Inmigrantes ilegales son el motor de EU

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Esther J. Cepeda / The Washington Post
lunes, 11 febrero 2019 | 06:00

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 hicago— A mi ver, el momento decisivo de la presidencia de Donald Trump tuvo lugar mucho antes de que ganara la Casa Blanca.

Era enero del 2016, y mostró sus verdaderos colores cuando dijo, “me podría parar en medio de la Quinta Avenida y dispararle a alguien y no perdería a ninguno de mis votantes. Es increíble”.

Aquellos de nosotros que lo tomamos en serio y literalmente desde el inicio nos estremecimos. Sabíamos que semejante fanfarronada podría venir únicamente de alguien que entendía que la misma gente que aceptaba la insensatez de sus comentarios también aceptaría la indiferencia de sus acciones.

Es por eso nadie en la base de Trump se ha indignado sobre los reportes de que su organización ha contratado a inmigrantes que viven o trabajan de manera ilegal en Estados Unidos.

La compañía de Trump despidió a por lo menos 18 trabajadores indocumentados en cinco campos de golf en Nueva York y Nueva Jersey en los últimos dos meses, de acuerdo con el Washington Post.

La historia de que Trump había contratado a trabajadores ilegales en primer lugar fue presentada por el New York Times, describiendo el incesante nivel de hipocresía como “una vergüenza para la organización de Trump, algo que salió a la luz mientras Trump se manifiesta en contra de la inmigración ilegal, culpa a los inmigrantes indocumentados de la delincuencia y promete que construirá un muro a lo largo de la frontera mexicana para evitar que más gente entre de manera ilegal al país”.

No es verdad. De ninguna manera la organización de Trump ha mostrado algo que siquiera se le acerque a una acción vergonzosa en torno a la doble moral de sus prácticas empresariales.

De hecho, algunas de las propiedades de Trump que fueron expuestas defendieron sus acciones culpando a los empleados por presentar documentación falsa, a pesar de que los mismos empleados aseveraron que sus supervisores no sólo estaban enterados de su estatus migratorio, sino que también los ayudaron a adquirir papeles falsos.

La triste verdad es que este tipo de relaciones disfuncionales entre empleadores y empleados son muy comunes. Los poderosos empleadores hacen uso de la mano de obra como si no sólo fuera barata, sino también desechable. Eso se debe a que hay mucha gente esperando y dispuesta a reemplazar a cualquier otro trabajador que ya ha sido utilizado y que fue despedido.

Oh, y debido a que está literalmente escrito en nuestras leyes de inmigración.

“Antes de la década de los ochentas, no había leyes sobre contratar a inmigrantes ilegales; no fue hasta después de la [Ley de Reforma y Control de Inmigración de 1986] amnistía que a los empleadores se les impusieron límites sobre a quién podían contratar”, dijo Muzaffar Chishti, un abogado y el director de la oficina del Instituto de Política Inmigratoria en la Escuela de Derecho de la Universidad de Nueva York. “Pero todos sabían que había un tecnicismo lo suficientemente grande para que cupiera una furgoneta: El Congreso sólo podía sancionar a los empleadores si estos sabían que estaban contratando inmigrantes indocumentados. Así que mientras que el empleado presentara papeles y el empleador los revisara para ver si eran válidos, todo estaba bien, debido a que el empleador contaría con denegabilidad. Una seria violación a la ley, con conformidad de documentación”.

Chishti dijo que la farsa es una vía en dos sentidos, debido a que los inmigrantes que quieren trabajar —incluso bajo el riesgo de que se les pague mal, sean maltratados, sean puestos en peligro, o de otro modo sean explotados— aceptan los términos de este trato con el diablo.

De hecho, nadie —ni siquiera las organizaciones defensoras de los inmigrantes— se atreve a meterse con la ley. Tales organizaciones se han quejado por largo tiempo de que ciertas herramientas, como el sistema federal E-Verify, se basan en información imprecisa que podría identificar erróneamente a trabajadores legales. Ultimadamente, la detente mantiene a siete millones del estimado de 11 millones de inmigrantes que viven de manera ilegal en Estados Unidos lucrativamente con trabajo, de acuerdo con Chishti.

Aun así, la ley contra los empleadores que contratan trabajadores indocumentados es en verdad una sanción contra los trabajadores en sí, debido a que, cuando las cosas se ponen difíciles, son los trabajadores inmigrantes —como aquellos que fueron empleados en las propiedades de Trump— cuyas vidas son puestas de cabeza.

 “Pero si las empresas son multadas con un par de mil dólares por contratar trabajadores indocumentados, eso no resulta ser más que una ligera amonestación… prácticamente semejantes pérdidas ya se contemplan en los costos del negocio o empresa”, según me dijo Chishti.

Uno podría indignarse —escandalizarse, incluso— al pensar en ello en el contexto de una propiedad de lujo de un multimillonario.

Pero la contratación de trabajadores ilegales sucede todos los días en las plantas donde nuestra carne es procesada, en las fábricas que elaboran nuestra ropa, y en los millones de hogares donde los trabajadores inmigrantes se esfuerzan tras puertas cerradas para cuidar de niños, adultos mayores y de los enfermos.

Quizás ya hemos conocido al enemigo de las leyes de reforma al empleo en relación con la inmigración —y somos nosotros mismos—.