Cultura de la legalidad

Es el conjunto de normas, valores y actitudes que todo ser posee ante las leyes y las instituciones

Víctor Guzmán
Académico
miércoles, 13 marzo 2019 | 06:00

La cultura de la legalidad es el conjunto de normas, valores y actitudes que todo ser posee ante las leyes y las instituciones que las hacen cumplir. Indica el nivel de conocimiento que los ciudadanos tienen sobre las normas vigentes, y sirve para determinar la estabilidad del sistema social. Para ello se requiere cierta armonía entre el respeto a la ley, las convicciones morales y las tradiciones culturales (Godson, Roy. 2000).

Tolerancia, cortesía, respeto, urbanidad, buena educación, son parte de la cultura de la legalidad, y son conductas que nos resultan conocidas, pero quizá, no llevadas a cabo, en algunos casos.

Es más fácil dar un billete de 200 pesos a la autoridad por exceso de velocidad, que enfrentar las consecuencias; tirar un animal muerto en la esquina, que enterrarlo; arrojar las colillas de cigarro en la calle al manejar, que depositarlo en el cenicero del auto. Mil y un ejemplos se pueden citar y resultarían pocos. Para algunos, quizá, son detalles mínimos estacionarse en lugares prohibidos, estafar telefónicamente, aprovecharse de ofertas por equivocación del empleado, etc., pero acciones de esta naturaleza conllevan a fomentar la ilegalidad y un ejemplo para quienes ven. 

Se detecta en los hospitales cómo los trabajadores mienten para incapacitarse. Padres de familia justifican a los hijos para no llevarlos a la escuela. Venta de productos que no cumplen las características que ofrecen, al igual que la venta de títulos y certificados. 

Lo anterior, refleja una falta de civismo al interior de la sociedad, carencia de confianza en las entidades del Estado. Por ello tanto el Gobierno como la sociedad deben cumplir la responsabilidad que les compete.

Como parte de sus actividades de trabajo y ejemplo a seguir por la sociedad, el funcionario público, tiene una oportunidad única para ser ejemplo en la entidad, dando un servicio de calidad, ejecutando una labor de confianza y credibilidad en las instituciones públicas. De lo contrario, será recordado como villano o simplemente corrupto, como muchos otros. El ente gubernamental, se debe al bien común, satisfaciendo las necesidades de los ciudadanos, quienes lo ven como reflejo del Estado.

Por ello el servidor público debe comportarse de modo ejemplar, contribuyendo a la colaboración de fines sociales, practicando la legalidad, buscando la justicia y equidad de manera uniforme. La responsabilidad es doble, ya que actúa como ciudadano común y al mismo tiempo ejecutor y responsable de las leyes. Debiendo ser un ejemplo a seguir para los gobernados.

La otra parte, es de la ciudadanía, llevar a cabo el aporte personal, lo que a cada quien le corresponde realizar en su círculo de vida, entendiendo que la solución para mejorar las condiciones sociales, no corresponde sólo al Gobierno, es trabajo colectivo en dualidad.

De manera inherente, la familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad, siendo la institución donde se moldean todas las demás organizaciones, si hay buena formación de los hijos, por lo regular, serán buenos ciudadanos. Es la primera escuela de valores donde se forma el carácter y la personalidad, en base al ejemplo de sus padres. Siendo el primer escenario de legalidad.