Las casas de Peniche, el escándalo

Lo denunciado por Fermín Ordóñez logró posponer el abordaje de la reyerta morenista, que es de verdadero escándalo

Luis Javier Valero Flores
Analista
domingo, 25 agosto 2019 | 06:00

La trascendencia de lo denunciado por el dirigente del PRI municipal de la capital, Fermín Ordóñez, logró –por ahora– posponer el abordaje de la reyerta morenista, que es de verdadero escándalo, tanto, que en apenas unas cuantas semanas han logrado acreditar que su arribo a la clase política mexicana está plenamente justificado.

No le piden nada a quienes la integraron durante largas décadas, han llegado por propios méritos. Y, claro, al referirnos a la clase política, como sucede en todos los casos, abarcamos sólo a las “costras” dirigentes, no a las bases militantes.

Y es que dos hechos ocurridos en la semana, que dan cuenta de los enormes ingresos económicos de la clase política, develan con toda crudeza la voracidad de quienes han llegado a la función pública para cambiar dramáticamente –en favor– su vida y acceder a muy elevados estándares de vida.

Por un lado, el dirigente priista Fermín Ordóñez denunció que el fiscal César Augusto Peniche había adquirido una propiedad en la que construye una residencia, ambas con un valor de 20 millones de pesos. 

Por otra parte, y casi simultáneamente, se daba a conocer que el director de la Coesvi en el gobierno de César Duarte, Ricardo Yáñez, había accedido a pagar 246 millones de pesos, como reparación del daño que aceptó haberle causado al erario del Estado de Chihuahua.

Obtuvo una negociación de lujo, pagará en abonos esa cantidad a cambio de su libertad. ¿A cuánto ascenderá su fortuna que tiene capacidad para pagar esa cantidad a lo largo de dos años? Debe superar los –por lo menos– 500 millones de pesos.

Este dato ilustra la calidad de quienes integraron en su tiempo la élite del grupo dirigido por la “maestra” Elba Esther Gordillo. No son pocos los enriquecidos a partir del disfrute del ejercicio del poder político. Les genera la capacidad para pagar esas cantidades y más.

Quizá ni siquiera es necesario que, como mucha gente lo supone, le “metan la mano a la caja”. No, basta con usar sus influencias políticas para obtener inmensas prebendas, lo que no descarta, por supuesto, que algunos sí lo hagan.

Sirva como ejemplo la compra de un estacionamiento en Juárez, realizada por Peniche en abril del 2016, predio que era administrado por la Operadora Municipal de Estacionamientos (OMEJ), y que adquirió en dos millones 987 mil pesos.

Se encuentra ubicado en la zona más céntrica de Juárez, razón por la que era uno de los de más redituables para el organismo municipal y que obliga a investigar acerca de las razones que llevaron a la administración juarense, presidida por el presidente suplente, Javier González Mocken, a vender negocio tan rentable a quien muy pocos meses atrás había ocupado la delegación de la PGR en Juárez.

¿Cómo fue que Peniche logró la adquisición de ese predio?

Le fue muy bien. Si el estacionamiento tuviese una ocupación aceptable, el ahora fiscal recuperaría el total de su inversión a fines de este año. Eso es saber hacer negocios. Y de manera lícita.

Sólo así se puede explicar de qué manera un funcionario público, con una carrera realizada casi exclusivamente en las dependencias policiacas y con ingresos salariales no superiores al millón y medio de pesos anuales pudiera acopiar en poco más de 10 años una fortuna de más de 30 millones de pesos.

No bastan sus explicaciones. 

La denuncia de Ordóñez tasa el valor de la propiedad en 20 millones. Supongamos que se equivoca, pero el terreno es de 500 metros cuadrados y en ese fraccionamiento el metro cuadrado ronda los 9-10 mil pesos, lo que lleva a concluir que vale alrededor de 4 millones 500 mil pesos.

