Durante 156 años, este roble en Virginia ha sido un símbolo de la libertad en el país

Nacido de una sola semilla, su tronco ahora mide 16 pies y posee un dosel de 100 pies de ancho que, en altura, se eleva a 50 pies

Agencias
viernes, 27 septiembre 2019 | 10:20
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Hampton – La mayoría de los lugareños no saben exactamente cuánto tiempo lleva aquí. Dicen que al menos 300 años.

Estaba aquí antes que cualquiera de los edificios que se encuentran hoy en esta ciudad de 134 mil habitantes, en la Bahía de Chesapeake, precedido sólo por el pueblo Powhatan, las tribus nativas y las plantas que estas cultivaban, publicó el rotativo LA Times.

Nacido de una sola semilla, su tronco ahora mide 16 pies y posee un dosel de 100 pies de ancho que, en altura, se eleva a 50 pies. Un pequeño apartamento cabría perfectamente bajo su sombra.

En Hampton, donde abundan los vestigios coloniales y de la Guerra Civil, el árbol es quizá uno de los recordatorios más conocidos -y a veces dado por sentado- de la historia.

Es donde los abolicionistas, en medio de la Guerra Civil, enseñaban en secreto a los negros de la región de Tidewater a leer y escribir. En un día de invierno en 1863, las personas esclavizadas acudieron en masa para escuchar la primera lectura sureña de la Proclamación de Emancipación. La guerra continuaría por más de dos años, y la libertad de la esclavitud -aunque no la discriminación- no llegaría a Texas, el último bastión de la Confederación, hasta 1865.

Este año, la región de Hampton Roads recuerda el 400º aniversario de 1619, un año que marcó la llegada de los primeros africanos esclavos a las colonias inglesas, a sólo millas del grandioso roble viejo. Y el árbol, símbolo de un momento más alegre en la historia, también está atrayendo una mayor atención y un número creciente de visitantes.

Más grupos de turistas lo agregan en sus itinerarios. Los genealogistas afroamericanos, que buscan archivos del sureste de Virginia en sus investigaciones ancestrales, se toman una pausa frente a sus ramas cada día. Durante una reciente recaudación de fondos, los egresados de la Universidad de Hampton celebraron un “festival de cangrejos y manualidades” junto al árbol, cuya imagen aparece en el logotipo de la institución.

El presidente Trump mencionó el árbol este mes mientras hablaba con líderes de colegios y universidades históricamente negros.

“En 1861, una mujer afroamericana libre, Mary Peake, enseñó a 20 estudiantes debajo de un roble cerca de una base de la Unión, en Virginia. Ese árbol aún se mantiene alto y poderoso en el campus de la Universidad de Hampton”, recordó Trump. “Una buena escuela”.

Hoy, el Roble de la Emancipación (Emancipation Oak) se eleva en el extremo oriental de la Universidad de Hampton, empujado contra una rampa de la Interestatal 64 y protegido por una cerca semicircular de metal, con un distintivo antiguo a un lado y unos pinos altos al otro.

Apenas habían pasado meses en la Guerra Civil en 1861, cuando los líderes de la Unión declararon que los esclavos que llegaban a las fronteras no serían devueltos a sus dueños confederados y, en cambio, serían considerados “contrabando” de guerra, ya que provenían de una autoproclamada tierra extranjera. Mientras Virginia era territorio confederado, la Unión retenía a Fort Monroe, un cuartel en una península en la punta de Hampton.

Las personas esclavizadas se apresuraban a llegar al fuerte en busca de libertad. No pasó mucho tiempo antes de que se formara un campamento de esclavos liberados en las afueras de la base militar, en la actual Hampton.

El 17 de septiembre de 1861, Mary Peake enseñó su primera clase para unos 20 de estos afroamericanos anteriormente esclavizados, bajo el árbol. Esta mujer negra libre que trabajaba para la Asociación Estadounidense de Misioneros, desafió así la ley de Virginia, que prohibía educar a los afroamericanos, tanto libres como esclavos. Peake consiguió su propio edificio, Brown Cottage, que eventualmente se convertiría en la Universidad de Hampton, una institución privada que inscribe a 3 mil 672 estudiantes de grado en la actualidad.

“Ese árbol es parte integral de la historia de la Universidad de Hampton, de la historia de la ciudad en general”, remarcó Cassandra Newby-Alexander, profesora de historia de la Universidad Estatal de Norfolk.

En un reciente día lluvioso y húmedo de verano, una madre y su hija adolescente pausaron para reflexionar sobre la historia. “Esto te acerca a tus antepasados”, comentó LeShaun Martin, de 56 años, quien se acercó lentamente a las ramas más bajas con su hija Grace, de 15 años. Oriundas de Pittsburgh, ambas se alojaban con amigos de la familia que les habían sugerido una visita. Como afroamericanas cuyos antepasados fueron esclavizados, para ellas la existencia del árbol era una noticia. Sacaron sus teléfonos y se tomaron fotos allí, sonriendo.

“Todo posee el espíritu de su tiempo”, agregó Martin, cuya madre creció cerca del condado de Isle of Wight. “Esperemos que genere algo que nos conecte más con la familia”.

Momentos después, Chad Tyson, quien estaciona su BMW azul todos los días cerca del roble cuando asiste a la Universidad de Hampton, se acercó para reflexionar bajo sus hojas, en un ritual diario. “Siempre está en mi mente”, afirmó Tyson, un afroamericano de 47 años que cursa un doctorado en liderazgo y administración de empresas. “Tenemos que reconocer lo que hicieron nuestros antepasados. Lo que sacrificaron para que nosotros podamos estar aquí".

Para otros, el roble es sólo un árbol. El mismo día, seis adolescentes que estaban en la ciudad de Baltimore para jugar un torneo de baloncesto llegaron al estacionamiento, junto con sus padres. Los muchachos pasaron corriendo hacia la esquina de la calle, donde Emancipation Drive se encuentra con William R. Harvey Way; lo que en realidad querían era tomarse fotos con los letreros de la “Universidad de Hampton”, que dan la bienvenida a los visitantes al campus. El árbol no importaba para ellos.

Sin embargo, este “roble vivo” que tiene hojas verdes durante todo el año, ha vivido en gran medida una existencia tranquila e ininterrumpida a lo largo de los años. En 1974, junto con la Universidad de Hampton, fue incorporado a la lista de hitos históricos del Servicio de Parques Nacionales. La National Geographic Society también lo nombró uno de los “10 grandes árboles del mundo”, y los investigadores intentaron clonar su ADN.

En 2010, cuando el presidente Obama pronunció un discurso de graduación en la universidad, recibió una semilla del árbol para llevar a la Casa Blanca. El retoño fue colocado en el Jardín Sur, junto a un árbol de magnolia que el presidente Andrew Jackson plantó en la década de 1830.

Hace tres años, el roble enfrentó uno de sus mayores desafíos cuando las autoridades estatales intentaron avanzar con una ampliación de la Interestatal 64, que pasa a 75 pies del árbol. Funcionarios de la universidad protestaron, alegando que la construcción iba a invadir el campus y aumentar la contaminación alrededor del árbol.

Aunque ganaron, el roble todavía enfrenta enemigos inevitables en estos días. A veces hay basura debajo del dosel. Las ramas más bajas son invadidas por malezas. Una en particular, una enredadera invasiva llamada baya porcelana, tiene flores blancas y frutos azulados, violetas y verdes. Al principio es atractivo para la vista, pero crece rápidamente para ocupar más espacio del que merece.

Pese a todo, el roble sobrevive.