Cultura

Una despedida luminosa para Mario Lavista

El compositor de música académica mexicano entró al Palacio de Bellas Artes arropado por una melodía de cuatro campanas tubulares

Francisco Morales V.
Agencia Reforma

jueves, 04 noviembre 2021 | 23:00

Héctor García | Familiares, amigos y discípulos se congregaron en el vestíbulo de Bellas Artes para despedir a Mario Lavista

Ciudad de México— Mario Lavista entró al Palacio de Bellas Artes arropado por una melodía de cuatro campanas tubulares, como si se tratara de un llamado a misa en una capilla apenas suficiente para el tamaño de su obra musical.

Solemnes, los integrantes del ensamble de percusiones Tambuco, con los golpes acompasados de sus martillos, acompañaron la tarde de este jueves la marcha de los deudos que ingresaron con el féretro hacia el vestíbulo, dominado por un retrato de Lavista tal y como se le recuerda siempre: guapo, elegante y sonriente. 

Ya lo diría su hija, la coreógrafa Claudia Lavista, en un discurso que, a ratos, logró romper con ternura y humor la solemnidad de la partida del compositor mexicano: "Decíamos por ahí mi querida Lucina Jiménez (directora del INBA) y yo, hace poco tiempo, que si en algo había consenso en este país es que mi papá era el más guapo de todos".

Las risas afirmativas de sus familiares, amigos, colaboradores y alumnos entrañaban una paradoja que, en Lavista, no resultaba extraña: su obra musical y su persona pública, que pertenecen al ámbito del oído, suelen ser celebrados con cualidades que atañen, más bien, a la vista.

"Hace pocas semanas estaba yo platicando con él en su cuarto, estaba enfermo, y yo le decía: 'Papá, es que eres tan luminoso'", contó también la coreógrafa.

"Me refiero a la luz que le has dado a tus alumnos, a la luz sonora que eres tú en la música que compones, a la luz que eres tú como amigo, como generoso papá, como familia, a eso que tú emanas cuando caminas en la calle, cuando entras a cualquier lugar todo mundo voltea y te ve", le dijo entonces.

Ante esta idea de su hija, el Palacio de Bellas Artes ciertamente se iluminó con la revelación de que, sin ponerse de acuerdo, los oradores e intérpretes en el homenaje de cuerpo presente también destacaban esta cualidad del músico.

La compositora Gabriela Ortiz, una de sus alumnas más aventajadas y continuadoras de su labor pedagógica, recordaba también una anécdota sobre la luz musical de Lavista, como en su célebre Reflejos de la noche.

"Todavía recuerdo con absoluta fascinación su explicación de cómo la luz, ese instante efímero que nunca se repite de igual manera y que es casi imposible de capturar, logra esa sutil e íntima forma de percepción en el arte musical", rememoró.

"Me di cuenta que en esa obra lograba justo eso: hacer que la luz y los reflejos del sonido mismo, su mística, su climatología, su misterio, develaran el cantar de una noche profunda".

El flautista Alejandro Escuer, amigo y colaborador de Lavista, recordó que el compositor partió justo al alba, cuando la luz comienza a despuntar.

"Ya eres invisible, Mario, y, sin embargo, en este cuadernos de viaje, tu viaje, eres tan tangible como tu canto del alba, metáfora de luz para flauta sola que transformó mi vida en una vocación", dijo Escuer.

Lavista, cuya erudición no sólo se limitaba a lo musical, le contó al músico una vez que, de acuerdo a una leyenda japonesa, el sonido de la flauta era el único capaz de ser escuchado por quienes ya no se encuentran entre los vivos.

Con esto en mente, surgieron las notas de Lamento para flauta baja, de Lavista, y una composición nueva de su discípulo, sencillamente titulada A Mario.

Las guardias de honor, encabezadas por su madre, María Luisa Camacho, su hija Claudia y su nieta, Elisa, estuvieron acompañadas por piezas de algunos de los compositores preferidos del homenajeado, como Mozart, De Machaut y Debussy, interpretados por el Ensamble Cepromusic.

Sus grandes amigos, como el cineasta Nicolás Echevarría, con quien colaboró en numerosas cintas, y el pintor Arnaldo Coen, se unieron a otras personalidades de la cultura, como la coreógrafa Gladiola Orozco, el arquitecto Felipe Leal y el coreógrafo Marco Antonio Silva, en un adiós sentido, arropados por la música.

"Huelga decir, por supuesto, que nadie te podrá sustituir en nuestra mesa de póker", lamentó el director de ópera y gestor cultural Sergio Vela, a nombre de los amigos.

"Mario Lavista ha entregado ya su moneda a Caronte, ha cruzado la laguna Estigia y ya llega, órfico, a los Campos Elíseos. En el cielo, hay una gran celebración musical de bienvenida; en la tierra, Mario descansa en paz y brilla para él la luz perpetua", abundó.

La luz encendida estaba ahí, también, en los muchos estudiantes que acudieron a Bellas Artes a despedir a su maestro, quien, de acuerdo con Claudia Lavista, no veía la hora para dejar el hospital y regresar a sus clases.

"Gracias por otorgarme ese gran privilegio de estar cerca de ti, Mario, de ser deudora de una formación que comienza con Carlos Chávez y hoy, que soy profesora de la Facultad de Música de la UNAM, siento la responsabilidad de continuar", dijo Ortiz sobre ese pase de antorcha que ocurre entre profesores y discípulos.

A la salida del recinto, la carroza de Mario Lavista fue despedida con aplausos. De acuerdo con su hija, este viernes será incinerado y sus cenizas, como él hubiera querido, permanecerán un tiempo sobre su piano.

A decir suyo, el compositor no dejó una determinación fija de qué ocurrirá con su archivo, su voluminosa biblioteca y con las composiciones que no se han grabado aún, pero la voluntad de su familia y amigos es clara.

"Que la música de mi padre se toque y que se escuche, y que su legado permanezca y se proteja, y me toca a mí formar parte de ese equipo", declaró.

El legado de Lavista, el compositor de la luz, no se apaga con su partida. 

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