Una pesadilla que puede volver

La tarde del jueves pasado fue especialmente inquietante para muchos juarenses

José Ignacio Gallardo
Analista
miércoles, 23 enero 2019 | 06:00

La tarde del jueves pasado fue especialmente inquietante para muchos juarenses que estuvieron atentos a la serie de hechos violentos ocurridos durante esa jornada. Fueron en su mayoría notas muy violentas las que acapararon la atención del público fronterizo el pasado 17 de enero. Crímenes, asaltos y atropellamientos alarmaron a la población, pero desde luego que lo que más llamó la atención de los juarenses y paseños fueron los cinco ataques perpetrados en contra de uniformados municipales e instalaciones policiacas en distintas partes de la ciudad. La rutera incendiada por el crimen organizado como distractor, recordó estrategias utilizadas en otros estados de la República.

De manera consecutiva en muy corto tiempo se fueron dando cinco ataques ante la mirada atónita de los fronterizos. Algunos ciudadanos reaccionaron sumamente preocupados por lo osado de estos ataques mientras que otros lo hicieron publicando su indignación y malestar en las redes sociales por los altos índices de violencia que se empiezan a manifestar. Esa violencia que ya vivieron con mucha angustia los habitantes de Juárez y que nadie desea que regrese. Por eso es que desde el mediodía hasta entrada la noche la zozobra se apoderó de muchas familias que angustiadas recordaban la pesadilla que esta frontera vivió entre el 2008 y el 2011. 

Lo más desconcertante e intrigante es que ante un panorama nada prometedor, nadie está haciendo algo para que las cosas cambien. Por parte de las instancias de Gobierno, ninguna ha establecido políticas públicas tendientes a generar la prevención del uso de estupefacientes entre la población juvenil de esta frontera. Mucho se habla de presupuestos para el combate a la criminalidad, pero casi nada se escucha de prevención. Tampoco hay anuncios de obra pública ni municipal, ni estatal y parece que tampoco federal en materia de equipamiento deportivo para el presente año. De igual manera tampoco se ha escuchado de la creación de estadios o museos para esta frontera.

Nada, ni el Estado ni la Federación le están apostando a la cultura o al deporte. Y esto es triste y preocupante, porque las condiciones están dadas para que los niveles de violencia se eleven como ya ocurrió en esos años de los que nadie se quiere acordar. Pero al no admitir lo ocurrido, y al no reconocer los saldos, sólo se están evadiendo el diagnóstico y las posibles soluciones. El problema no ha desaparecido, sólo se encuentra encapsulado. Nadie en la esfera gubernamental es capaz de reconocer que existen varias generaciones de juarenses que han sido sobreexpuestos a la violencia. Tarde que temprano la factura por tanto descuido en el presente hacia este sector de la población se tiene que pagar. A veces parece que las autoridades olvidan que el precio que pagaron los fronterizos del 2008 al 2011 fue muy alto. Evadir la realidad no servirá de mucho. 

En muchas cosas los juarenses no han aprendido la lección. Se siguen abriendo más antros, bares y licorerías que escuelas, bibliotecas y museos. Se sigue gastando mucho más en equipamiento policiaco, patrullas y mucho combustible para moverlas, que en la creación de más espacios deportivos y culturales. Tal vez por eso es que existe un número mayor de jóvenes que dejan los estudios y se integran al crimen organizado. Los sectores que conforman Ciudad Juárez solamente se quejan pero permanecen paralizados. Y las autoridades sólo reaccionan ante la violencia, pero no son proactivos para evitar que surja. A los empresarios no parece importarles mucho la problemática, tal vez porque el ‘lavado de dinero’ siga siendo un redituable negocio. A la iniciativa privada y al sector maquilador sólo les interesa proteger sus intereses, olvidando que su liderazgo pudiera servir para enderezar el rumbo de esta ciudad. Desde hace años los grandes capitales sólo han utilizado a los organismos empresariales como trampolín para acceder a cargos gubernamentales y así seguir engrandeciendo y protegiendo sus fortunas.  

A los empresarios de Juárez ya sea que los tengan comprados o amenazados, pero el caso es que nunca reaccionan. A eso se le suma la incomprensible actitud del gobernador del estado por su poca disposición para coordinarse con las diferentes esferas de Gobierno, especialmente el Ejército Mexicano. Entonces, cuidado, porque ya hay muchos componentes como los que hicieron que estallara la violencia en el pasado. Todos están preocupados pero todos inmovilizados. Y mientras, la violencia avanza. Nadie quiere ir al origen del problema, ir por más educación, cultura y deporte. Le quieren seguir apostando al combate a la violencia pero sin abordar las causas.  Y la consecuencia es que la pesadilla puede volver.