempo también señala que mientras las mujeres trabajan 37.9 horas a la semana en sus trabajos formales, remunerados, también dedican 39.7 horas al trabajo dentro de sus casas: una jornada incluso más grande y sin paga. Para los hombres las cifras son de 47.7 y 15.2 horas semanales respectivamente.

Según la encuesta, los hombres destinan 4.4 horas semanales a descansar o meditar, las mujeres sólo pueden dedicar 3.8 horas. Para el cuidado de la salud, los hombres destinan 6.2 horas cada semana, las mujeres sólo 5.2 horas.

¿POR QUÉ EL CUIDADO LES TOCA A ELLAS?

Que el trabajo de cuidados sea más cargado para las mujeres es explicado por lo que varias teóricas llaman la división sexual del trabajo, es decir cómo se dividieron las tareas dependiendo de la fuerza adjudicada a cada sexo, a pesar de que la tecnología y los derechos reproductivos de las mujeres hacen que esta división sea anticuada.

 Marta Lamas, académica de la UNAM, en su artículo "División del trabajo, igualdad de género y calidad de vida" en un estudio que publicó ONU Mujeres en 2018, señala que esta repartición no equitativa es vista aún en la modernidad como algo "natural" porque se enseñan en la cultura y en la crianza.

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