Estudiante dedica graduación a sus padres; se fotografía en campo de siembra

“Quería una foto con ellos ahí, para que nunca se me olvide de dónde vengo”, dijo Érica Alfaro

Agencias
martes, 28 mayo 2019 | 11:19
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Los Ángeles – Fue la imagen que conmovió a muchos.

Una estudiante con toga y birrete posando junto a sus padres en un campo agrícola de Carlsbad, California.

“Con mucho cariño le dedico mi maestría a mis papás. Sus sacrificios de venir a este país para darnos un mejor futuro, sí valió la pena”, se lee en su publicación de Facebook.

Esta historia de tenacidad inicia con una joven de raíces mexicanas que en un principio no dominaba el idioma inglés y pensaba que la preparatoria era a lo más alto que podía aspirar, publicó Hoy Los Ángeles.

Érica Alfaro, de 29 años, es la segunda de tres hermanos, hijos de Teresa y Claudio Alfaro, trabajadores agrícolas que emigraron de Santiago Asunción, Oaxaca.

Desde niños vieron el sacrificio de sus padres, quienes laboraban en los campos de sol a sol para que ellos tuvieran una mejor vida. A la hora de la cena, era común verlos llegar con la ropa cubierta de tierra, resultado de la ardua jornada.

Los ingresos en casa eran limitados, inclusive, alguna vez la familia compartió un departamento en el que llegaron a vivir hasta doce personas. En el vecindario, la situación era difícil. Muchos pandilleros y era común que las mujeres quedaran embarazadas a temprana edad, relata.

Érica recuerda el momento en que recapacitó sobre su futuro.

Cuando tenía trece años, su madre la llevó junto a sus hermanos a trabajar en los campos de tomate en San Ysidro.

“Esa fue la primera vez que me di cuenta de que el trabajo de ellos es muy pesado”, dice. “Cuando estaba ahí pude aguantar, pero al día siguiente no me podía parar. Todo me dolía”.

Su madre quiso darles una lección.

“Me dijo, en mixteco que es lo que ella habla, esta es nuestra vida, nosotros no tuvimos la oportunidad de estudiar. Las únicas personas que tienen una buena vida son las que estudian así que si no quieres trabajar de esta manera tienes que estudiar”.

Érica no olvida ese momento, y aún tuvo que vencer muchas adversidades.

A los 15 años quedó embarazada y se fue a vivir con el padre de su hijo a Fresno, California. Fue una relación tormentosa en la que fue víctima de violencia doméstica.

Una noche, con su bebé de meses en brazos, su entonces pareja los dejó afuera del departamento en el frío. “Lo único que yo le decía a mi hijo es perdóname, perdóname por darte esta vida”.

Escuchó dentro de sí las palabras de su madre. También, recordó el día que como estudiante de secundaria la llevaron a conocer las instalaciones de la Universidad Estatal de San Marcos (CSUSM).

“Era un lugar tan bonito, yo le pregunté a mi compañera, ¿dónde estamos, es una ciudad? y ella me dice, no, aquí es donde se hacen los profesionales”.

“Esas dos memorias son las que me hicieron reflexionar en que tenía que regresar a la escuela”, subraya.

Y fue así. Se inscribió a la preparatoria en Fresno, y tuvo que hacer de lado las burlas de su entonces pareja. “El papá de mi hijo me decía que yo no me iba a poder graduar porque ni siquiera hablaba bien inglés, que solo estaba haciendo el ridículo”.

Uno de sus maestros la motivó a inscribirse al colegio comunitario. Como parte de su formación acudió a una conferencia de liderazgo para mujeres latinas.

Fue la primera vez que Érica escuchó historias de éxito de mujeres como ella. Ese fue el empujón que necesitaba para inscribirse a la carrera de Psicología en la universidad de sus sueños, CSUSM.

Pero en 2012, se diagnosticó que su hijo Luis tenía una parálisis cerebral. “Estaba en shock, me deprimí mucho, me encerraba en el closet y me ponía a llorar toda la noche”, recuerda conmovida.

Por ello descuidó la escuela y reprobó el semestre ya que la prioridad fue su familia. Pero una noche, su hijo, quién recibía terapia, le preguntó: “¿Mamá, ya tienes una carrera? ¿Recuerdas que me dijiste que algún día tendríamos una casa con un perro?”.

“Le di un abrazo y le dije, no todavía, solo me tomé un descanso. Yo estaba tan contenta de verlo tan bien que me fui a inscribir otra vez a la escuela”.

Sabía que no podía rendirse. Regresó a la universidad y egresó de la carrera, tal y como se lo prometió a su hijo de hoy trece años.

Lejos de conformarse, más tarde se inscribió a la Maestría en Educación en la Universidad Estatal de San Diego (SDSU), de la cual, recientemente se graduó.

Este logro se lo dedica a muchas personas: a todos los maestros que le dieron la mano, a su hijo Luis, pero sobre todo, a sus padres, quienes no pueden estar más felices.

“Nosotros no queríamos que nuestros hijos estuvieran como nosotros, que nunca tuvimos estudios ni oportunidad, pero sí queríamos que ellos estudiaran y salieran adelante”, relata su madre, Teresa.

“Me siento muy orgulloso de que le vaya mejor en la vida y que esté preparada”, coincide su padre, Claudio.

Érica trabaja como gerente de oficina de una compañía farmacéutica muy cerca de los campos de fresa de Carlsbad, en los que sus padres han trabajado. Así surgió la idea de celebrar su graduación en el sitio.

“Yo quería una foto con ellos ahí, para que nunca se me olvide de dónde vengo”, menciona.

La misma noche que entregó su última tarea, publicó la imagen en su página de Facebook. Sin imaginarlo, a la mañana siguiente, había recibido decenas de mensajes de personas que no conocía.

“Me siento muy agradecida con las personas que compartieron mi historia porque siento que puede ayudar a otras muchachas que están pasando por lo que yo pasé”, considera.

Érica ya no tiene miedo de contar su historia.

Confía en que podrá inspirar a alguien más, de la misma forma, que alguna vez se sintió motivada por las palabras de su madre y de las historias de éxito de otras latinas.