Monumento al Burro

Antes de entrar en el tan apasionante tema del Monumento al Burro, me ocuparé de otro más doloroso: la pobreza que atenaza a México

Hesiquio Trevizo
Presbítero
domingo, 07 abril 2019 | 06:00

1. Antes de entrar en el tan apasionante tema del Monumento al Burro, me ocuparé de otro más doloroso: la pobreza que atenaza a México. El empobrecimiento en México es "permanente", afirmaron tajantemente este lunes expertos del Instituto de Investigaciones Económicas, (UNAM), que alertaron de que desde hace 25 años 62 millones de personas aprox., que actualmente equivaldrían la mitad de la población de México, "carecen del ingreso suficiente para adquirir la canasta básica, situación que no ha cambiado". 

En 2016, más de la mitad de la población, el 56 por ciento, no tenía acceso a seguridad social en casos de accidentes profesionales, enfermedades, jubilación, invalidez o vejez, según destacó en rueda de prensa el investigador Andrés Blancas. Además, dijo que en el país 19 millones de personas no tienen acceso a servicios médicos. Además, no hay medicinas y la cita se tarda meses.

El ingreso de los 10 mexicanos más ricos es equivalente al de 60 millones de mexicanos pobres, dijo este miércoles Enrique Graue, rector de la UNAM, en la presentación del informe "La ineficacia de la desigualdad". ( Bueno, la desigualdad no puede ser eficiente).

Elaborado por la CEPAL y presentado en la Facultad de Economía, el informe analiza y mide los efectos de la falta de acceso a la salud, educación, ingresos y discriminación por género o condición étnico-racial en una de las regiones más desiguales del mundo.

"El documento refleja la lacerante inequidad, que es como un monstruo que se alimenta de sí mismo, y, si no la combatimos, nos destruirá por su propia ineficiencia", declaró Graue en su intervención. Ya decía yo, ‘nuestra circunstancia’, o la dominamos o nos come. 

2. El 2 de enero de 2013, cuando EPN lanzaba el enésimo programa mexicano para enfrentar el hambre, escribía yo, en este espacio: “No cabe duda de que el presidente Peña Nieto se juega el sexenio con el tema del hambre. El hambre es un fracaso estrepitoso y una vergüenza del sistema político nacional. Después de todo, no es lo peor que los pobres se rebelen en lugares donde la vida se antoja sencillamente imposible y siempre humillante. Bastante sufren quienes nada tienen, salvo ofensas y agravio en el trato, y sólo les quede la alternativa del crimen. El presidente ha movido una pieza crucial, al inicio de su mandato, que puede marcar su sexenio. (Y lo marcó).

El problema de la pobreza en México, del hambre y la sed, de las desigualdades, es profundo, complejo y atávico. Nadie podemos objetar nada al programa del presidente, pero sí advertir de los riesgos, el primero de los cuales es, sin duda, que se trate de un programa oficial. ¿Quién puede contar los programas emprendidos a favor de los pobres, en México, revolución incluida? Lo sabemos, aquí y en donde quiera, los políticos no gozan de buena prensa; existe la percepción de su distanciamiento cada vez mayor de las verdaderas necesidades del pueblo. La historia de la lucha contra la pobreza en México es una larga historia de corrupción y, por determinar la pobreza, más hiriente, más dolorosa, más sentida”.

Creo que, tras un sexenio, lo escrito entonces sigue vigente. El programa actual adolece, prácticamente, de los mismos defectos más una flagrante falta de claridad. Mire usted, Fco. Gil Días ya recibió los 2 mil 550 pesos que no sabe cómo devolver; sé de una señora que vive ya en El Paso y recibe pensión de AMLO. Sé de otra que es ricachona y recibe los 2 mil 550 y dijo sin más que no los necesita, pero los ha destinado para su mani-pedicure mensuales. Los huehuenches distribuidos por el país deberían informar mejor al ‘Gran Jefe’. ¿Cuándo y dónde ha sido una solución regalar el dinero? Es muy caro, casi imposible, financiar la pobreza. El asistencialismo deja intacta la estructura de injusticia, aunque a veces, éste sea una solución de emergencia. ¡O, para comprar votos por adela….!

Muy bien que El Diario nos esté informando, a nosotros periféricos provincianos, mediante Sarmiento, Riva Palacio y Beltrán del Río y otros, de los despropósitos que desde la Gran Tenochtitlán se están fraguando. El derrumbe de la industria que sostiene la frontera norte (y al país) es inminente. Qué ironía que una exportación de China pueda llegar a EU más a tiempo que la que salen de esta frontera. En Juárez ya vivimos una situación de pánico. Pero Tenochtitlán sigue estando lejos. Y los huehuenches andan en lo suyo. Creo que la popularidad del presidente en la frontera norte se derrumbó.    

