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Estado

‘Los seremos’… ¿qué son?

Preservan tradición nacida en Chihuahua

En Valle de Allende, esta ceremonia convoca a multitudes en las calles cada 1 de noviembre

Froilán Meza Rivera

sábado, 17 septiembre 2022 | 09:04

| Simular un funeral, rezar y recibir a cambio obsequios o golosinas, forma parte de las actividades | Después de rezar los pequeños cantan ‘Angelitos somos, del cielo bajamos, a pedir limosna, y si no nos dan, puertas y ventanas nos la pagarán’ | Después de rezar los pequeños cantan ‘Angelitos somos, del cielo bajamos, a pedir limosna, y si no nos dan, puertas y ventanas nos la pagarán’

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Valle de Allende, Chihuahua.– ¿Qué son “los seremos”? Se trata de una ceremonia que en el Valle de Allende convoca a multitudes en las calles cada día 1 de noviembre. 

Al caer la noche del Día de Todos los Santos, cada año, los niños forman grupos. A uno se le comisiona para fingirse muerto en cada una de las casas que visitan, en un recorrido que puede durar desde las 6 de la tarde hasta bien entrada la noche.

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El “muerto” se tiende en la banqueta con su cabeza viendo a la puerta, los pies hacia la calle, con una sábana blanca encima, una cruz en el pecho, y este niño agarra con sus manitas una vela encendida. 

Sus compañeros se hincan ante él y, simulando un funeral, rezan. Después de los rezos, cantan: “Angelitos somos, del cielo bajamos, a pedir limosna, y si no nos dan, puertas y ventanas nos la pagarán”. Así dice el coro.

Enseguida, gritan y hacen sonar las campanillas, el cencerro, o bien unos botes rellenos de piedrecitas: “Seremos, seremos, calabacitas queremos”, tras lo cual salen las gentes de las casas y los obsequian con golosinas. 

Los niños rezan por lo menos dos oraciones: el Padre Nuestro, el Ave María y, en ocasiones, el rezo de la Santa Cruz. La tradición manda que, terminadas las oraciones y el canto, el “muerto” se levanta para recibir los obsequios junto con los demás.

Se trata de un ritual único, singular, que se ha ejecutado de forma ininterrumpida durante toda la vida de los actuales habitantes adultos mayores de la cabecera municipal, así como durante toda la vida de sus respectivos abuelos, sus bisabuelos y tatarabuelos, hasta perderse muy atrás en la historia.

“Los seremos” es –sin contar a los rituales mortuorios de los indígenas autóctonos del estado, perdidos ya por completo como tradiciones vivas– la única tradición vigente dedicada a los difuntos, diferente al Día de Muertos que se conoce y practica en todo el país.

Personas mayores refieren que, en la década de los setenta, varios miembros de familias del Valle que habían emigrado a los Estados Unidos, trajeron la inquietud de celebrar el Halloween, e incluso trataron de introducirlo e hicieron recorridos el 31 de octubre, Día de Brujas, para pedir dulces con la consigna de “treat or trick”, pero lo único que lograron fue que las familias más conservadoras reaccionaran en contra de la costumbre extranjera, a la que consideraron como un peligro cultural. De entonces para acá, lo que hay es un florecimiento, un resurgimiento de “los seremos”, que se consolidaron con una definitiva embestida de la antigua tradición mediante una poderosa reacción que le dio muerte al malogrado Halloween.

El autor de este reportaje realizó una investigación sobre esta costumbre, y en una de las primeras etapas entrevistó al cronista municipal para orientar las búsquedas, y se revisó el Archivo Histórico, en el que se esperaba obtener por lo menos un documento que fuera soporte para el origen de “los seremos”. 

Finalmente, se corroboró que no hay en estos archivos ninguna referencia documental –téngase en cuenta que aquí han sufrido calamidades, como varios incendios, entre otras, a lo largo de los siglos– que se refiera al uso de estas costumbres. 

Por lo tanto, el origen tuvo que ser buscado en las fuentes locales de la tradición oral y en estudios comparativos –éstos sí documentales– de tradiciones similares en las regiones de procedencia de los conquistadores españoles que introdujeron éste y otros métodos de evangelización acá, de este lado del Atlántico.

El profesor Martín Mendoza Ríos, vallero que tiene una licenciatura en Trabajo Social y maestría en Diseño de Proyectos de Desarrollo Social, resultó ser un ávido estudioso también de “los seremos”, y ha realizado investigaciones por su parte, no en el aspecto histórico descriptivo, sino en el probable origen de la palabra. Mendoza Ríos sostiene que la expresión original debió ser “eremos”, “los eremos”, y que en el uso popular derivó en “los seremos”, nominativo que suena casi idéntico.

¿De dónde proviene esta expresión? Sigue Mendoza Ríos: originalmente, del griego eµrhmov (éremos), solitario, solo, inhabitado. Un uso histórico de la palabra “eremos” se registra en el español con su derivación “ermitaño”, persona que vive solitaria en una ermita y la cuida. 

Y en este punto se dio la complementación clave de información diversa.

Fue donde estas disquisiciones del profesor confluyeron con mis investigaciones previas: había encontrado ya –desde el año de 2007– que el rito de mocería, documentado ampliamente en un estudio que realizaron estudiantes de la Universidad de Navarra en los valles navarros de Yerri y Guesalaz, ha estado vigente desde la Edad Media y hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX, al menos en los pueblos con más habitantes. En este punto es donde se emparentan estas costumbres de las regiones vascongadas de España con “los seremos” del Valle de Allende, Chihuahua.

