De política y cosas peores | Visita indeseable

'Lo siento, señorita. Padezco un grave problema sexual'

Armando Fuentes
Escritor
jueves, 07 marzo 2019 | 06:00

Ciudad de México.- "Lo siento, señorita. Padezco un grave problema sexual". Así respondió aquel hombre a la mujer que se le insinuó en el lobby bar del hotel. La daifa quiso saber: "¿Qué problema sexual es ése?". Respondió el tipo: "No tengo dinero". Un señor pasó a mejor vida. Cierta comadre suya acudió a la funeraria a fin de darle el pésame a la viuda. Le preguntó: "¿De qué falleció mi compadre, comadrita?". Repuso ella: "Murió envenenado". Dijo la otra: "Al verlo en el ataúd pensé que había muerto por golpes. La cara se le ve llena de moretones y magulladuras". Explicó la mujer: "Es que el cabrón no quería tomarse el veneno". Afrodisio Pitongo, hombre proclive a la concupiscencia de la carne, invitó a Susiflor, ingenua chica, a ver una película en el autocinema. Ya ahí le dijo: "Pasémonos al asiento de atrás del coche, linda. Si eN el cine me siento muy adelante me lloran los ojos". López Obrador va que vuela para convertirse en persona non grata en los estados que tienen gobierno de la oposición. Dije mal: en México ya no hay oposición. Debí decir: "en los estados de los cuales Morena no es dueña todavía". La burda práctica ejercida en forma sistemática por los morenistas, práctica consistente en abuchear a los gobernadores en los mítines a los que asiste AMLO, hará que la visita del presidente sea indeseable, y que éste llegue a ser un huésped visto con recelo, y aun con temor. Si a eso se añade el radical recorte que López Obrador ha hecho a los fondos que la Federación enviaba antes a esos estados, se explicará el abismo que se ha abierto entre el poder central y numerosos mandatarios estatales. Tal desencuentro no es bueno para el país, ni corresponde a aquello de "la República amorosa" predicada por López Obrador en sus sermones. Lejos de sumar y multiplicar AMLO está restando y dividiendo. Si persiste en su actitud, si permite que sus huestes sigan hostigando a quienes no se rinden en forma incondicional ante el todopoderoso presidente, eso acabará causando grave daño a la Nación. La madrastra y las hermanastras de la Cenicienta advirtieron en ella una sospechosa inflamación de la cintura. Suspicaces, le preguntaron a qué se debía eso. Confesó ella: "La noche del baile con el príncipe perdí algo más que la zapatilla". Los soldados hacían ejercicios militares frente a la plaza del lugar. Pasó por ahí Empédocles Etílez, el borrachín del pueblo, y con acento marcial les gritó: "¡Por el flanco derecho, a tiznar a su madre!". El sargento, indignado, fue y le dio un tremendo mamporro en la cabeza. Se dolió el temulento: "¿Por qué me pega, general? No dije '¡Ya!'". Inepcio, marido poco diestro en artes de erotismo, habló con su amigo Libidiano, quien gozaba de fama de supereminente amante. Le contó que su esposa -la de Inepcio- se mostraba fría en el lecho, y él no lograba ponerla en aptitud de realizar el acto conyugal. Le dijo Libidiano: "A todas las mujeres con las que tengo tratos de libídine les acaricio con índice y pulgar el lóbulo de la oreja izquierda. Ese sutil y leve frotamiento las excita en tal modo que se vuelven unas bacantes en la cama, y su lascivia y desenfreno son tan grandes que a duras penas puedo después satisfacerlas". Inepcio tomó nota del consejo. Escribió en su libreta: "Frotar lóbulo de oreja izquierda. Nota: con índice y pulgar". Esa misma noche llegó a su casa cuando su esposa se hallaba ya en el lecho. En la penumbra de la habitación se acostó junto a ella y le acarició el lóbulo de la oreja izquierda. (Nota: con índice y pulgar). Dijo la señora: "Nomás que sea rapidito, Libi, porque aquél no tarda ya en llegar". FIN.