Willmar, la antítesis del país que sueña Trump

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Thomas L. Friedman / The New York Times
viernes, 17 mayo 2019 | 06:00

Willmar— En 1949, mi tía y mi tío se mudaron de Minneapolis a esta ciudad en el oeste-central de Minnesota, donde comenzaron una pequeña empresa distribuidora de acero. Los visité periódicamente durante 50 años. Un día, hace casi 40 años, mi tía me susurró que había estado en la tienda local de abarrotes y que había escuchado a alguien… “que hablaba español”.

Lo mencionó con asombro, no con maldad, sino como diciendo: “No vas a creerlo, Tom, pero unos marcianos llegaron a Willmar”. Seguramente fue el primer encuentro que mi tía había tenido con inmigrantes nuevos en su ciudad de mayoría blanca, luterana y escandinava, donde ella y su esposo –dos judíos de Minnesota (conocidos como los “elegidos congelados”)– habían sido los personajes más exóticos durante años.

Jamás olvidé su comentario y, puesto que he estado visitando ciudades en todo Estados Unidos durante los últimos dos años, decidí regresar a Willmar para ver cómo había cambiado desde que mis tíos murieron hace más de una década. Comencé mi recorrido en la Escuela Preparatoria de Willmar, donde el director, Paul Schmitz, empezó mostrándome en el vestíbulo un enorme mapa del mundo hecho de acero inoxidable, tenía alfileres que representaban todos los lugares de los que provienen los estudiantes.

Al inicio de cada año escolar, miembros del Consejo Estudiantil suben una escalera para alcanzar el mapa, quitan los alfileres de los graduados y colocan otros para los nuevos integrantes del noveno grado. Ese mapa tiene alfileres de casi 30 países de Latinoamérica, Medio Oriente, Asia y el resto del mundo. Ahora, casi la mitad de la población de Willmar, de 21 mil habitantes, está conformada por latinos, somalíes y un arca de Noé de otros inmigrantes asiáticos y de África del este. Las lenguas habladas en la preparatoria incluyen inglés, árabe, somalí, español y karen (hablada por un grupo étnico de Birmania).

El lugar común acerca del Estados Unidos de la actualidad es que somos un país dividido entre dos costas, dos costas que son liberalizadoras, pluralizadoras, globalizadoras y modernizadoras, y que en medio está “el Estados Unidos que se sobrevuela”, donde todos votaron por Donald Trump, sufren de adicciones y esperan que regrese la década de 1950.

Eso no es lo que he hallado. Estados Unidos en realidad es una cuadrícula de pueblos y ciudades, algunos de los cuales están mejorando y otros, colapsando, afectados por los opioides, los altos índices de desempleo entre los hombres blancos con menos preparación y un índice de suicidios al alza.

Las respuestas a tres preguntas en particular hacen toda la diferencia: 1) ¿Tu ciudad está ávida de trabajadores que ocupen vacantes disponibles? 2) ¿Tu ciudad puede aceptar a los nuevos inmigrantes listos para llevar a cabo esos empleos, inmigrantes que quizá provengan no solo de Latinoamérica, sino también de países no blancos y no cristianos de África o Asia? Y 3) ¿Tu ciudad tiene una gran cantidad de “líderes sin autoridad”?

Me refiero a líderes empresariales, educadores, filántropos y emprendedores sociales listos para dirigir su comunidad hacia la inclusión y la resolución de problemas, aunque los líderes formales no lo hagan. Estos líderes sin autoridad dejan las políticas de su partido en la entrada y se enfocan en lo que sí funciona. También colaboran para llevar a cabo lo que llamo “coaliciones adaptables complejas” para encabezar el cambio tanto económico como social.

Willmar tiene las respuestas adecuadas a esas tres preguntas. Tiene una tasa de desempleo de casi cero. Si puedes nublar un espejo, puedes obtener un empleo en Willmar, ya sea como científico agrícola o como empacador de carne para la planta de pavo Jennie-O. Las matemáticas son simples: no hay suficientes escandinavos luteranos que ocupen esas vacantes.

Muchas de las personas que vienen aquí a trabajar son gente que practica fes que antes no eran comunes en estos lugares, como el islam, el bahaísmo y el budismo; cuya piel es mucho más oscura que la de los lugareños, y cuyas mujeres a menudo usan prendas para la cabeza que no son gorras de béisbol.

Sin duda, la batalla a favor de la inclusión es una lucha diaria en Willmar y en todo Minnesota, y en algunas ciudades esta batalla aún se está perdiendo. Pero si estás buscando una razón para sentirte esperanzado, la encontrarás en el hecho de que en lugares como Willmar muchas personas quieren que las vean intentándolo.

En Minnesota, las ciudades que se están levantando son lugares “que han dicho: ‘Necesitamos una fuerza de trabajo capacitada con una buena ética de trabajo y le daremos la bienvenida a una idea redefinida de comunidad para lograrlo’”, explicó Dana Mortenson, directora ejecutiva de World Savvy, una organización de educación global que también trabaja en ciudades de Minnesota. Además, los lugares que están teniendo problemas –y perdiendo trabajos y población– “a menudo son los que no pueden lidiar con el nuevo desafío de inclusión”.

Por eso es que “Willmar es importante. Quizá sea una ciudad pequeña, pero está reflejando todos los problemas globales”, observó Hamse Warfa, un emprendedor somalí-estadounidense que ahora es el comisionado adjunto de Oportunidades Económicas de Minnesota y el inmigrante africano con el puesto más alto en el Gobierno estatal.

Las redes sociales, la globalización, el cambio climático, las oportunidades económicas, la demografía y la guerra están uniendo a más personas con más personas “diferentes” en más lugares remotos que nunca antes. Lo que está sucediendo en Willmar demuestra con cuánta intensidad está ocurriendo este fenómeno y por qué todas las ciudades en Estados Unidos deben intentar que la diversidad funcione, o se quedarán atrás.

Marv Calvin, el alcalde de Willmar, es la Prueba A de por qué el liderazgo de puestos de autoridad también es importante. “Contábamos con entre mil 200 y mil 600 somalíes cuando comencé como alcalde en 2014 y ahora tenemos entre 3 mil 500 y 3 mil 800”, comentó. A ellos se suman más de 4 mil latinos.

“Si eso no te despierta respecto de la comunidad que debemos construir, entonces estás profundamente dormido”, dijo Calvin.