Opinión

Ganar ganar o perder perder

Empecemos por distinguir y reconocer que la existencia de diversos partidos políticos significa, en esencia, la diversidad de pensamiento de los mexicanos

Francisco Ortiz Bello
Analista

domingo, 24 enero 2021 | 06:00

Mientras la militancia, la base operativa y activa de partidos políticos como el PRI y el PAN, se devana los sesos y el entendimiento para encontrar de nuevo la senda del triunfo electoral, sus dirigencias toman decisiones que parecen alejarlos cada vez más de ese camino. Así de complejo se vislumbra hoy el panorama electoral para junio de este año.

Y no me refiero a las alianzas políticas que han realizado a nivel nacional el PRI, el PAN y el PRD, porque finalmente esas alianzas son figuras válidas, legales y genuinas que forman parte de una normalidad política en cualquier sistema democrático, aunque a algunos ortodoxos de las ideologías les disguste. Me refiero específicamente a los “cambios” o “brincos” inexplicables que han dado algunos personajes en particular, sobre todo en esta frontera, en busca de la ansiada nominación a la candidatura por la presidencia municipal.

Empecemos por distinguir y reconocer que la existencia de diversos partidos políticos significa, en esencia, la diversidad de pensamiento de los mexicanos, cada partido representa una ideología diferente, una plataforma político-económica sustentada en muy variadas y hasta encontradas teorías del pensamiento humano, desde temas eminentemente políticos hasta otros más subjetivos o individuales como la religión, la moral y otros similares.

De ahí que quienes militan en determinado político, se identifican con la plataforma política que representa y con el conjunto de valores y principios que postula dicha institución. No se puede entender de otra forma. Uno no esta o pertenece a un grupo con el que mantiene diferencias sustanciales en la forma de pensar o de ver la vida ¿O sí?

Precisamente, ese razonamiento, es lo que explica el hartazgo y enojo manifiestos de la sociedad en su conjunto hacia los partidos políticos, o mejor dicho hacia sus dirigencias, porque en la práctica de un pragmatismo puro, estas dirigencias realizaron un fuerte alejamiento de sus principios, postulados y valores básicos, lo que ha llevado a muchos de sus militantes a alejarse también. De ahí la debacle electoral de varios partidos en las más recientes elecciones.

Con este análisis no se trata de demeritar o desacreditar los acuerdos o alianzas político-electorales, claro que no, porque estos existen como una valiosa herramienta de la normalidad democrática en cualquier país, como una forma de lograr contrapesos electorales importantes que puedan impedir la concentración de poder político en un solo partido o signo político, por demasiado tiempo.

Así pues, a partir de una plataforma política previamente planteada y acordada entre las dirigencias de dos o más partidos, y formalmente validadas por sus respectivas militancias, es perfectamente posible realizar cualquier tipo de alianza o coalición electoral entre diversos partidos políticos. El Pacto de la Moncloa firmado en España en 1977, es un claro ejemplo de una exitosa alianza político-electoral de varios partidos políticos, aun los más radicales de izquierda y derecha, para que puedan coexistir no solo en una contienda electoral, sino finalmente en un gobierno de coalición.

Por eso en nuestro país, y Chihuahua no es la excepción, las draconianas alianzas entre partidos no solo llaman a la sorpresa y desconcierto, sino a la descalificación total de una sociedad cansada de promesas incumplidas, de imposiciones autoritarias, de una democracia simulada, pero, sobre todo, por la falta de congruencia y compromiso que les dieron origen a cada uno.

Es en este escenario, de confusión y mescolanzas sin sentido, que las candidaturas a la presidencia municipal de Juárez han cobrado especial relevancia e interés para los juarenses, ya que de ellas dependerá en muy buena medida el futuro de nuestras familias, de la economía fronteriza y, en general, de todos quienes aquí vivimos, laboramos, estudiamos y tenemos actividades diversas.

En el caso del PRI ya tiene una definición muy marcada hacia la persona de Adriana Fuentes, reconocida empresaria y política tricolor, con una buena trayectoria dentro de la dirigencia nacional del partido, y un amplio posicionamiento en el sector empresarial lo que, en otro momento, la pondría sin duda como una fuerte aspirante a ganar la elección, sin embargo, en la situación actual, es precisamente la marca (PRI) su principal desventaja.

