De política y cosas peores | Civismo no, pero cinismo sí

'Anoche evité una violación'

Armando Fuentes
Escritor
viernes, 29 noviembre 2019 | 06:00

Ciudad de México.- “Anoche evité una violación”. Eso dijo Afrodisio Pitongo, hombre proclive a la concupiscencia de la carne. Un amigo le preguntó, admirado: “¿Cómo lograste evitar eso?”. Respondió con orgullo el tal Pitongo: “La convencí”. Un individuo acudió a la consulta del doctor Ken Hosanna y se quejó de sufrir una continua cefalalgia, del griego kephalé, cabeza, y algos, dolor. El médico procedió a interrogarlo. “¿Fuma usted?”. Respondió el hombre, solemne: “La sola pregunta me agravia, doctor. El credo religioso que profeso ve al cuerpo del hombre como un templo del Espíritu Santo. Cualquier sustancia nociva que se introduzca en él no sólo constituye un atentado contra la salud: es también el factor constitutivo de un pecado”. Inquirió el galeno: “¿Bebe?”. “Otra vez me ofende -expresó el tipo-. Jamás he profanado mis labios con una gota de licor. Soy por completo abstemio”. Quiso saber el facultativo: “¿Tiene usted trato frecuente con mujer?”. “Ni frecuente ni infrecuente, señor mío -se irritó el sujeto-. Blasono de ser puro, casto, honesto y continente. Nunca he incurrido en una acción impúdica, lasciva torpe o vergonzosa. Soy virgen, y conservaré la impoluta gala de mi virginidad hasta el día en que el Señor me llame”. El médico ponderó las respuestas del paciente y declaró en seguida: “Creo haber dado con la causa de su permanente dolor de cabeza”. ¿Cuál es, doctor? -preguntó con ansiedad el hombre. Respondió el doctor Hosanna: “Seguramente le aprieta la aureola”. Don Algón fue al cuarto del archivo en busca de un documento, y lo que vio lo dejó anonado. He aquí que su linda secretaria Rosibel y el joven archivista estaban practicando el antiguo rito natural sobre la mesa de registro. “¿Qué significa esto?” -preguntó enojado el jefe. Rosibel misma se adelantó a dar la explicación: “Es la hora del café, y ya no había”. Civismo no tendrán, pero cinismo sí. Hablo de los diputados federales de Morena y sus partidos títeres, que sin recato alguno se regalaron a sí mismos un aumento de 50 por ciento en el monto de sus aguinaldos navideños. Antes ese aguinaldo era de 40 días de salario, ahora será de 60, y sin obligación de pagar impuesto alguno por esa percepción. Ya se ve que la prédica de López Obrador, su señor y dueño, acerca de la austeridad republicana les entró a esos diputados por una oreja y les salió por no quiero decir dónde. Doña Gorgolota desapareció del domicilio conyugal. Su esposo don Sufricio fue a la policía y denunció la desaparición. Al día siguiente un agente lo llamó por teléfono y le comunicó: “Le tenemos dos noticias: una mala y una buena”. “Lo escucho” -contestó don Sufricio. Le informó el agente: “Su esposa huyó con otro hombre, y nos dijo que por ningún motivo y bajo ninguna circunstancia regresará con usted”. Preguntó don Sufricio: “¿Y cuál es la mala noticia?”. En la pecera que está sobre la mesa de la sala un pececito le dijo a otro: “¿Crees que haya otro mundo a más del nuestro?”. El cazador, su esposa y su hija iban por la jungla cuando de pronto salió un gorila de entre los matorrales, tomó en sus membrudos brazos a la chica y se perdió con ella en la espesura. “¡Qué barbaridad! -se consternó la madre-. ¡Espero que las intenciones de ese animal sean honestas!”. El ejercicio de imaginación que pone fin a esta serie de historietas tiene la particularidad de que se forma quitando cada vez una palabra de la frase inicial. Leamos. “¡Ay, Libidiano, así no se puede hacer!”. “¡Ay, Libidiano, así no se puede!”. “¡Ay, Libidiano, así no sé!”. “¡Ay, Libidiano, así no!”. “¡Ay, Libidiano, así!”...  “¡Ay, Libidiano!”. “¡Ay!”. FIN.