XXX

Quiero abordar el tema de la pornografía, seré honesto, les aviso que no pediré que nadie la vea y que desaparezca

Santiago González
Analista
sábado, 09 marzo 2019 | 06:00

Quiero abordar el tema de la pornografía, seré honesto, les aviso que no pediré que nadie la vea y que desaparezca, sería como pedir que desapareciera el lunes, no va a ocurrir, pedir que nadie acuda al porno tendría el mismo peso de los llamados a la paz mundial desde un concurso de belleza. Pero sí espero hacer evidentes prácticas y tendencias tóxicas dentro de la industria. Yo sé que ninguno de ustedes, puros y castos lectores, jamás, o si acaso en algún momento muy lejano en el tiempo, acudieron a la erotización externa por medio de material gráfico de contenido sexual; estas reflexiones van para aquellos que no somos ninguno de nosotros (as). 

La historia de la pornografía como hoy la conocemos no llega muy lejos, si acaso a los años sesenta relacionada con la llamada “revolución sexual”, pues hay que distinguirla del erotismo en el arte, literatura, pintura, incluso deificación y representaciones graficas de la fertilidad y actividad sexual en civilizaciones antiguas que tenían otros objetivos y contexto. Así, no podríamos decir que la cerámica griega o los relieves de los templos hindús tenían la misma finalidad. La diferencia esencial entre erotismo y pornografía es que la primera es un enfoque estético de la sexualidad, mientras la segunda una representación gráfica. 

Muy lejos han quedado aquellos filmes de personas con abundantes cabelleras, y la historia de un despistado plomero que acudía a realizar reparaciones; luego todos (as) sabemos cómo terminaba eso. Si alguna industria creció desmesuradamente con el Internet, fue la industria pornográfica, actualmente en cifras conservadoras se estima existen siete millones de sitios dedicados a ofrecer este material y que cada seis minutos se sube a la red un nuevo video. Las categorías ruborizarían al mismo Marqués de Sade, por raza, edad, orientación, parafilia, etc. En los ochenta el mismo Max Weber y Von Wright dedicaron extensos estudios al tema, que por ser anteriores al “big bang” del Internet se han quedado cortísimos, unas ternuritas.

La pornografía tiene una función estimulante, específicamente generar una reacción física en nuestro cuerpo, este también va generando resistencia, así una persona que consume constantemente este material pronto dejará de encontrar placer en lo común y buscará cada vez material más anómalo que generen la reacción buscada introduciendo elementos nocivos que no estarían en el desarrollo normal de la sexualidad. ¿Y cuál es el problema?, podríamos pensar que cada persona es libre de diseñar su propio proyecto sexual, más cuando se trata de la autoerotización, qué le importa al mundo con que se excite cada persona en su intimidad.

Pero si hay una afectación social, primero porque como hemos apuntado existen millones de sitios que ofertan cada uno miles de videos de contenido sexual, lo que nos daría miles de millones de videos pornográficos, eso genera una demanda y como las categorías más buscadas son adolescentes en situaciones de sometimiento, sexo grupal y otras perversiones, esas jóvenes tienen que salir de algún lado. Otra de las tendencias según estadísticas de los mismos sitios es la categoría “amateur” es decir, personas que no se dedican a la industria, sino que eventualmente pudieron aparecer en un video de contenido sexual de las cuales se desconoce si otorgaron su consentimiento. ¿Qué sabemos de las y los jóvenes que están teniendo sexo en las pantallas? ¿Quiénes son? ¿Cómo llegaron a esa industria? ¿Cómo fueron reclutados (as)? ¿Eligieron libremente ser exhibidos en situaciones tan humillantes? ¿Dónde están ahora y como afectó sus vidas?

Por otra parte está la normatividad, que si bien no hay una regulación específica para el tema la Ley General sobre Trata entre sus artículos 10 al 15, especifica penas de 15 y hasta 30 años para quien se beneficie de someter a una persona a la pornografía y una serie de supuestos muy amplios en los que fácilmente podría encuadrar ese gusto culposo de ver a personas jóvenes teniendo sexo sin conocimiento de sus condiciones y consentimiento.  Y son precisamente la juventud quienes además de ser el objeto de la mayor parte de dicho material, son también consumidores, jóvenes que están lejos de discernir entre lo correcto e incorrecto dentro de una vida sexual y para quienes este material va normalizando practicas dañinas en lugar de un acto de placer consentido.

Como podemos ver, ese acto íntimo al parecer privado tiene repercusiones fuera de nuestras computadoras. Por otra parte no podemos hablar de una sociedad que busca le equidad, si por millones acudimos a ver material cuya tendencia se ha volcado a la violencia sexual y la depravación, no soy conservador, según el sitio más utilizado en el mundo “PornHub”, las palabras más buscadas por los mexicanos en la plataforma fueron “mamá” y “madrastra” seguidas de “adolescente” y “mujeres con pene”, vil incesto y pedofilia. Sépalo, consumir basura también enferma nuestras mentes.