California

Inmigrante llegó a la frontera con un disparo en la cabeza; ICE lo detuvo y le dio ibuprofeno

Huía de una balacera y torturas en su natal Guatemala

Agencias
miércoles, 09 octubre 2019 | 15:38
Agencias

Los Ángeles – Un inmigrante indígena de Guatemala llegó a la frontera de Estados Unidos con una herida de bala en la cabeza. Algunos días le sangraban los ojos y la nariz. El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) lo mantuvo detenido durante dos meses: sólo le dio ibuprofeno para el dolor, según ha reportado el diario The Guardian.

Rolando, de 27 años, decidió huir tras sobrevivir una balacera y torturas en Guatemala. Pero sufría dolores de cabeza cegadores que lo forzaban a tirarse en el suelo e incluso le hacían perder el conocimiento.

Es muy probable que sufriera ya hemorragias cerebrales cuando se presentó en el punto de entrada de San Ysidro, en la frontera entre México y Estados Unidos, a principios de este año, según el citado diario.

Estuvo bajo custodia dos meses, parte de ellos en confinamiento solitario, por razones que el diario no explica, en el centro de detención de Otay Mesa, en San Diego, California, y con acceso esporádico a personal médico, de acuerdo con los registros de su detención.

Cada vez que pedía la ayuda de un médico, las autoridades de inmigración de ese centro de detención respondían ofreciéndole ibuprofeno.

“Creí que iba a morir”, ha dicho Ronaldo, quien prefirió no dar su apellido debido a amenazas de muerte en su contra, ha informado el diario. “Pensé que en este país había buena atención médica”, agregó, “pero no estaba recibiendo ningún tratamiento”.

La lengua materna de Rolando es el q’eqchi, un lenguaje maya que se usa en Guatemala y Belice, pero el hombre se comunica con su abogado en español ya que ese fue el idioma que lo forzaron a usar durante su detención.

Luego de ser dejado en libertad por ICE, Rolando continúa su lucha por permanecer en el país con una solicitud de asilo basada en la tortura física y la persecución que dice haber sufrido como indígena en Guatemala.

“Vine a Estados Unidos porque me gustaría al menos llegar a los 30”, ha indicado.

El padre de Rolando fue un militar que renunció para apoyar el movimiento proindígena. Lo mataron por ello poco después del nacimiento de Rolando. La madre falleció a causa del trauma, y Rolando quedó huérfano con tan solo 1 año.

Vivió en la indigencia y fue objeto de varios ataques violentos, según cuenta, por parte de personas involucradas en el asesinato de su padre. Cuando acudió a la Policía a pedir ayuda, fue torturado. De acuerdo con su solicitud de asilo, le quemaron los brazos con cuchillos calientes, y le colocaron tornillos en una mano y un pie.

En 2016, le dispararon en la cabeza y le dejaron una nota con una amenaza de muerte relacionada con la muerte de su padre. Sobrevivió, pero tuvo que esconderse, y no pudo recibir atención médica.

Rolando ha dicho que él mismo se sacó la bala de la cabeza, y cuando contactó a la Policía de nuevo, lo agredieron y se rehusaron a ayudarlo.

“No me queda nadie”, ha afirmado, “darme una oportunidad de quedarme acá es darme una oportunidad de permanecer vivo”.

Fue así como Rolando se unió a una de las caravanas de migrantes el año pasado que lo llevo a Tijuana, México, donde también fue golpeado. En febrero de este año cruzó la frontera y fue detenido.

Registros con más de 150 páginas han mostrado que Rolando tuvo crisis de salud y que pidió ayuda en repetidas ocasiones durante sus dos meses bajo tutela de las autoridades migratorias.

ICE le dejó en libertad luego de que pagara una fianza de 5 mil dólares con la ayuda de Al Otro Lado, una organización sin fines de lucro que presta servicios legales a migrantes.

Ahora lleva un grillete en su tobillo hasta conocer el resultado de su solicitud de asilo. ICE ha declinado comentar este caso por razones de privacidad.