Lleva medio siglo dedicado a la sastrería

El chiapaneco Arnoldo Treviño encontró en Ciudad Juárez el lugar perfecto para elaborar los trajes de artistas y charros

Verónica Domínguez
El Diario de Juárez
lunes, 14 octubre 2019 | 06:00
Gabriel Cardona / El Diario de Juárez |

Ciudad Juárez— Entre telares, dedales, agujas, cinta métrica y máquinas de coser, Arnoldo Treviño ha pasado más de 50 años ejerciendo el oficio de sastre, labor que le ha permitido vestir a artistas, charros y personas de diferentes partes de Estados Unidos y México.

A los cinco años, Treviño pedaleó por primera vez la máquina de coser de su madre, quien fue costurera y le heredó el arte de bordar y coser.

Desde 1994, el maestro de costura arribó a Ciudad Juárez, para trabajar elaborando trajes de charro en la colonia La Cuesta, un año después instaló su local en la zona Centro.

“Aquí les hago trajes para oficina, para pachuco, de sastre, de charro, de mariachi, pero el que más hago es el de charro para mariachi. Vienen de muchos lados, de Estados Unidos, vienen desde Albuquerque, California y de varias partes de México”, platicó el entrevistado.

Sus habilidades para hacer los trajes de charro las mejoró en Guadalajara, lugar que visitó por su espíritu aventurero antes de que eligiera Juárez para trabajar y que hoy a sus 64 años lo ha mantenido en el gusto de sus decenas de clientes.

“Este trabajo es valorado y es bueno para una persona porque a donde quiera que vaya tiene trabajo; yo de chamaco me iba para un lado, me iba para otro a trabajar en sastrerías. Anduve bastante y se aprende bastante, anduve por Monterrey, Zacatecas, Veracruz y Guadalajara, donde me paseé y donde aprendí todo lo de charro”, dijo el entrevistado.


Ha vestido a la familia de Antonio Aguilar

El sastre es oriundo de Chiapas y fue por casualidad que llegó a esta frontera, pero como él cuenta ha estado en diferentes estados de la república en donde gracias a su destreza con el hilo y la aguja ha logrado destacar.

Treviño ha vestido a la familia de Antonio Aguilar, al conocido torero Manuel Capetillo y también para Guillermo Capetillo, entre otros.

Para el artesano de la tela y el hilo, el ofició casi terminó desde que la industria maquiladora fue expandiéndose, pues con la gran demanda de vacantes disminuyó la posibilidad de que las personas supieran sobre sastrería.

“Eso comenzó desde hace muchos años, el gobierno quitó todo, uno ya no le podía ensañar a nadie, ahora le exige que le enseñe, en aquel tiempo no podía tener a nadie para que aprendiera, porque tenía que pagarle uno, había que tenerlo en el seguro, todas esas cosas era para ir quitándole al muchacho la oportunidad y tenerlo listo para que a los 16 años entrará a la maquila, por eso se fue minando, para que la gente estuviera lista para la maquiladora y no aprendiera un oficio”, explicó Treviño.

En dos habitaciones Treviño toma medidas, corta la tela, cose y borda con estilo “grequiado” de gamuza o bordado con hilo en diferentes telas y con estilos que saca de su imaginación.

Son alrededor de tres días los que se requiere hacer un solo traje, pero hay que dedicarle casi todo el día, mencionó Treviño.

Pese a que su especialidad son los trajes de charro para hombres y mujeres, Treviño también ha vestidos novia y quinceañera.


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