3. El texto que sigue se lee en “Breve Historia de México”, obra de J. Vasconcelos. La primera edición fue en 1937 y la última, creo, en 2005 en Editorial Trillas. Vienen algunas glosas que lector avisado distinguirá. Helo aquí: «El burro liberó al indio. En lugar de tantas estatuas de ‘héroes desconocidos’ -generales que no han sabido pelear contra el extranjero, en vez de tanto busto de político que ha comprometido los intereses patrios, debería haber en algunas de nuestras aldeas y en el sitio más dulce de nuestros parques el monumento al primer borrico de los que trajeron los españoles.  Ello sería una manera de revindicar las fuerzas que han levantado al indio, en vez de los que sólo le aconsejan odio, resentimiento y lo explotan, indigenismo dudoso y espurio. Enseñaríamos de esta suerte al indio a honrar lo que transformó el ambiente miserable que en nuestra patria prevalecía antes de la conquista. Lea quien quiera las crónicas de la conquista; era costumbre, reconocen los cronistas, que cada pueblo, cada parcialidad, cada cacique, dispusiera de uno o varios centenares de tamemes, es decir, indios destinados al oficio de bestias de carga, esclavos que sustituían al burro. Y todavía en territorios a donde no penetró la conquista como en varios sitios del interior de Chiapas subsisten los tamemes, el transporte se hace a lomo de indio. Si en vez de tanto discurso de agitadores sin conciencia, (historiadoras fifí), algún buen alcalde les hubiese llevado, en pleno siglo XX, lo que los españoles repartían por el Continente desde el siglo XVI, caballos y borricos, ya se hubieran acabado todos los tamemes. El burrito africano, el asno español, llegaron a estas tierras a ofrecer su lomo paciente para alivio de los tamemes indios. Ni siquiera la casta la hemos conservado. Nuestro descuido lo deja desmerecer, o el aire mismo de estas tierras envejecidas ha hecho del burro americano un desmembrado vástago del burro peninsular o del burro que montan en Egipto los viajeros, (hay una foto de la visita que D. Porfirio, ya refugiado en París, hizo a Egipto; luce montando frente a las Pirámides uno de estos burros egipcios), que da la impresión del caballo por el trote rápido y suave pero, así y todo, ¿qué sería hoy de los indios y de todos los pobres marginados en nuestras rancherías, sin sus burros?». (p. 130. ed. 2002). 

Y no solamente nuestros campesinos; recuerdo mi infancia, en mi pueblo había muchos burros –cuadrúpedos, digo-, dado que por doquier hay más burros que burros. Me entero ahora de que en Matachí estos mansos animales están en extinción, (los cuadrúpedos). Cada semana surtían de leña al pueblo, sin ellos se hubiera desatado una crisis energética grave en el pueblo; a mi padre le entregaban tázcate, leña especial para atizar el cazo de los chicharrones, digo pues, que no sólo nuestros campesinos, sino el fierrero-botellero, ¿qué haría sin esos mansos, famélicos animales, con mataduras y hambrientos, que no interesan ni a los animalistas?

Bíblico animal. La trágica dinastía de Israel comienza cuando Saul, “en la flor de su edad y buen mozo”, salió a buscar unas burras que se le habían perdido a su padre, Quis. (s. X, a.C.). En la búsqueda se encontró con un profeta que, además de decirle dónde estaban las burras, lo ungió como primer rey de Israel. Democracia directa. Y qué más podemos decir de este manso, resignado y resistente animal cuando cargó es su lomo a la Virgen Santa ya embarazada del Verbo Eterno, desde Nazaret hasta Belén. Y por si faltara algo, cabalgando un borrico Jesús entró a la Ciudad Santa, un domingo de ramos, el primero. Sí, merece una estatua este singular animal. 

4. El caballo ya es otra cosa. «Fueron originalmente, -las crónicas no coinciden-, quince u once caballos y cuatro yeguas que llegaron a la tierra ahora llamada México. Bernal Díaz los describe con amor y con detalles que alcanzan los colores y a qué jinete correspondía oprimirle los lomos. Entre todos los bienes materiales de la conquista, ninguno es mayor que el de haber dotado al Nuevo Mundo con el más noble, el más bello, el mejor de los animales, el que por excelencia ha simbolizado la civilización. Pues con el caballo no sólo duplicó su fuerza el guerrero, también la industria afianzó el uso de la rueda que impele al carro». (ibid.) 

Curioso, los mexicas no conocían aún el uso de la rueda. No deja de ser curioso que los mexicas, (los aztecas se derrumbaron sin saber que eran llamados aztecas, ellos se conocían a sí mismos como mexicas), no hayan descubierto el uso de la rueda. Y to’via.