Al menos en cuanto a la alcaldía de esta ciudad, el PRI ha preferido lanzar a una militante con trayectoria partidista, lo que habla bien de la institución, aunque sea precisamente la institución la que goza de un enorme desprestigio en estos momentos del proceso electoral vigente, desprestigio que sin duda alguna transferirá en buena medida a su candidata.

El PVEM también hizo una apuesta por la institucionalidad, al negarse a diversos acuerdos o alianzas, designando como su abanderado a Antonio Andreu que, si bien es un exmilitante priista, tiene ya algunos años colaborando con los verdes en Chihuahua, y quien además goza de una buena reputación personal en los distintos cargos que ha desempeñado, tanto de elección popular como en los que ha sido funcionario público designado. Sus oportunidades de ganar la elección son tan buenas como suficiente sea el apoyo que reciba del partido, y como grande sea la estructura operativa que se construya para la campaña.

Por el lado de los panistas las cosas se ven bastante más complicadas. Inmersos los blanquiazules en una fratricida guerra interna por la campaña a la gubernatura, la dirigencia estatal logró imponer para Juárez una encuesta método de selección de candidatos a la alcaldía, es decir, no serán los militantes quienes lo elijan como se acostumbra en ese partido, lo que abrió las puertas para que personajes como el Fiscal General del Estado, Cesar Augusto Peniche, el pastor Alfonso Murguía y hasta el ex candidato de Morena, Javier González Mocken se registren para ser medidos como probables candidatos del PAN a la presidencia municipal de Juárez.

Este hecho por supuesto que ha causado un enorme revuelo no solo entre los émulos de Gómez Morín, sino entre la sociedad entera, sobre todo por lo que respecta a González Mocken, quien en 2018 saltó del PRI a Morena, fue abanderado por ese partido en la elección para presidente municipal y perdió ante Armando Cabada, aun a pesar de la ola lopezobradorista que arrasó en Juárez con todos los cargos de elección popular, con todos menos con la presidencia municipal.

Así pues, esa errática trayectoria del exalcalde suplente e interino en la administración priista de Serrano, con tantos cambios de camiseta en tan poco tiempo, ha dejado ver una gran inestabilidad, al menos, en cuanto a sus ideales o propuestas programáticas de gobierno, porque desde luego que no es lo mismo el PAN que Morena, es más, resultan totalmente antagónicos en esos temas.

La pregunta que muchos nos hacemos, si González Mocken resultara ganador en la encuesta de selección panista, es si los militantes y simpatizantes panistas aceptarán hacer campaña a favor de alguien que en el pasado denostaba fuertemente los principios y valores de su partido. Interrogante seria y sustentada.

Caso aparte es Morena. Ante la defenestración que hizo a González Mocken este partido, por la llegada intempestiva de Gabriel Flores, el escenario parecía clarificarse favorablemente para el partido de la 4T, porque este arribo representa la suma de muy importantes cuadros operativos, de una amplia estructura activa y conocedora del territorio juarense, no solo para el proyecto municipal, sino para sumarle votos a su precandidato a la gubernatura, Juan Carlos Loera de la Rosa.

Es impensable ganar la gubernatura, sin obtener una victoria en Ciudad Juárez, pero además por un amplio margen de diferencia. Independientemente de lo que representa la suma de equipos diversos al proyecto estatal. En política, la suma de voluntades, de equipos, de esfuerzos, de apoyos no es solo benéfica y positiva, es obligada si se quiere llegar lejos, por eso resulta sorprendente que Loera de la Rosa quiera imponer para Juárez, como candidata a la presidencia, a la administradora Norma Deidrée Bazán.

Pareciera que Juan Carlos está empeñado en perder no solo Juárez, sino la gubernatura del estado, porque en el supuesto de que lograra su propósito de colocar a Deidrée, eso significaría la salida de su proyecto no solo de Gabriel Flores, sino de otros liderazgos importantes como el de Armando Cabada, con todo lo que eso implica.

Por eso muchos no entienden la política y sus entuertos, porque se niegan a cohabitar o coexistir con las más diversas personalidades, olvidándose de que todo suma, todo ayuda, excepto si no se acepta esa suma, esa ayuda. 

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