Juárez

Petrograbados de Samalayuca: Herencia de los pueblos mogollón

Símbolos que representan nuestro pasado y la identidad de los juarenses

Omar Morales / El Diario de Juárez / Muestra de los grabados en las piedras de la región
Omar Morales / El Diario de Juárez / La cultura del desierto
Omar Morales / El Diario de Juárez / Llegando a los años 1,200 a 1,300 es cuando estos pueblos tienen su mayor esplendor
Omar Morales / El Diario de Juárez / La cantidad de zonas arqueológicas en donde se inscribieron petroglifos y se pintaron los pictogramas, esta es la riqueza de la Jornada Mogollón
Omar Morales / El Diario de Juárez / En esta región, la arquitectura era de tierra y lodo que con el tiempo se destruye, por eso son pocas las evidencias, como es Paquimé

Luis Carlos Cano
El Diario de Juárez

viernes, 23 octubre 2020 | 12:15

Los petrograbados de Samalayuca son un conjunto de entre 5 y 6 mil símbolos que nos dejaron los pueblos de la Jornada Mogollón, símbolos que representan nuestro pasado, la identidad de los juarenses que todos deberíamos conocer, dio a conocer el historiador José Ignacio Frausto Ojeda.

Asimismo, en el año 1,450 D.C. Ahumada es ya un centro de intercambio comercial, era la frontera de la Jornada Mogollón con Mesoamérica y todos llegaban a ese punto para comercializar, dice el también arquitecto, al abordar el tema “Los Pueblos de la Jornada Mogollón”, en el ciclo de Charlas con la Historia organizadas por el Instituto para la Cultura del Municipio (Ipacult) y el Museo Casa de Adobe.

La cultura mogollón es ejemplo de transición de una sociedad arcaica a otra de agricultores sedentarios, que desarrolló el arte de la cerámica y la elaboración de ornamentos como collares y brazaletes, usados como objeto de trueque con otras culturas, lo que evidencia que fueron promotores del comercio y el intercambio cultural en la región norte del país, dice Frausto Ojeda.

Esta va en un núcleo desde Ahumada, Samalayuca, Juárez, El Paso, Las Cruces, Deming, Alamogordo, la Presa El Elefante y Carrizoso, narra el historiador. 

El factor de regionalismo se va formando con los grupos culturales en Asia-América con tres grupos, los anasazi, jojocan y mogollón. La primera de ellas es la cultura madre que permea a las demás en una subdivisión en la primera etapa paleoindio, explica el especialista en historia, ciencias sociales, museología y museografía, con amplia trayectoria en la promoción cultural de la ciudad.

Jornada Mogollón es la parte prehistórica de la región, así fue denominada y representa aquí una sección de toda una unidad cultural, explicó.

La primera aportación del hombre en esta región es la manufactura con puntas de flecha en el norte de Chihuahua y sur de Nuevo México, Texas y una parte de Arizona, esto es parte de lo que aquí arranca como la cultura de la piedra, en donde el artefacto va a ser de piedra, que se sostiene hasta la llegada de los españoles, que es cuando el nativo americano conoce los metales.

Este instrumento lo van a usar particularmente para la cacería, pero hay otras actividades necesarias para la supervivencia, comenta el historiador.

“En la prehistoria de este norte donde estamos”, indicó, “había un desarrollo de grupos humanos muy interesante con una cultura muy avanzada y era contrapunto a lo que conocemos como Mesoamérica; esta región se dividía en tres culturas básicas, los anasazi, jojocan y mogollón”.

Algo particular que se comparte es la arquitectura de tierra, la arcilla y el barro, que contrasta con la piedra de Mesoamérica, por eso en esa región se conservan las pirámides, que es una muestra del pasado en esas culturas. Aquí era tierra y lodo que con el tiempo se destruye, por eso son pocas las evidencias que hay aquí, como es Paquimé, dice el historiador.

En esta región, dice, empiezan a construir alrededor del año 6,000 al 3,000 antes de Cristo, es cuando se empiezan a generar las primeras aldeas o concentración de grupos humanos que ya conforman la dinámica de subsistencia en esto que le llamamos culturas del desierto.

Estas primeras aldeas eran unifamiliares, pero eran numerosas para que pudieran tener una organización interna, sus viviendas eran casas semisubterráneas, eran ovaladas, pero la mitad era hacia bajo del nivel de tierra, para que el clima les beneficiara, porque así les causaba fresco en el verano y calor en el invierno.

Obviamente, comenta Frausto Ojeda, estas aldeas estaban diseminadas en toda esta área, pero luego viene la etapa formativa, que se da del año 2,000 DC 1,450 DC con la formación de los pueblos, lo que consistía en una organización de varias familias que se integraban cada quien en su unidad, pero todas juntas como pueblo.

Las habitaciones que se hacían para entonces eran de adobe con muros gruesos y ya cuadrados, lo que permite que una con otra se juntaran y eso hacía que la familia tuviera más espacio para más actividades, además de que una de sus caras daba al sur y otra al norte, por lo que todo el día tenía el sol con ventanas al este por la mañana y al oeste por la tarde.

Pero hay algo que le da el ‘plus’ a este sitio con respecto a otro, la cantidad de zonas arqueológicas en donde se inscribieron petroglifos y se pintaron los pictogramas, esta es la riqueza de la Jornada Mogollón, indica.

Es una línea geográfica donde se establecen estos pueblos, más los centros espirituales donde esculpieron estos petrograbados, como es el caso de Samalayuca.

Llegando a los años 1,200 a 1,300 es cuando estos pueblos tienen su mayor esplendor, como era un pueblo en ese tiempo, pero en el año 1,000, de acuerdo al registro arqueológico, empiezan a aparecer en la zona los apaches.

Destaca también de aquellos pueblos, narra José Ignacio Frausto, que aquí en el desierto lo que se pudiera construir era de un valor doble, porque no era fácil encontrar las cosas aquí. Para un recorrido tenían que llevar alimento para poder aguantar, lo que llevó a la preparación de alimentos secos o molidos para comerlos después, como es la carne seca.

“También”, comenta, “porque decimos que la gente en el norte habla muy fuerte, porque antes vivían en unidades distantes, tipo rancho, tenían su unidad y su campo, pero para hablarle al otro se gritaban y la gente se acostumbra a hablar así, es otra costumbre que nos dejan”.

lcano@redaccion.diario.com.mx