Opinion El Paso

La verdadera división en EU es entre los adictos a la política y el resto del país

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Yanna Krupnikov y John Barry Ryan/ The New York Times

viernes, 23 octubre 2020 | 06:00

Nueva York– En la actualidad, la percepción común de la política estadounidense es la de una división clamorosa entre demócratas y republicanos, un choque inflexible e inevitable de una dura polarización partidista.

Sin embargo, ese foco oscurece otro abismo enorme: la brecha entre quienes siguen la política de cerca y quienes no lo hacen. Llamémosla la “división de la atención”.

Encontramos que la mayoría de los estadounidenses —de más del 80 por ciento hasta el 85 por ciento— sigue la política de manera informal o no la sigue para nada. Tan solo entre el 15 y el 20 por ciento la sigue de cerca (la gente que llamamos “muy involucrada”): el grupo de personas que monitorea todo, desde covfefe hasta la política de “Guapis”.

A inicios del año (es decir, antes de la pandemia), le pedimos a la gente que nombrara los dos asuntos más importantes que enfrenta el país. Como era de esperarse, encontramos algunas claras divisiones partidistas: por ejemplo, los republicanos son más propensos que los demócratas a citar la inmigración ilegal como un asunto importante.

Sin embargo, en otra variedad de temas, encontramos que los estadounidenses caen con mucha menos precisión en campamentos partidistas. Por ejemplo, los demócratas y los republicanos que no siguen la política de cerca creen que los bajos salarios son una de las dificultades más importantes que enfrenta el país. No obstante, los simpatizantes de hueso colorado apenas registran el problema.

Los republicanos partidistas fueron más propensos a decir que el abuso de las drogas era el problema más importante que enfrenta el país. Sin embargo, los republicanos menos atentos lo clasificaron en el penúltimo lugar, y también les preocupó el déficit y las divisiones entre demócratas y republicanos.

Entre los demócratas, los adictos a la política creen que la influencia de los donadores acaudalados y los grupos de interés son un problema urgente. Sin embargo, es 25 puntos porcentuales más probable que los demócratas menos atentos consideren el declive moral como un inconveniente importante que enfrenta el país: uno que los demócratas partidistas ni siquiera mencionan.

Estas brechas se extienden más allá de los problemas hasta los sentimientos sobre el otro partido. Por cada persona que presta menos atención a la política, hay dos partidistas de hueso colorado que dicen que serían infelices si sus hijos se casaran con alguien del partido opuesto.

Los simpatizantes de hueso colorado también son más propensos a expresar estos gustos y aversiones en la política. Casi el 45 por ciento de las personas que están muy involucradas aseguran que suelen compartir sus opiniones en redes sociales… en algunos casos a diario. Es tan solo el 11 por ciento de la gente sin un hábito político. Para ponerlo en perspectiva, según un estudio del Centro de Investigación Pew, el diez por ciento de los usuarios de Twitter son responsables del 97 por ciento de todos los tuits sobre política.

Esta brecha entre la gente políticamente indiferente y los partidistas ruidosos y de línea dura exacerba la percepción de una división sin remedio en la política estadounidense porque los partidistas definen qué significa involucrarse en la política. Cuando una demócrata se imagina a una republicana, no se imagina a una colega que en esencia publica fotografías de gatos y resulta que vota de una manera distinta; es más probable que se imagine a una colega que tiene que silenciar en Facebook porque las publicaciones sobre Trump son demasiado pesadas para tolerarlas.

Vemos este efecto en un estudio que realizamos con otros tres politólogos, James Druckman, Samara Klar y Matthew Levendusky. Le pedimos a un grupo de más de 3000 estadounidenses que se describieran a ellos o a miembros del otro partido. Tan solo el 27 por ciento de esas personas dijo que hablaba de política con frecuencia; una mayoría se consideró moderada. Sin embargo, casi el 70 por ciento de esas personas creía que un miembro típico del otro partido habla de política sin cesar y en definitiva no es moderado.

Para los partidistas, la política es un juego de moral, una lucha entre el bien y el mal. No obstante, la mayoría de los estadounidenses tan solo ve dos grupos de gente enojada que pelea por asuntos que no siempre parecen apremiantes o importantes.

¿Cómo la política puede corresponder de una mejor manera con las opiniones de una mayoría de los estadounidenses? el hecho es que no es un problema fácil de resolver. Podemos hacer el intento por darles menos voz en las noticias a los simpatizantes de hueso colorado. Si aparece gente que ejemplifica el conflicto partidista e ideas extremistas, se eleva su presencia en la política (aunque, claro está, por definición, los partidistas que ven las noticias más de cerca también son más propensos a dar sus opiniones). Esto es particularmente cierto en las redes sociales: lo compartido en redes sociales por una minoría que alza la voz no es la opinión pública. No obstante, según Shannon McGregor, académica especializada en comunicación política, esos tuits políticos cada vez están más presentes en la cobertura noticiosa como suplentes de la opinión pública.

Podría existir una ventaja para los políticos que se enfoquen menos en las demandas de los partidistas y más en temas tangibles. En efecto, es más probable que los simpatizantes a ultranza recompensen las victorias ideológicas, pero también son una minoría del electorado.

Todos los días, los demócratas partidistas se preguntan si la “indignación” de ese día por fin cambiará la manera de percibir al presidente Donald Trump. Los republicanos partidistas se preguntan lo mismo sobre Joe Biden. Sin embargo, los votantes más “regulares” no están prestando tanta atención a los ataques violentos de todos los días. Eso los tiene hastiados.

¿Y los principales escándalos que sí se abren camino? Bien, para muchos de ellos, eso es “tan solo política”.