A ello deberá sumársele la superficie de construcción, de 450 metros cuadrados. En la capital del estado, y dependiendo de la calidad de los acabados, el metro de construcción ronda entre los 10 y 13 mil pesos. Casi 6 millones de pesos por este rubro, en total, alrededor de 10 millones 350 mil pesos, con ingresos declarados de poco más de 100 mil pesos mensuales.

Y eso que el cálculo está en los límites inferiores, aún falta el equipamiento de una propiedad de tales características.

¿Po’s cómo?

Enervan aun más las explicaciones, Peniche informó que el estacionamiento lo compró con “el fondo de seguro de separación que recibió al retirarse de la PGR y que así lo informó en su declaración patrimonial”.

La denuncia pública presentada por Ordóñez retrata de cuerpo entero a la clase política pues reveló que el fiscal general del Estado, César Augusto Peniche, construye “una casa de 20 millones de pesos” en uno de los fraccionamientos de lujo de la capital del estado.

A partir de este hecho se generó una buena cantidad de información que reveló que Peniche posee propiedades por un monto aproximado a los 30 millones de pesos, las que se ubican en tres ciudades, la de México, Juárez y Chihuahua, todas ellas obtenidas a partir de sus ingresos como servidor público, calidad que posee, con certeza –de acuerdo con la información proporcionada por él y otras instancias gubernamentales– desde el año 2008, en el que fue director adjunto de Desarrollo Humano de PGR y titular de la Unidad Especializada en Operaciones con Recursos de Procedencia Ilícita y Falsificación o Alteración de Moneda de la SEIDO entre 2008 y 2009 que, como podemos inferir, se le otorga a un funcionario con la suficiente experiencia en el desempeño de cargos semejantes, además de los muy necesarios conocimientos para ejercer esa función pública, para lo cual requería haberse desempeñado en áreas afines.

No hay más información disponible de antes de esos años. De ese modo, es previsible sostener que su carrera burocrática haya iniciado algunos años antes del 2008. Ahí se le deberá ubicar, por tanto, a lo largo de los últimos –quizá– 15 años, lapso en el que sus ingresos debieron rondar en alrededor de un millón 400 mil pesos anuales. 

Hoy posee propiedades por un monto aproximado de 30 millones de pesos el funcionario que se desempeñó como director general Adjunto de Seguimiento para la Creación de Coordinación Nacional de Medidas Cautelares de la Comisión Nacional de Seguridad, hasta septiembre del 2016; delegado estatal de la PGR en Chihuahua entre noviembre del 2010 y agosto del 2015 y coordinador del Operativo de seguridad 'Nuevo Michoacán' de PGR entre 2014 y 2015, y a partir de octubre del 2016, fiscal de Chihuahua.

Hoy está envuelto en el escándalo, que amenaza con convertirse en el peor del gobierno del amanecer que apenas días atrás soltaba los globos de los festejos por el anuncio del Plan de Inversión 2019-2021.

Les duró poco el gusto.

Las justificaciones y explicaciones ofrecidas por Peniche lo hunden más. 

Arguye que construye utilizando un crédito bancario, contratado a 20 años. Es posible que así sea, el fondo de lo denunciado por el priista Ordóñez es la revelación  de que quienes llegan al poder se enriquecen. 

Basta con llegar. Eso les cambia la vida.

Pero las casas de Peniche, al igual que le ocurrió a Peña Nieto con la adquisición de la “Casa Blanca” se convertirán en la peor descalificación del Gobierno de Javier Corral, le llegan en el peor de los momentos, justamente cuando las cifras delictivas van a la alza, cuando la entidad se coloca, nuevamente, en la punta de lanza de los feminicidios.

Por si faltara algo, ahora al fiscal del “nuevo amanecer” le cubre un manto de “sospechosismo”, que no podrá combatir con el pueril argumento de que las revelaciones obedecen a que ha sido señalado “como un posible aspirante a la alcaldía de Ciudad Juárez”.

Ajá…

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