 

La profesora Felicitas Muñiz Muñoz

‘Lichita’, le nombran, fue una de las protagonistas más visibles en el rescate de la tradición, junto con la secundaria Jaime Torres Bodet, plantel que realiza un concurso anual de interpretación por equipos de “los seremos”. Aquí se califica, en primer lugar, que los equipos tengan materiales originales, y se premia a la mejor interpretación. Así describen ellos el ritual, ya estandarizado:

Al caer la noche del día primero de noviembre, los niños forman grupos. A uno se le comisiona para fingirse muerto frente a las casas que visitan en el recorrido que puede durar hasta bien entrada la noche. El “muerto” se tiende en la banqueta con su cabeza viendo a la puerta, con una sábana blanca encima, una cruz en el pecho, y agarra con sus manos una vela encendida. Sus compañeros se hincan ante él y, simulando un funeral, rezan un padrenuestro y un ave maría, y se persignan con: “Por la señal de la santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos señor, no nos dejes caer en tentación y líbranos de todo mal. Amén”. Después de los rezos, cantan: “Angelitos somos, del cielo bajamos, a pedir limosna, y si no nos dan, puertas y ventanas nos la pagarán”. En seguida, gritan y hacen sonar las campanillas, el cencerro, o bien unos botes rellenos de piedrecitas: “Seremos, seremos, calabacitas queremos”, tras lo cual las gentes de las casas los obsequian con golosinas.

La propia profesora Felicitas se ha dado a la tarea de entrevistar a gente mayor en relación con cómo vivieron “los seremos” en su infancia. “Recabé testimonios de mis amigos, de algunos que ya no están en el Valle y que viven en Guadalajara, en El Paso, en Hermosillo, en Chihuahua, etcétera, y me encontré con que cada quien vivió ‘los seremos’ de manera muy diferente”. Pero invariablemente, la fuente y motor de la tradición es la transmisión que se da de los padres hacia sus hijos a través de los hijos mayores. 

Y aquí, como documentos de primera mano de la tradición oral, se presentan las siguientes entrevistas realizadas a personas de avanzada edad, con testimonios de que a ellas, sus padres y sus abuelos les inculcaron esta costumbre que, a su vez, les debió ser inculcada por sus respectivos antecesores, y así hasta los siglos anteriores.

Señorita Ángela Arellanes Torres

Fue secretaria durante 47 años en la secundaria Jaime Torres Bodet. A ella, sus padres, José Dolores Arellanes Olivas y Luz Torres le inculcaron la participación en “los seremos” desde muy chica. “A mí, mis tías me llevaban al recorrido de cada 1 de noviembre, pero mi papá, lo recuerdo bien, tenía unas chimeneas enormes, donde se tatemaba bastante calabaza con dulce, y eso nos regalaban en ‘los seremos’, porque era lo que le daban a uno: dulce de calabaza”, dice doña Ángela. 

El padre de la señorita Arellanes falleció a los 74 años de edad, hace ya 67 años, porque nació en 1881. En la infancia de don José Dolores, “los seremos” era ya una tradición antigua de vieja raigambre en el Valle de Allende.

Profesora Inés Ponce

Es una entusiasta promotora de “los seremos” y de todas las tradiciones de su pueblo. A Inés, su padre, don Manuel Ponce, le inculcó la participación en “los seremos”, y a él a su vez se lo inculcaron sus padres. El señor Ponce era de 1902 y falleció a los 98 años.

Contaba que a él, a sus hermanitos y amigos la gente les daba tejocotes y naranjas, pero no naranjas de Montemorelos, sino de las de aquí del Valle. Él ya les hablaba de que para el recorrido, en su infancia, llevaban una red (que es la bolsa tradicional para hacer mandados), la campanita, el costal de raspa, la vela, una cruz y el cencerro en lugar de campanita.

José Isabel Arrieta Mendoza

Doña ‘Chabelita’ consintió en cantar el tema de “los seremos” para ser grabado en esta investigación. Ella tenía 77 años de edad en el año en que la entrevisté, en 2011, y contó que sus padres, y los padres de sus padres, ya representaban “los seremos”.

Socorro Montes Gallardo

También cantó el tema para la grabadora, y de hecho lo hizo a coro con doña ‘Chabelita’ Arrieta y doña María del Refugio González Gutiérrez, al ser abordadas para entrevistarlas mientras estaban sentadas en Los Portales. Lo hicieron muy afinadas y con un tono ligeramente diferente a como lo interpretan los niños de hoy en día. Ella recuerda que salió a “los seremos” desde que tenía 7 años.

María del Refugio González Gutiérrez

Ella entró en contacto con “los seremos” a la edad de 9 años. “Nos juntábamos en el barrio, y recuerdo que nos daban calabaza con dulce, a veces nos la daban hasta en la mano, de donde se nos iba chorreando, porque no siempre cargábamos una ollita, o porque se nos llenaba el recipiente que llevábamos”.

Graciela Herrera Morales

Nacida en 1933, doña Graciela tenía 78 años de edad en 2011, y comenzó a participar en “los seremos” desde que tenía 5 ó 6 años. “Mi papá ponía un gran cazo con leña en el patio, exclusivamente para cocinar la calabaza en dulce que repartía a todos los que pasaban por la casa el 1 de noviembre, era calabaza en casco”.

A saber…

Es un ritual vigente dedicado a los difuntos, diferente al Día de Muertos que se conoce y practica en todo el país

La expresión original debió ser “los eremos”, que en el uso popular derivó en el nominativo que suena casi idéntico

Expresión que proviene del griego: eµrhmov (éremos), solitario, solo, inhabitado

Se ha ejecutado de forma ininterrumpida durante toda la vida de los actuales habitantes adultos mayores de la cabecera municipal

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