Escaparate

¿Puede una vacuna vieja detener el nuevo coronavirus?

Aquella contra la tuberculosis fue inventada hace un siglo, es barata, segura, y parece reforzar el sistema inmunológico

Associated Press

The New York Times

domingo, 05 abril 2020 | 18:20

Estados Unidos— Una vacuna que se desarrolló hace cien años, para combatir el flagelo de la tuberculosis en Europa, ahora está siendo probada contra el coronavirus por científicos ansiosos en encontrar una manera rápida de proteger a los trabajadores de la salud, entre otros.

La vacuna Bacillus de Calmette y Guerin (más conocida como BCG) todavía se usa ampliamente en el mundo en desarrollo, donde los científicos han descubierto que hace más que prevenir la tuberculosis. La vacuna previene las muertes infantiles por una variedad de causas y reduce drásticamente la incidencia de infecciones respiratorias.

Los expertos dicen que la vacuna parece entrenar al sistema inmunitario para que reconozca y responda a una variedad de infecciones, incluidos virus, bacterias y parásitos. Todavía hay poca evidencia de que la vacuna mitigue la infección por coronavirus, pero una serie de ensayos clínicos pueden responder la pregunta en solo unos meses.

La vacuna tiene una historia inusual. Se inspiró en el siglo XIX por la observación de que las vacas lecheras no desarrollaban tuberculosis. La vacuna lleva el nombre de sus inventores, el doctor Albert Calmette y el doctor Camille Guerin, quienes la desarrollaron a principios del siglo XX a partir de la Mycobacterium bovis, una forma de tuberculosis que infecta al ganado.

La vacuna se usó por primera vez en humanos en 1921 y fue ampliamente adoptada después de la Segunda Guerra Mundial. Ahora esa misma vacuna se usa principalmente en los países subdesarrollados o en países donde la tuberculosis aún es prevalente, donde se administra a más de 100 millones de bebés al año.

Al igual que otras vacunas, BCG tiene un objetivo específico: la tuberculosis. Pero la evidencia acumulada durante la última década sugiere que la vacuna también tiene los llamados efectos fuera del objetivo, reduciendo enfermedades virales, infecciones respiratorias y sepsis, y parece reforzar el sistema inmunológico del cuerpo.

La idea es una rama de la "hipótesis de la higiene", que sugiere que el énfasis moderno en la limpieza ha privado a los niños de la exposición a los gérmenes. La falta de entrenamiento ha resultado en sistemas inmunes debilitados, menos capaces de resistir enfermedades.

Una pregunta es qué efecto puede tener la vacuna en pacientes cuyos sistemas inmunes reaccionan de forma exagerada al coronavirus, lo que da como resultado las llamadas tormentas de citoquinas.

Un análisis reciente de la cantidad dispareja de casos que el nuevo coronavirus ha cobrado en los países de ingresos medios y altos, encontró una correlación con políticas vigentes de vacunación, concluyendo que los países que no implementaron o habían abandonado el programa universal de vacunas BCG han tenido más infecciones por coronavirus per cápita y mayores tasas de mortalidad. (Los países de bajos ingresos fueron excluidos del análisis debido a los datos poco confiables de los informes Covid-19 y los sistemas médicos en general deficientes).

"Se puede hacer una nueva vacuna, pero faltan dos años y dos años serán dos años demasiado tarde", dijo la doctora Denise Faustman, directora de inmunología del Hospital General de Massachusetts. "Si tenemos a mano algo genérico a nivel mundial que podemos usar para fortalecer al huésped humano, esto es un beneficio mutuo para el público de inmediato".