Resienten migrantes espera de regularización

Extranjeros siguen a la espera de la regularización prometida por el INM

Reforma
jueves, 11 abril 2019 | 13:09
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Ciudad de México— Migrantes centroamericanos y cubanos cumplieron 12 días detenidos en esta ciudad de la costa de Chiapas con la promesa de una regularización para seguir su camino hacia Estados Unidos.
Sin embargo, lo extranjeros comienzan a impacientarse. Están cansados y la ayuda humanitaria que reciben en dos campamentos habilitados es escasa.
Las autoridades instalaron carpas, baños móviles, lavaderos improvisados y reparten agua, pero cada uno tiene que buscar la manera de conseguir alimento.
Cindy Gálvez, de Honduras, viaja sola con dos niños, de uno y tres años. Cuenta que huyó de su país por la falta de empleo y no tener dónde vivir, pues fue desalojada de un predio invadido en el que estaba su casa.
La mujer dejó otros dos hijos en su país y busca llegar a los Estados Unidos para trabajar.
"Dormimos en el suelo, en los cartones, agua nos vienen a dar, pero en comida no tenemos ayuda. No nos dieron colchonetas ni leche para los niños", recriminó.
La familia Estrada decidió salir completa de Honduras por la pobreza en la que vivían. Alva Luz y Diógenes Estrada viajan con sus dos hijos, de 12 y 14 años. Él ha comenzado a enfermar de tos por el polvo del campo en el que aguardan la regularización. Señalan que nadie les da informes del proceso.
Lázaro Manuel Trillana salió con su esposa de Cuba. Él trabajaba de chofer y ella era de ama de casa. Dejaron a sus dos hijos en la isla. Se sumaron a la caravana que partió de Tapachula.
"Seguimos esperando, pero desesperados de salir de aquí", indicó el cubano.
Según cifras del Instituto Nacional de Migración (INM), unos mil 700 migrantes fueron registrados en esta localidad para iniciar el proceso de regularización.


Autoabasto
Algunos migrantes hacen comida, otros venden refrescos y unos más practican su oficio para obtener ingresos mientras esperan la regularización ofrecida por el INM.
El hondureño Marvin Montoya corta el cabello de sus compañeros por 20 pesos.
"Es sólo para echarme el taco porque no hay de otra, en vez de estar haciendo nada", platica el joven de 17 años.
Originario de Comayagua, huyó por el acoso de las pandillas y pretende llegar a EU y poder ayudar a sus padres y dos hermanos menores que se quedaron en su país.
Juan Carlos Velázquez y otros cuatro hondureños juntaron algo de dinero para invertir en una hielera, comprar refrescos, comida, y venderlos.
"Vendemos pollo asado, frito, y tenemos refrescos, aguas y energizantes. Con esto nos ayudamos para comer, ir comiendo de las ganancias, no podemos estarle pidiendo a la gente", cuenta en el improvisado puesto de venta.
Bárbara y su esposo Reynaldo, que llevan consigo a una niña de tres años, montaron una cocina para hacer baleadas catrachas, una especie de quesadilla con frijoles, huevo, queso y crema.

"Nos ayudamos nosotros y ayudamos a los que están aquí. Por ejemplo, con una baleada de esta una mujer se llena y sólo vale 15 pesos, y allá un plato de comida cuesta 35 pesos", explica la mujer mientras amasa la harina.