Proyecto de ley le fallará a los estudiantes al suspender la disciplina

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Ruben Navarrette Jr. / The Washington Post
martes, 10 septiembre 2019 | 06:00

San Diego— California puede ser el estado más poblado del país. Pero no siempre es el más acertado.

Podemos culpar a los legisladores estatales que siempre están tramando grandes planes sobre cómo mejorar el mundo, cuando deberían concentrarse en cómo hacer mejor su trabajo.

Una de las últimas locuras legislativas es un proyecto de ley que está por llegar al escritorio del gobernador Gavin Newsom, el cual prohibirá a las escuelas públicas y autónomas de California expulsar o incluso suspender a los estudiantes que interrumpen el proceso de aprendizaje o desafían la autoridad de los maestros, administradores y otros funcionarios escolares.

Claro, esa es una buena idea. Hágales saber a los estudiantes que no pueden ser castigados por mal comportamiento. ¿Qué puede salir mal?

Retrocedamos un poco. El comienzo de un nuevo año escolar nos da la oportunidad de reflexionar sobre cómo California logró reprobar en educación y por qué el tema resulta tan difícil de dominar para los legisladores.

Hay tres razones principales para nuestros problemas.

• California no tiene reparos en operar bajo el principio de que las escuelas existen para el beneficio de los adultos que trabajan allí, y no de los jóvenes que aprenden en ellas. El sindicato más poderoso —y temido— del estado es la Asociación de Maestros de California, la cual dirige a los legisladores demócratas. Los mejores intereses de los educadores son siempre lo más importante, mientras que los intereses de los estudiantes son a menudo una idea de último momento. Lo que los maestros quieren, lo obtienen. A lo que se oponen, es anulado.

• Los republicanos destruyeron el sistema político cuando se lo entregaron a los demócratas en la década de los noventas. El Partido Republicano rayó en el racismo y el nativismo con iniciativas de votación antihispanas —lo que despertaron al gigante e hicieron que la marca del Partido Republicano se tornara tóxica con un grupo que representa al 40 por ciento de la población del estado. Ahora, incluso los demócratas mediocres pueden ser elegidos para el Legislativo. Y una vez allí, pueden aprobar los proyectos de ley más locos, sin un solo voto republicano.

• Los legisladores demócratas tienden a diagnosticar mal un problema y luego lo tratan agresivamente con una solución que va demasiado lejos, hace más daño y crea más problemas. Prefieren la solución fácil a cualquier remedio prolongado que pueda crear más conflictos o sacar esas horrendas realidades a la superficie. Y una vez que han tomado dicho camino, no hay quien los detenga, ya que eso significaría tener que admitir que estaban equivocados. Cosa que nunca harán.

Lo que ayuda a explicar cómo llegamos al proyecto de ley 419 del Senado, una medida de disciplina escolar bien intencionada pero equivocada que amenaza con hacer que las escuelas estatales sean aún más disfuncionales de lo que ya son.

El objetivo del proyecto de ley —patrocinado por la senadora Nancy Skinner, demócrata de Berkeley, y la Alianza para Niños y Hombres de Color— es proteger a los menores de la disciplina excesiva en las escuelas. La alianza cuenta con el supuesto de que reducir la disciplina resultará en “un aumento de resultados positivos para los estudiantes y las comunidades en las que viven”. 

Desafortunadamente, dar a los estudiantes un pase gratis para desafiar e interrumpir con impunidad es más probable que tenga el efecto contrario. Según el proyecto de ley, en su forma enmendada, se prohibirá a las escuelas —a partir del 1 de julio del 2020— suspender a cualquier estudiante, desde kínder hasta el octavo grado, “que interrumpa las actividades escolares o desafíe deliberadamente la autoridad válida de supervisores, maestros, administradores o funcionarios escolares”. 

El proyecto de ley también evitará que los estudiantes de cualquier grado sean expulsados de la escuela por la misma razón. 

El proyecto de ley también aplicará a las escuelas particulares, las cuales operan con dólares de impuestos públicos pero tienen una mayor autonomía que las escuelas públicas tradicionales. La gente detrás de esta legislación probablemente tenga buenas intenciones. 

Parecen estar tratando de hacer algo para evitar que los estudiantes de color, especialmente los niños hispanos y afroamericanos, sean molestados por maestros y administradores con la costumbre de impartir castigos de manera desigual. 

Los estudios muestran que —en un sistema educativo donde casi tres cuartos de los docentes y un porcentaje aún mayor de administradores son anglosajones— los hombres jóvenes de color son disciplinados a índices mucho más altos que sus compañeros blancos. 

Los estudiantes con necesidades especiales también sufren desproporcionadamente. Ese es un problema legítimo. Pero una prohibición general de suspensiones y expulsiones no es la solución. Las lecciones más importantes para los jóvenes —en casa y en la escuela— son los “Principios más básicos”: Responsabilidad. Ser responsables. 

Y las consecuencias. Esas habilidades para la vida no tienen precio. Y los jóvenes nunca las entenderán si, en lugar de enseñarles a hacer lo correcto, los adultos simplemente se encogen de hombros y les dicen que no pueden hacer nada malo.