Opinion El Paso

A medida que se incrementa la inmigración, la administración Biden retrocede

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Ruben Navarrette Jr. / The Washington Post

lunes, 25 octubre 2021 | 06:00

San Diego— Esto es algo que ustedes ya saben: Estados Unidos tiene una crisis en la frontera sur.

Podemos atribuir una gran parte de eso al gigantesco letrero que dice “se necesita ayuda” que está colocado frente a México. Décadas de contratar a inmigrantes indocumentados –aun cuando en algunos casos, se han reclutado– para hacer trabajos que los estadounidenses no harían, nos está estallando en el rostro. Inesperadamente, tenemos muchos solicitantes en nuestra feria de empleo.

O tal vez podríamos calcarlo con gis en la inscripción que está en el pedestal de la Estatua de la Libertad. Quién se imaginaría que la invitación de la llamada “Madre de los Exiliados” podría ser tomada literalmente por “las masas” y los “desdichados rechazados” que están desesperados por tener una nueva vida y una segunda oportunidad.

Sin embargo, existen políticos de ambos partidos que no van a permitir que se desaproveche la debacle. Están ansiosos de convertirla en una espada y usarla para atravesar a la oposición. Ellos no están interesados en encontrar soluciones, sólo en repartir culpas. Afortunadamente para ambas partes, existe una culpa que anda circulando.

El encabezado de la semana fue la noticia de que, durante el año fiscal del 2021 que terminó en septiembre, las autoridades de EU detuvieron a más de 1.7 millones de migrantes a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México y los arrestos realizados por la Patrulla Fronteriza aumentaron a los niveles más altos que se hayan registrado.

El incremento de cruces ilegales empezó durante el mandato del ex presidente Donald Trump, aunque esas cifras realmente se dispararon una vez que el presidente Joe Biden asumió el puesto.  Los meses pico fueron julio y agosto, ya que más de 200 mil migrantes fueron tomados bajo custodia.

Todo esto es acorde a una información no publicada del Departamento de Aduanas y Protección Fronteriza que recientemente fue obtenida por The Washington Post.

Los progresistas de la extrema izquierda del Partido Demócrata que están enojados y frustrados de que Biden se haya apropiado de muchas de las políticas de Trump sobre la inmigración se debieron de haber preparado mejor. En los próximos seis meses es probable que se sientan más enojados y frustrados.

Debido a que las elecciones de medio término del 2022 están aproximándose rápidamente, y los demócratas están en pánico y desean mantener su minúscula mayoría de tres escaños en la Cámara de Representantes y su no existente mayoría en el Senado, Biden está preparándose para “adoptar totalmente a Trump” en la frontera.

Después de haber sido reprendida por un juez federal, la administración Biden asegura que restaurará, tan pronto como el próximo mes, la política de “permanecer en México”. Fue en el mes de febrero que Biden suspendió esa política, que forzó a los centroamericanos a buscar asilo para permanecer en México hasta que se llevaran a cabo sus audiencias de inmigración.

El Departamento de Seguridad Interna dio por terminada formalmente la política a finales de mayo.

Por supuesto, Biden ya está actuando como un “pequeño Trump” en la inmigración. Por ejemplo, mantuvo en vigor el Título 42, una política controvertida que Trump convenientemente promulgó en marzo del 2020 para acelerar las deportaciones –supuestamente para impedir la propagación del Covid-19–.

Pronto, el presidente retrocederá completamente en algunas de esas políticas bajo coerción. El que en algún tiempo ha sido un moderado, siempre lo seguirá siendo. Uno no ocupa durante ocho años el puesto de vicepresidente del “deportador en jefe” –el ex presidente Barack Obama– sin aprender una o dos cosas sobre comportarse duramente contra los inmigrantes y refugiados por conveniencia política.

En esa nota, fue impactante ver que Obama recientemente catalogó como “disfuncional” al sistema de inmigración de EU, tomando en cuenta que él y su administración restrictiva fueron los que la fracturaron.

En una crisis, los estadounidenses quieren líderes que sean fuertes, decididos, valientes y decisivos. Todo eso es cierto.

Sin embargo, cuando enfrentamos un desafío, eso podría servirnos también para ver mejor el tipo de líder que queremos. No queremos personas que languidezcan bajo presión, o hagan un análisis costo-beneficio en cada solución potencial, o abandonen sus principios –si es que tienen algunos, para empezar–.

No queremos personas que cambien de manera de pensar según sople el viento político, o retrocedan en sus propias reformas cuando el precio sea demasiado alto. Finalmente, no queremos gente que crea que puede complacer a todos, que tienda a ser la receta para complacer a alguien.

Existe de hecho una crisis en la frontera sur y los estadounidenses necesitamos asegurarnos que no sea peor que la otra, una crisis mucho más grave con la que tenemos problemas –la crisis del liderazgo–.

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