Alebrijes 'made in LA'

Paulino Blas, oriundo de San Pedro Cajonos, Oaxaca, lleva el arte mexicano tradicional a California

Agencias
jueves, 02 mayo 2019 | 16:02

Los Ángeles – Paulino Blas cuenta que su primer trabajo en madera lo hizo a los 9 años de edad, cuando fue a escondidas al taller de su padre, tomó una rama y se hizo un carrito para jugar.

Hoy a sus 27 años, tras perfeccionar la técnica en el tallado de este material, se dedica de lleno no solo la creación de alebrijes —criaturas concebidas en base a la fusión de dos o más animales— sino también a promover su arte y cultura oaxaqueña en México y en Estados Unidos, publicó el diario Excélsior California.


Figuras fantásticas


“Los alebrijes son figuras fantásticas que nacen de los sueños de cada artesano y se representan en madera”, dice el oriundo de San Pedro Cajonos. El joven, cuya familia tiene más de tres décadas en la elaboración de estas figuras, señala que hay clientes que acuden a su taller a comprarlas; mientras que otras piezas son distribuidas en ciudades de Oaxaca y en Ciudad de México para ser llevadas a tiendas de artesanía o a museos.

No obstante Paulino, conocido como ‘Paul’ Blas en el mundo de los artesanos, tuvo el impulso de expandir este mercado. La primera vez que surgió la idea de vender alebrijes en Los Ángeles fue en febrero de 2017.

“Vine a ver a mi familia y como turisteando me fui a la Placita Olvera porque me dijeron que era como un rinconcito mexicano. Para mi sorpresa, no había alebrijes de madera, solo de papel maché”. Tras ello, le comentó a su familia que esa era una oportunidad para difundir el trabajo.

También empezaron a llegarle pedidos desde Los Ángeles que clientes qye visitaban su pagina web. Nueve meses después, volvió a EEUU con muestras para venta.


Espacios ganados


Tras un año de trabajo y planificación, el artesano ya logró colocar sus coloridas figuras, que pueden ser mantis o perros con alas, serpientes emplumadas y más, dentro de un espacio en Olverita’s Village, una tienda en la Placita Olvera.

Además, desde hace un par de meses, su tía Guadalupe Lara se encarga de desplegar los alebrijes que trabaja Paul sobre una mesita, ubicada en la calle 7th, entre Figueroa y Lebanon —en el centro de Los Ángeles.

Los coloridos diseños captan en minutos la curiosidad de los clientes. “Cuando la gente los ve, me dicen: ‘Amazing’. Algunos preguntan, ¿qué son? Otros me agradecen por compartir nuestra cultura”, indica la oaxaqueña de 60 años.

Recuerda que una vez, una clienta hasta dejó su almuerzo y salió del restaurante donde estaba solo para ir a ver las figuritas de madera. “Me dijo que vivía en Pacific Beach [San Diego] y que le gustaban los animales de mar”. Guadalupe dice que se llevó hasta cuatro alebrijes de pescado y al irse la abrazó. “El que a la gente le gusten me llena de orgullo”, indica con emoción.


Trabajo minucioso


De niño, Paul recogía troncos de copal con su familia, los cuales debían ponerse a secar por al menos dos meses. Y mientras los adultos tallaban, los niños se encargaban de pulir, resanar y aprender a pintar junto a sus mamás.

Con machete en mano, para dar las formas rústicas, y una navaja, para hacer los detalles, el alebrije empezaba a tomar forma para luego pasar por el proceso de pintura. No obstante, no es tan fácil como suena. El artista dice que lo que más se usan son los pulgares y que el dolor afecta de manera constante las manos de los artesanos.

“Hace poco me tocó tallar de una madera dura y aunque mi navaja estaba filosa terminé con los dedos hinchados”, narra mostrando las callosidades producidas por su labor.

Cuenta que la película Coco, que mostró los alebrijes a nivel mundial, ayudó a los artesanos en la demanda de estas figuras. “Creo que la gente quería tener su propio guía espiritual”. No obstante, confiesa que no solo se dedica a esta producción por comercio sino porque “es importante mantener la cultura para no perder la identidad de un pueblo”.

Paul, quien también cuenta con clientes en Houston, Boston y hasta en Florida, dice que Oaxaca es uno de los destinos turísticos más visitados y que promover el arte es algo que refleja su riqueza. “El que estés en otro país y adaptes nuevos estilos de vida, no implica que tienes que renunciar a tus raíces… Es como un árbol, lo pueden tumbar pero siempre quedan sus raíces, eso es lo que mantiene tu tradición”.