Juárez

Se ponen ‘en los zapatos de otro’

Preparatorianos del Tec de Monterrey ‘vivirán’ 24 horascarencias y discapacidades o enfermedades para fomentar empatía por las personas en condiciones adversas

Fotos: Omar Morales / El Diario
Fotos: Omar Morales / El Diario
Fotos: Omar Morales / El Diario
Fotos: Omar Morales / El Diario

Luis Carlos Cano C./
El Diario

miércoles, 22 enero 2020 | 06:00

Durante 24 horas, poco más de un centenar de estudiantes de preparatoria del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey “vivirán” con carencias económicas, alimentándose sólo una vez al día, con una discapacidad motora o visual, con una lesión o con una enfermedad, como parte del reto “24 horas en sus zapatos”.

Para enfrentar este reto, el estudiante vivirá durante un día completo la realidad y las condiciones en que vive otra persona, según como le toque de acuerdo al sorteo que se hizo, pero se trata de situaciones especiales basadas en casos reales de personas que enfrentan problemas de salud como tuberculosis, influenza estacional, hipertensión o diabetes, pero también casos de lesiones en brazos, piernas, cuello o la columna vertebral.

En este tiempo, los 110 muchachos que participan en el reto vivirán también casos de una persona con ceguera total, con cataratas o con poca visión, así como algunos con sordera total o parcial, pero también situaciones de gente humilde como el indígena rarámuri que usa huaraches, el niño que vive con un pariente que sólo le puede dar una comida al día, o que se alimenta en un comedor infantil, mientras su mamá trabaja en la maquiladora.

Crean conciencia para ayudar a los que menos tienen

Milton, estudiante que se desenvolverá como invidente, afirma que se da cuenta de la importancia de valorar la salud, así como la oportunidad de estudiar 

El objetivo de este proyecto es crear la empatía de los jóvenes estudiantes por las personas que viven en condiciones adversas a cómo viven ellos, a la vez que se trata de crear conciencia de ayudar a los que menos tienen o a quienes necesitan del apoyo de los demás, dice Verónica Jiménez, directora de la Fundación Pedro Zaragoza, quien junto con Otilia Herfter, del Centro de Estudios para Invidentes, lleva a cabo este proyecto.

El reto se puso en marcha ayer antes del mediodía y se mantiene hasta hoy miércoles a la misma hora, lapso de tiempo en el que los jóvenes debieron usar muletas, andadores, collarines, vendas especiales para la fractura de rodilla o brazo, antifaz y bastones para invidentes, cubrebocas, huaraches y otros accesorios de acuerdo al padecimiento o la situación que enfrenta la persona a la que imitan en su forma de vivir.

La idea de llevar a cabo este programa, explicó Jiménez, surgió por el trabajo que se hace con los voluntarios en la Fundación Pedro Zaragoza, ya que siempre que llega un grupo nuevo de ellos, hay que capacitarlos y en algunos de los casos hacerlos entender la realidad que viven las personas a las que van a ayudar.

Por eso, al ver que muchos jóvenes desconocen cómo es la vida de gente que tiene enfermedades o carencias económicas, cómo es la realidad social de nuestra frontera, decidimos hacer este reto entre los estudiantes de preparatoria del ITESM, con el respaldo de sus familias, un programa que tuvo una buena respuesta, comentó.

Jiménez dijo que posteriormente contemplan ampliar este reto a otras instituciones educativas, especialmente preparatorias, en donde los jóvenes son más inquietos, pero también pueden ser conscientes de la realidad que se vive en su ciudad, de la forma en que pueden ayudar a los demás con un poco de esfuerzo de su parte.

Y así lo piensa Milton, estudiante del sexto semestre de la preparatoria del ITESM, quien vivirá estas 24 horas como un invidente, pero que dice, será una experiencia importante en su vida, pues le ayudará a mejorar como persona, a comprender las necesidades de los demás y ayudarles en lo que se pueda.

Mientras se colocaba el antifaz oscuro para no ver nada, y se disponía a usar un bastón especial, Milton se dijo agradecido de tener lo que tiene, en especial el sentido de la vista, pues ahora que se desenvolverá como un invidente, será estresante, pero le servirá darse cuenta de la importancia de valorar lo que disfruta, de la salud, la oportunidad de estudiar, pero ahora también de lo que puede hacer por los demás. (Luis Carlos Cano C. / El Diario)