Opinion El Paso

El veredicto: su vida sí importó

Ellos tuvieron fe en los expertos médicos, que uno por uno se sentaron en el banquillo de los testigos en una corte de Minneapolis

Robin Givhan / The Washington Post

jueves, 22 abril 2021 | 06:00

Washington— Al final, el jurado le creyó a lo que vieron sus ojos. Encontraron culpable al oficial de policía Derek Chauvin de asesinar a George Floyd.

El jurado creyó que los nueve minutos y 29 segundos del video que mostró que Chauvin oprimió con su rodilla el cuello de Floyd mientras el aterrorizado afroamericano gritaba pidiendo misericordia y oxígeno, y luego, en sus últimos momentos, también le gritó a su madre.

Ellos tuvieron fe en los expertos médicos, que uno por uno se sentaron en el banquillo de los testigos en una corte de Minneapolis y tranquilamente explicaron que Floyd no murió debido a que su corazón estaba mal, a la adicción a las drogas o a un envenenamiento con monóxido de carbono. Escucharon la verdad en el testimonio de los espectadores que estuvieron presentes llenos de angustia y de culpabilidad porque fueron forzados a estar allí impotentes mientras observaban morir a un ser humano.

Los 12 integrantes del jurado, afroamericanos, anglosajones y una mezcla racial, hombres y mujeres, de edad avanzada y jóvenes, reflejó un mosaico de ciudadanos que marcharon en las calles durante el verano, aquí y en todo el mundo, dejaron a un lado su indiferencia debido a la brutalidad de un crimen que atestiguaron desde la tranquila intimidad de sus casas. El coraje de millones de personas y la pena de una familia fueron reconfortados.

“La historia está aquí y es monumental”, comentó Terrence, el hermano de George Floyd. “Obtuvimos el veredicto que queríamos. Dijimos “Dios, necesitamos justicia y la necesitamos en este momento y él nos respondió”.

El asesinato de Floyd invadió nuestras vidas y atemorizó nuestros sueños. Llegó hasta la gente a través de sus televisiones, teléfonos y laptops. La crueldad de todo eso no podía ser ignorada. Lo que ellos vieron no fue un borroso video de seguridad o la inestable cámara corporal de un policía, aunque ambos sirvieron como evidencia durante el juicio que duró tres semanas. El video de los testigos de la muerte de Floyd fue vívido y claro. El grito agonizante del moribundo hizo eco en el audio. Fue una gran crueldad.

“George Floyd si importó”, comentó el procurador general de Minnesota Keith Ellison. “Era amado por su familia y amigos. Su muerte impactó los corazones de nuestra comunidad, país, de todo el mundo. Fue querido por su familia y amigos. Pero eso no es lo que importa, lo que sí importó es que fue un ser humano y no hay manera de que podamos huir de esa realidad”.

Debido a que el jurado creyó lo que vio, que es lo que la fiscalía les imploró que hicieran, también reconoció la verdad que los afroamericanos y latinos han visto de cerca desde hace mucho tiempo, que existe una buena razón para temerle a la policía.

De todos los buenos oficiales que arriesgan su vida en el servicio a sus comunidades, también hay aquellos que abusan de su poder y nuestra confianza y quitan vidas, y muy frecuentemente, los muertos son personas de color. “Ningún veredicto puede regresarnos a George Perry Floyd”, comentó el fiscal Jerry Blackwell después que se leyó el veredicto. “Pero este veredicto envía un mensaje a su familia de que fue alguien, que su vida sí importó y que todas nuestras vidas importan”.

“También espero que este veredicto nos ayude a seguir nuestro camino hacia una mejor humanidad”, dijo Blackwell.

El veredicto no corrige las injusticias que las personas han experimentado en el pasado.  Tampoco revive a los muertos, pero los honra un poco.

Emmett Till “fue el primer George Floyd”, comentó Philonise Floyd, otro hermano de Floyd. “Los tiempos son cada vez más difíciles. A diez millas de retirado de aquí, Wright, Daunte Wright, debería también estar aquí. Siempre tenemos que entender que tenemos que marchar. Lo vamos a tener que hacer por nuestra vida. Tenemos que protestar porque parece que esto es un ciclo que nunca va a terminar”.

“Ya no voy a luchar por George, voy a luchar por todos los que estamos en este mundo”, agregó.

El veredicto nos recuerda que la promesa de “justicia para todos” no se ha olvidado, no del todo. Siempre va a estar presente, sólo requiere que muchas manos la saquen a la luz: el transeúnte que se detiene y ayuda, los oficiales de la Policía que se rehúsan a guardar silencio, un jurado que puede distinguir entre una víctima y una amenaza.

Por lo menos durante un día, un oficial de la policía no estuvo por encima de la ley. Una familia doliente recibió un modesto consuelo de la justicia. Y se le recordó a un país profundamente dividido que aún tenemos la capacidad de vernos unos a los otros con claridad.

El juez Peter Cahill del Condado Hennepin leyó el veredicto en la corte este martes por la tarde. Lo hizo rápidamente y sin emoción. Cahill anunció que Chauvin es culpable de los tres cargos: homicidio no intencional de segundo grado, homicidio en tercer grado y homicidio no intencional de segundo grado. Mientras leía la decisión del jurado, Chauvin permaneció de pie detrás de la mesa de la defensa. Vistió un impecable traje gris y camisa blanca. Su boca quedó oculta detrás de una mascarilla color azul pálido, pero se podía observar que arrugó las cejas cuando escuchó al juez. Sus ojos miraron rápidamente de un lado hacia el otro y una de sus cejas se arqueó en señal de emoción.

Escuchó cuando Cahill le preguntó a cada integrante del jurado si estaban de acuerdo con el veredicto y las 12 voces dijeron firmemente sin titubear, “Sí”. El juez les agradeció por su servicio “en esta pesada tarea”. Luego, Cahill revocó el derecho a fianza de Chauvin y un oficial uniformado le tomó las muñecas al ex policía y le colocó las esposas, sacándolo del lugar. Chauvin accedió obedientemente.